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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

OCTUBRE 2015 N° 8 Volumen 18

Mi primer trabajo

Sección: Relatos

Cómo citar este artículo

Martínez Reche I. Mi primer trabajo. Metas Enferm oct 2015; 18(8): 77-78

Autores

Inmaculada Martínez Reche

Enfermera. Hospital Rafael Méndez. Lorca (Murcia).

Contacto:

C/ Tahalica, 39. 18850 Cullar (Granada).

Title:

My first job

Muchas veces hablamos de lo mal que lo pasan los estudiantes de Enfermería al realizar sus prácticas yendo de hospital en hospital y con cambios de servicio cada poco tiempo. Pero el problema no es solo ese. El problema es que cuando acabas la carrera y te incorporas al mundo laboral te das cuenta que la cosa no cambia y que, aparte de la ilusión por tu primer trabajo como enfermera, ves que la cosa continúa igual y que lo sigues pasando mal. Yo, como enfermera y tras 10 años trabajados, todavía sigo dando tumbos en distintas ciudades, hospitales y servicios, y os puedo decir que se hace duro y que no me acostumbro.

Todavía recuerdo mi primer trabajo, esa llamada de teléfono tan esperada por fin llegaba, daba igual dónde tenía que ir o la duración, lo importante es que iba a trabajar de enfermera. Me ofrecieron un mes de trabajo a casi 350 km de mi casa y para empezar al día siguiente, pero yo pegaba saltos de alegría, casi sin tiempo para hacer la maleta, cogí el autobús hacia el hospital para firmar el contrato y allí me presente, sola con mi maleta y sin saber por dónde empezar, sin piso y sin conocer la ciudad, ni a nadie que me pudiera ayudar, con la presión de que al día siguiente comenzaba a trabajar.

Me recorrí el hospital en busca de folletos y números de teléfono para buscar piso, empecé a llamar a unos y otros hasta que encontré por fin una habitación para dormir. En ese momento era la mujer más feliz del mundo, parecía que se habían solucionado mis problemas.

Al siguiente día empezaba de tardes. Yo creo que desde el día anterior no pude echarme nada a la boca por lo nerviosa que estaba. Allí me presenté, en una planta de 40 pacientes y con una compañera enfermera que casi ni me miró a la cara y que a lo único que se dignó a decirme fue que yo era enfermera igual que ella y que tenía que saber lo mismo que ella, que me explicaría las cosas una vez, así que prestara atención. Me quedé blanca y sin habla, con la ilusión con la que abrí esa puerta y las ganas que tenía de empezar y me tropezaba con esta persona que iba a ponerme las cosas tan difíciles.

Pasé una semana entera trabajando de tardes con ella. Me iba llorando todos los días a casa y pensaba, ¿esto es lo que yo quiero de verdad? ¿Para trabajar tengo que aguantar que me pisoteen? Lo pasé realmente mal, incluso una compañera auxiliar me decía que rescindiera el contrato y me fuera a casa.

La semana siguiente comenzaba de noches fijas, no había más enfermeros, solo yo, y mi compañera me decía que no estaba preparada para quedarme sola, que lo iba hacer mal, que me iba a equivocar y que iba a ser muy duro.

La mañana antes de empezar a trabajar de noches pensé en todo lo que me habían dicho, cosas que hicieron cuestionarme como profesional y como persona. Por un momento se me ocurrió abandonar y tirar la toalla, pero luego fríamente y dejando a un lado los miedos, pensé: ¿los años de mi carrera no valen para nada?, ¿las horas de estudio y tiempo dedicado para ejercer mi profesión no valen nada?, ¿el esfuerzo económico de mis padres para poder hacer mi carrera no valen de nada?, ¿he hecho tantos kilómetros para nada?, ¿aquí se acaba todo porque he encontrado a una persona que no conozco de nada, ni me conoce y me cuestiona y a lo mejor no la vuelvo a ver en mi vida?

Me armé de valentía, cogí mi uniforme y me fui a trabajar. Me dieron mi relevo y allí me quedé sola, organizando mi trabajo, con mi pequeña libreta de anotaciones donde tenía todo apuntado, incluso los números de teléfono que me pudieran hacer falta, y la ayuda de mi compañera auxiliar de Enfermería que era muy buena persona y me ayudó mucho. Esa fue mi primera noche de tantas, y fue superada.

Al poco tiempo me cambiaron y ahora iba a coincidir con otras enfermeras. Fue lo mejor que me podía pasar, gente muy “apañada” y agradable, que me ayudaban ante mis dudas sin ponerme mala cara, con la que daba igual la cantidad de trabajo que hubiera, siempre nos estábamos riendo, por cualquier cosa, hasta cuando íbamos agobiadas de trabajo, a unos les daba por suspirar y a nosotras por reír. Me ampliaron el contrato y estuve al final un año. Lo recuerdo con nostalgia, lo bien que lo pasé y todo lo que aprendí. Parece que fue ayer y han pasado ya 10 años.

Tras esa experiencia he tenido muchas más. Cuando cambias de trabajo sigues manteniendo un estado de nervios por miedo a lo desconocido, por los compañeros, por el trato, por si lo harás bien, etc. Esas sensaciones siguen estando ahí, da igual el tiempo trabajado y el servicio, cada vez que cambias de lugar de trabajo es un mundo nuevo al que hay que adaptarse y superarse así mismo. Como una vez me dijeron: una enfermera nunca lo sabe todo, allá donde vaya seguirá aprendiendo y actualizando sus conocimientos. Y así debe de ser.