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Metas de Enfermería

Metas de Enfermería

NOVIEMBRE 2016 N° 9 Volumen 19

La mutilación genital femenina como problema de salud pública

Sección: Editorial

Autores

Cristina Francisco del Rey

Profesora titular. Universidad de Alcalá (Madrid).

La mutilación genital femenina (MGF) representa un atentado contra los Derechos Humanos y un problema de salud para las víctimas, con repercusiones muy negativas a lo largo de toda su vida. Es, por tanto, un fenómeno de interés general y especialmente para los profesionales de la salud y la educación, así como para los servicios sociales.

Dentro del ámbito de la salud tiene un significado especial para los profesionales enfermeros, pues su cercanía con la población facilita la relación para abordar este problema. Mujeres vinculadas de alguna manera con la MGF han manifestado que es precisamente con las enfermeras con quienes les resulta más fácil hablar de este tema, por lo que están en una posición muy sensible para detectar situaciones de riego y evitar que se produzca la mutilación en una niña.

La importancia del problema no está ni en la prevalencia ni en la incidencia; está en la crueldad que entraña su realización y en las consecuencias que a nivel físico, psicológico, social, sexual, etc., tiene para la mujer que ha sido mutilada.

Aunque la MGF es una práctica que tiene sus orígenes en aspectos ancestrales, practicándose principalmente en países del África subsahariana y en algunas comunidades de Asia y Oriente Medio, también se han detectado casos en niñas que viven en España. La MGF afecta en el mundo a unos 140 millones de mujeres, en Europa a más de 500.000. Alrededor de 180.000 están en riesgo de sufrirla y en España hay autores que calculan que, en la actualidad, corren riesgo 17.000 niñas.

Están identificados los factores de riesgo, entre los que destacan el hecho de pertenecer a una familia de procedencia de un país o etnia en que se practica, la presencia en la familia de mujeres que han sido mutiladas y el tener en perspectiva la realización de un viaje al país de origen, representando este último un riesgo inminente. Ante esto, las enfermeras/os tienen la obligación de actuar con todos los instrumentos a su alcance para evitarlo, a través de intervenciones en red y, llegado el momento, con la firma del compromiso preventivo por parte de la madre, del padre o de los tutores, e incluso, en último término, con la notificación al Juzgado o Fiscalía de Menores, por tratarse dentro de nuestro ordenamiento de un delito de lesiones tipificado en el Código Penal.

A pesar de figurar entre las competencias a adquirir con la formación enfermera lo relacionado con la salud con perspectiva de género, no está generalizado el tratamiento de la MGF entre los contenidos curriculares. Sin embargo, cada vez es más habitual contar con protocolos de actuación en el ámbito de la salud como respuesta a las inquietudes que vienen manifestando los organismos internacionales. En nuestro medio, el marco de referencia para el abordaje integral es el Protocolo Común de Actuación Sanitaria ante la MGF, aprobado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en el año 2015. Diferentes comunidades autónomas cuentan con sus propios protocolos de actuación.

La importancia de este fenómeno requiere del compromiso y la responsabilidad de las enfermeras en su prevención y, por tanto, en el estudio del tema, así como conocer las argumentaciones que esgrimen sus seguidores, todas ellas con un alto contenido de violencia contra la mujer. Inicialmente se justificaba como rito de paso de la niñez a la adolescencia, sin embargo, cada vez más se practica a edades más tempranas con el fin de evitar las resistencias por parte de la niña.

Es un tema en el que hay mucho por hacer, fundamentalmente de sensibilización y formación de los/las profesionales para prevenir la MGF en niñas a través de la detección y valoración del riesgo, así como mitigar los efectos en mujeres que ya han sido víctimas, y todo ello con una perspectiva integral, de coordinación institucional y con respeto a las diferentes sensibilidades, pero sin que nada de ello signifique el menor atisbo de tolerancia.