Enfermeras para enfrentar la pandemia COVID-19: más que nunca, profesionales imprescindibles

Sección: Editorial

Autores

Pilar Serrano Gallardo

Directora de Metas de Enfermería. Doctora por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Profesora. Departamento de Enfermería (UAM). IDIPHISA. INAECU.

Contacto:

Email: pilar.serrano@uam.es

Es mi deseo iniciar este primer editorial del 2021 con un pequeño homenaje a las magníficas colegas enfermeras que a lo largo del 2020, declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) “Año internacional de la enfermera y la matrona”, han escrito los artículos editoriales de Metas de Enfermería, formando parte también de la iniciativa de apoyo a la campaña Nursing Now. Quiero compartir algunas pinceladas de sus excelentes contribuciones, pero animo a su lectura reposada (todos están en acceso abierto, tanto en español como en inglés (1)), sin duda iluminadora y que nos debe marcar una hoja de ruta para el futuro enfermero.

Adela Zabalegui, como representante de la Enfermería europea para la Campaña Nursing Now, comenzaba en el número de diciembre 2019-enero 2020 enfatizando que “la Enfermería tiene una posición central en todo el Sistema de Salud”, pero que “a pesar de que las enfermeras representan la mitad del personal sanitario en el ámbito mundial y proporcionan la mayor parte del cuidado profesional, a menudo están infravaloradas, viendo limitado su campo de actuación”. En febrero, le siguió Annette Kennedy, presidenta del Consejo Internacional de Enfermería, que nos decía “las enfermeras tienen que hablar de lo que hacen y enmendar la idea errónea de que los médicos son los únicos capaces de salvar vidas”. Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería de España, en el número de marzo, remarcaba que solo se conseguirá prestar la atención sanitaria que necesita nuestra sociedad si se aprovecha el potencial de “la única profesión experta en el cuidado: la Enfermería”. Una apuesta intersectorial dirigida a mejorar las condiciones para la formación y el ejercicio de la profesión enfermera en equipos interprofesionales era señalado por Lorena Chaparro-Díaz desde Colombia (representante del Capítulo Upsilon Nu de Sigma Theta Tau International, Honor Society of Nursing) en el número de abril. “La Enfermería es el pulmón de la Atención Primaria” nos decían Isabel Amélia Costa Mendes et al. (Grupo de Trabajo Nursing Now Brasil) en mayo, remarcando que la Enfermería es fundamental para el acceso universal a la atención sanitaria. En junio, Silvia Helena de Bortoli Cassiani et al. (asesora regional de Enfermería y técnicos de salud. Organización Panamericana de Salud) enfatizaban que las enfermeras “constituyen un grupo profesional valioso para superar las desigualdades en salud existentes” pero que “sin la inversión necesaria en la educación y mercado laboral será muy difícil que los países alcancen las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de la Salud Universal”.

“Durante este periodo, la población está teniendo la oportunidad de reconocer el papel de las enfermeras en diferentes contextos (…) los nuevos desafíos (la pandemia) abren nuevas oportunidades” reflejaba Elisabete Borges (Escuela Superior de Enfermería de Oporto, Portugal) en nuestro número de julio-agosto. Doris Grinspun (directora ejecutiva de la Asociación de Enfermeras Registradas de Ontario (RNAO)) nos decía en septiembre “¡qué no nos llamen “heroínas! Lo que esperamos es que las enfermeras estén representadas en todos los espacios de toma de decisiones (…) Nightingale nos exigiría expandir nuestra influencia al ámbito político y social”. En el mes de octubre, Lisa Bayliss-Pratt, directora del programa Nightingale Challenge, nos presentaba este desafío como una magnífica oportunidad para mejorar la contratación, retención y preparación del personal, así como el acceso a una comunidad para la creación de redes para compartir ideas y aprendizaje. Sevilay Senol Çelik, presidenta de la Asociación turca de profesionales de Enfermería, en el penúltimo editorial del 2020, nos hablaba de que los responsables de la toma de decisiones no pueden dejar a las enfermeras que luchan contra la COVID-19 solas, dañadas, cansadas, quemadas profesionalmente y sin esperanza.

Hemos cerrado el año 2020 con Bárbara Stilwell, directora ejecutiva de la Campaña Mundial Nursing Now, que nos dejaba profundas e importantísimas reflexiones: “no se escuchan las voces de las mujeres, y como la mayoría de los profesionales de Enfermería son mujeres, no se escucha la voz de la Enfermería”, “El mundo nunca volverá a ver de la misma manera a las enfermeras/os. Esta terrible pandemia nos ha mostrado a todos lo esencial que es el cuidado enfermero, ofreciendo, como siempre, sofisticadas habilidades clínicas, aplicadas con empatía y, lo que tal vez sea lo más importante de todo en este momento, consuelo en momentos de dolor físico y mental”.

En la pandemia COVID-19, el sistema de salud, en el que son un factor clave y esencial sus profesionales, ha cobrado un protagonismo excepcional, y probablemente más especialmente en países como el nuestro, donde creíamos que era “muy bueno”; pero se han encendido muchas alarmas que nos han advertido que “no estaba tan bien” como pensábamos, poniéndose de manifiesto profundas carencias y precariedades, entre otros factores por la debilitación de la estructura de salud pública y de la Atención Primaria de salud en las últimas décadas.

Pero un dato que merece ser destacado es la escasez de profesionales enfermeros, con una ratio muy por debajo de la media de la OCDE (5,9 por 1.000 habitantes frente a 8,8 (2); según la OMS hacen falta 5,9 millones de profesionales enfermeros en el mundo (3)). Esta precaria situación tiene, y va a seguir teniendo si no se pone solución, unas graves consecuencias dado que las enfermeras han demostrado ser profesionales esenciales tanto en los hospitales, especialmente en las unidades de cuidados intensivos, manejando los tan imprescindibles soportes ventilatorios. Sin embargo, no menos importante está siendo su labor en el contexto comunitario, siendo las enfermeras las encargadas de llevar a cabo la vacunación, de realizar las pruebas diagnósticas (PCR, test rápidos de antígenos,…), las que llevan a cabo los rastreos de contactos estrechos –especialmente entre convivientes–, las que realizan educación para la salud para llevar a cabo una correcta cuarenta y aislamiento, las que en todos los ámbitos y escenarios han dado soporte emocional ante el miedo, el pánico, el sufrimiento, la desesperanza y la muerte a pacientes y familiares. Estoy absolutamente segura que durante el 2020 si las enfermeras no hubieran actuado, muchas de las personas afectadas por la COVID-19 que han sobrevivido no lo habrían hecho, y que se hubieran infectado muchas más de las que se han infectado. Ahora bien, también creo que todos estos logros han sido poco visibles, y que ha faltado protagonismo y liderazgo para poner en valor y justo reconocimiento la contribución enfermera en la pandemia.

No podemos olvidar que, como desigualdad social en salud, la COVID-19 está desencadenada y agravada por otros determinantes sociales en salud, además del ya comentado sistema sanitario, que conducen a un aumento de la vulnerabilidad (4). Hemos visto como esta enfermedad está golpeando más a las personas más pobres, que viven en entornos más desfavorecidos, en condiciones de hacinamiento que impiden realizar aislamientos y cuarentas de manera adecuadas, a quienes tiene trabajos esenciales que requieren presencialidad y necesariamente han de desplazarse utilizando un transporte público donde en muchas ocasiones no se garantizan las medidas de seguridad; muchas de estas personas son inmigrantes, y también en una gran proporción mujeres (5).

Ante toda esta situación hemos presenciado sistemáticamente un ejercicio de culpabilización, discriminación y estigmatización, atribuyendo la mayor carga a conductas individuales, “no hacen bien las cosas”, sin reparar que para controlar y acabar con esta devastadora pandemia, además de disponer de un sistema público de salud, con cobertura universal, que contemple todas las etapas de la vida, y orientado a la promoción, la prevención, la curación, la rehabilitación y la reinserción, la solución pasa por abordar los determinantes sociales de la salud estructurales, es decir, desarrollar políticas intersectoriales basadas en la equidad y justicia social.

Pues bien, en todo este escenario de alta complejidad, las enfermeras tenemos y debemos actuar; por supuesto en brindar nuestros cuidados de excelencia a personas, familias y comunidad, pero también hay que abrir la mirada, extender roles, ampliar nuestro campo, y por ello reivindico enfermeras de salud pública y enfermeras epidemiólogas, campos en los que podemos ser expertas y líderes para enfrentar esta pandemia y sus profundas desigualdades sociales en salud.

Bibliografía

  1. Metas de Enfermería. Artículos en abierto. Disponible en: https://www.enfermeria21.com/revistas/metas/publico/
  2. OECD Health Statistics 2019. Nurses. [internet] [citado 4 ene 2021]. Disponible en: https://www.oecd-ilibrary.org//sites/4dd50c09-en/1/2/8/5/index.html?itemId=/content/publication/4dd50c09-en&mimeType=text/html&_csp_=82587932df7c06a6a3f9dab95304095d&itemIGO=oecd&itemContentType=book#
  3. Organización Mundial de la Salud (OMS). Situación de la enfermería en el mundo 2020: invertir en educación, empleo y liderazgo [State of the world’s nursing 2020: investing in education, jobs and leadership]. Ginebra: OMS; 2020.
  4. Serrano Gallardo P. COVID-19: la vulnerabilidad en el ojo del huracán. Enferm Clin. 2020. Doi: https://doi.org/10.1016/j.enfcli.2020.05.020
  5. Instituto de Salud Carlos III. Estudio ENE-COVID: cuarta ronda estudio nacional de sero-epidemiología de la infección por sars-cov-2 en España. 15 de diciembre de 2020 [internet]. [citado 4 enero 2020] Disponible en: https://portalcne.isciii.es/enecovid19/informes/informe_cuarta_ronda.pdf