ATIC: 30 años construyendo conocimiento enfermero y autonomía profesional

Sección: Editorial

Cómo citar este artículo

Juvé Udina ME. ATIC: 30 años construyendo conocimiento enfermero y autonomía profesional. Metas Enferm sep 2022; 25(7):3-6. Doi: https://doi.org/10.35667/MetasEnf.2022.25.1003081970

Autores

Maria Eulàlia Juvé Udina

Autora de ATIC. Doctora por la Universidad de Barcelona. Enfermera Ejecutiva Instituto Catalán de la Salud. Jefe de Grupo de Investigación en Enfermería del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (España).

Contacto:

Email: lalajuve.on@gmail.com

La frase de Sócrates (470 a.c.) “El secreto del cambio es centrar toda tu energía, no en combatir lo antiguo, sino en construir lo nuevo”, refleja el espíritu de estas tres décadas dedicadas a la construcción, validación, implantación y expansión de la Terminología y las herramientas de conocimiento enfermero ATICa. En este 2022 se cumple también el 15 aniversario de su primera implantación en la práctica asistencial y 10 años de la publicación del proceso y los resultados de su validación (1). La historia de este sistema de lenguaje, su uso y utilidad en la práctica enfermera en hospitales, centros sociosanitarios y Atención Primaria, así como toda la producción científica que ha permitido generar, han sido documentados y publicados a lo largo de estos años, por lo que voy a centrar esta oportunidad que me brinda Metas de Enfermería para compartir algunas consideraciones que también han formado parte de este recorrido.

Los dogmas son sistemas de pensamiento que incluyen creencias que se tiene por certezas absolutas, que no pueden o no deben cuestionarse. En el caso de la profesión enfermera en España, se extendieron algunos dogmas relativos a los modelos, las teorías, el proceso de prestación de cuidados y los sistemas de lenguaje, que se reflejaban por ejemplo en la frase “Las enfermeras debemos emplear un único sistema de lenguaje porque solo así podremos comunicarnos y compararnos” y que, aún en 2019, se recogió con el siguiente titular en La Vanguardia: “Expertos abogan por lenguajes de Enfermería estándar frente al de Cataluña” (2), un titular que representa de por sí un oxímoron, ya que ATIC es un lenguaje estandarizado. Con respeto a las opiniones de cada uno, durante tres décadas he cuestionado estos planteamientos dogmáticos, no solo desde una óptica filosófica, ética y teórica sino también práctica, desde los ojos de mis años de trabajo como enfermera asistencial. Naive o no, para mí era evidente, ya en 1992, que el mundo empezaba a virar hacia la digitalización, los sistemas de información y la inteligencia artificial, que las enfermeras teníamos una base de herramientas de conocimiento teóricas y metodológicas, como el modelo Data, Information, Knowledge and Wisdom (3,4) que, si jugábamos de forma adecuada nuestras cartas, podían permitirnos una posición colectiva aventajada en las décadas por venir. Leyendo el artículo de La Vanguardia en 2019, lamenté cómo de nuevo las enfermeras seguíamos perdiendo oportunidades porque, en mi opinión, los distintos lenguajes son una riqueza para todos. Como en otras ocasiones sugiero la lectura de La ciencia empieza en la palabra (5), que la Dra. Gutiérrez, de la Universidad de Salamanca, publicó en 1998 y recomiendo que los llamados expertos analicen el caso de la profesión médica, que emplea más de 100 sistemas de lenguaje. Quizás porque nuestros colegas médicos descubrieron ya hace mucho tiempo que para formarse y ejercer su profesión tienen que dominar y manejarse con más de 150.000 conceptos, y que ningún único sistema de lenguaje recoge la totalidad del conocimiento disciplinar.

La profesión enfermera sigue perdiendo oportunidades no solo por la brecha de género y los techos de cristal. Las enfermeras seguimos perdiendo oportunidades porque la forma en la que generamos nuestros propios mantras, articulamos nuestro discurso colectivo y el único lenguaje “oficial” que defienden algunos, limitan nuestra capacidad para conseguir situarnos en el mundo, en tiempo y forma. Una profesión que, a pesar de generar evidencia científica notable, se ancla mayoritariamente en dogmas y creencias del siglo pasado, autoimpone a sus miembros bajos techos que limitan el crecimiento, la creatividad, la innovación y el avance disciplinar, y que condena al ostracismo a aquellas enfermeras que plantean cuestionamientos o se resisten a aceptar aquello del ”tienes que hacerlo así porque aquí siempre se hecho así”.

El desfase de nuestra visión individual y colectiva del mundo no es un problema exclusivo de la profesión enfermera. El sesgo en la visión que las personas tenemos del mundo en el que vivimos queda claramente demostrado en los trabajos del epidemiólogo Hans Rosling y se pueden comprobar en la página web de Gapminder (6). En este sentido, como explica Harari en su libro Homo Deus (7), los datos son el petróleo del siglo XXI y el dataísmo, la ideología que impera en nuestros tiempos, cuyo corpus esencial son los datos y los flujos de información para crear y emplear algoritmos de inteligencia artificial en la transición de nuestra especie, de Homo Sapiens a Homo Deus.

Por otro lado, una de las críticas habituales y más furibundas a ATIC (o a su autora), a lo largo de esta última década ha sido que el uso de ATIC está sujeto a licencia. Se dice que es de mala educación hablar de dinero, excepto supongo cuando hay que hablar de dinero. Pues hablemos de ello. Entenderán que, en mi opinión, el conocimiento que aporta ATIC, el modelo de datos que hay detrás, los distintos instrumentos que han demostrado su utilidad, el esfuerzo, la inversión económica y el tiempo personal que ha supuesto, así como las renuncias profesionales y personales que he realizado durante estos 30 años, deben tener un valor monetario equivalente a la inversión hecha en los términos expresados. Aunque sobre todo es este techo al derecho de la mujer a que su trabajo sea recompensado de forma justa y equitativa lo que me preocupa y me reta, un techo que se refleja en la brecha salarial, pero de nuevo también autoimpuesto por dogmas de nuestra propia profesión; como si fuera incomprensible o impensable que una enfermera pueda ganarse la vida con su trabajo, o que debemos mantener una actitud sumisa y aceptar que el conocimiento y los servicios enfermeros no deben abordarse desde una perspectiva económica. Todo ello es un reto para mí y creo que debería serlo para todas. Tengo la fortuna de haber podido conocer y trabajar con muchísimas enfermeras a lo largo de mis 35 años en la Enfermería, pero el número de enfermeras empresarias o que hayan sido capaces de conseguir poder trabajar y mantenerse sin depender de un empleador, institución u organización pública o privada, el número de enfermeras que han sido capaces de, con su trabajo, crear puestos de trabajo para otras enfermeras u otros profesionales, puede contarse con los dedos de las manos. Discúlpenme por mi osadía, desde mi perspectiva no es una cuestión puramente económica, es una cuestión de igualdad de oportunidades y de justicia social, que no se contradice en absoluto con la vocación profesional, ni con el deseo y el objetivo de contribuir a situar a nuestra profesión en el lugar que le corresponde.

La arquitectura de ATIC se estructura actualmente en los más de 25.000 conceptos que configuran la terminología, un sistema de arquetipos, centenares de miles de relaciones que conforman sus ontologías, un modelo de indicadores para la gestión de cuidados, un sistema de clasificación de pacientes por niveles de intensidad de cuidados, basado en el peso del diagnóstico enfermero principal y otras herramientas en desarrollo. Celebro estos 30 años del nacimiento de ATIC y estos 15 años de su puesta de largo. Celebro sus éxitos y consecuciones, sus fracasos, bondades y debilidades, porque son parte de mi historia de vida y de profesión. Celebro que, a pesar de los desdenes, omisiones repetidas, críticas destructivas, rumores infundados y opiniones atrevidas, casi 11.000 días después de ese primer día, ATIC sigue adelante y celebro también que hoy, la pluma siga siendo más poderosa que la espada. A todos los que ya lo conocen, les invito a celebrarlo conmigo y a seguir profundizando en sus distintos aspectos. A los que no conocen ATIC, les invito a descubrirlo.

Hoy y siempre agradezco a Metas de Enfermería su labor, pluralidad y rigor, con la que contribuye a la difusión de conocimiento y a la generación de autonomía profesional, y espero que podamos celebrar juntos su 25 aniversario el próximo año. Un abrazo a todos/as.

Bibliografía

  1. Juvé Udina ME. ATIC. Aticcare [sede web]. [citado 2 jun 2022]. Disponible en: http://aticcare.peoplewalking.com/
  2. La Vanguardia. Expertos abogan por lenguajes de enfermería estándar frente al de Cataluña. lavanguardia.com [internet] 2019. [citado 2 jun 2022]. Disponible en: https://www.lavanguardia.com/vida/20191019/471056743079/expertos-abogan-por-lenguajes-de-enfermeria-estandar-frente-al-de-cataluna.html
  3. Nelson R, Joos I. On language in nursing: From data to wisdom. PLN Vision 1989 (Fall): 6.
  4. Graves J, Corcoran S. The study of nursing informatics. IMAGE: J Nurs Scholarship.1989; 21(4):227-31.
  5. Gutiérrez B. La ciencia empieza en la palabra. Análisis e historia del lenguaje científico. Barcelona: Ediciones Península; 1998.
  6. Gapminder. Herramientas gratuitas para una visión del mundo basada en hechos. [internet]. [citado 2 jun 2022]. Disponible en: https://www.gapminder.org/
  7. Harari YN. Homo Deus. Breve historia del mañana. Barcelona: Editorial Debate; 2016.