IV Jornadas Internacionales de Heridas Crónicas y Úlceras por Presión, el papel de la enfermeraLunes, 21 de septiembre de 2026 por Silvia López Criado Las heridas crónicas y las úlceras por presión constituyen un problema de salud que va mucho más allá de la lesión visible. Su impacto puede extenderse a la movilidad, la autonomía, las relaciones sociales, el bienestar emocional y, en definitiva, a la calidad de vida de quienes conviven con ellas. La enfermera desempeña un papel esencial tanto en la prevención como en la valoración, el tratamiento y el acompañamiento de estos pacientes. Sobre estos retos se debatirá en las IV Jornadas Internacionales de Heridas Crónicas y Úlceras por Presión, organizadas por el Col·legi Oficial d’Infermeres i Infermers d’Andorra, un encuentro que busca ampliar conocimientos y poner en valor la especialización enfermera en un ámbito en constante evolución. Charlamos con Elisabet Mateos Navarro, enfermera referente de herida compleja del Servicio Andorrano de Atención Sanitaria, sobre este encuentro y sobre el protagonismo de la profesión enfermera en el abordaje de heridas crónicas y úlceras por presión. Elisabet Mateos Unas jornadas para ampliar conocimientos y visibilizar las heridas crónicas Estas jornadas nacen con un doble propósito: mejorar la preparación de los profesionales y poner sobre la mesa la verdadera dimensión de las heridas complejas. “El objetivo principal es el aumento del conocimiento en el diagnóstico y tratamiento de las heridas por parte del personal de enfermería”, explica Mateos. Pero, junto a la formación, considera fundamental “dar la visibilidad y la importancia que tienen las heridas complejas”. La razón es que abordar una herida no consiste únicamente en actuar sobre la lesión. “No solo se tiene que tratar la herida en sí, sino que abarca y afecta a todos los aspectos de la vida de la persona que tiene esta herida”, señala. Desde esta perspectiva, el programa de las jornadas apuesta por la diversidad de situaciones clínicas y abordajes. Se tratarán cuestiones relacionadas con la curación de heridas en las extremidades inferiores, las lesiones en pacientes frágiles y el abordaje de heridas en situaciones extremas, entre otros contenidos. La prevención, una responsabilidad enfermera esencial Si existe una palabra que vertebra el discurso de Elisabet Mateos es prevención. Para la profesional, evitar que aparezca una herida supone un beneficio tanto para el paciente como para el conjunto del sistema sanitario. “El objetivo principal de enfermería es la prevención porque previniendo la aparición de las heridas estamos disminuyendo el gasto sanitario directo”, afirma. A los costes derivados de los materiales necesarios para las curas se suman otros menos visibles: “horas de enfermería, horas familiares, bajas del trabajo…”. Pero el impacto de una herida crónica no puede medirse únicamente en términos económicos. Mateos destaca la capacidad de su profesión para contemplar las distintas dimensiones de la persona. “El papel de la enfermera es fundamental porque tiene una visión holística de la persona: aspectos físicos, sociales, emocionales…”. Una lesión que permanece durante largos periodos puede terminar afectando profundamente a la vida cotidiana. “Una herida compleja que se mantiene en el tiempo puede desencadenar un aislamiento social y hasta depresión”, advierte. Más competencias para una atención especializada La complejidad de estos pacientes exige profesionales con una preparación que vaya más allá de las técnicas básicas de cura. La valoración de la etiología y el diagnóstico diferencial, las técnicas de desbridamiento, las terapias avanzadas o el tratamiento del biofilm forman parte de las competencias clínicas que Mateos considera relevantes. A ellas se suman la capacidad para interpretar e incorporar evidencia científica, la investigación, el manejo del dolor, las habilidades de comunicación y gestión, la educación para la salud y el trabajo interdisciplinar. Todo ello debe integrarse en una misma forma de entender el cuidado. “Y, como venimos diciendo, una visión holística de la persona”, subraya. El liderazgo enfermero como oportunidad de mejora En la prevención de las úlceras por presión todavía hay importantes posibilidades de mejora. Para Mateos, una de las claves pasa por reforzar el liderazgo y el reconocimiento de los profesionales de Enfermería. “La principal mejora desde Enfermería es un liderazgo potente y un empoderamiento de los profesionales”, sostiene. A su juicio, los profesionales deben asumir que pueden liderar unidades especializadas y desempeñar un papel protagonista en la prevención. “Tenemos que dar la importancia que se merece a la prevención y tenemos que creer que las unidades especializadas de heridas tratan mucho más que una simple herida en una pierna”, afirma. Este cambio de perspectiva también tiene una dimensión organizativa y económica. Para la enfermera, apostar por unidades especializadas supone mejorar la calidad asistencial y puede contribuir a reducir el gasto sanitario a largo plazo. Actualización continua, clave para la mejora del abordaje El tratamiento de las heridas crónicas está en constante transformación. Nuevos productos, terapias y materiales modifican las posibilidades de intervención y obligan a los profesionales a actualizar sus conocimientos. “La formación continuada es el eje principal”, afirma Mateos. “Todos los laboratorios están invirtiendo en mejorar productos, en hacer terapias nuevas, están en constante evolución y no nos podemos estancar en los primeros materiales y formas de curar”. La actualización profesional no solo repercute en la práctica clínica. También supone, según explica, una forma de reforzar el valor de la propia profesión: “La formación continuada ofrece una atención de calidad a nuestros usuarios y un valor a nuestro trabajo. Esta formación tiene que ir acompañada por una valoración de las jerarquías y por una ayuda de nuestras instituciones para su realización”, apunta. Especializarse en heridas crónicas requiere conocimientos técnicos, pero también determinadas capacidades personales y profesionales. Entre ellas, Mateos destaca las habilidades comunicativas y la empatía. “Debe tener formación, interés, una visión holística y una capacidad organizativa y de jerarquización de las necesidades y prioridades de cada persona”, explica. Se trata, por tanto, de comprender que cada paciente afronta la enfermedad desde una realidad diferente y que las decisiones relacionadas con sus cuidados deben adaptarse a sus circunstancias. Del tratamiento de la herida al cuidado de la persona Uno de los cambios más importantes que está experimentando este ámbito tiene que ver precisamente con la manera de entender al paciente. El modelo tradicional, centrado fundamentalmente en la cura de la lesión, está dando paso a una perspectiva más amplia. “Hemos pasado de un modelo centrado en una tarea, la curación de la herida, a una visión centrada en la persona y sus necesidades, donde una de ellas es el tratamiento de la herida”, explica Mateos. Esta evolución implica también un mayor peso de la prevención. “Empieza a haber una mentalidad de la prevención ante la mentalidad curativa”, señala. Para la profesional, el cambio resulta especialmente significativo porque la prevención puede tener beneficios en diferentes ámbitos: económico, social y emocional. “Se empieza a constatar que una buena prevención siempre sale más económica que un tratamiento”, afirma. El reto de consolidar el papel de la enfermera La evolución de la atención a las heridas crónicas plantea también un reto relacionado con el reconocimiento profesional. Integrar conocimientos clínicos con capacidad organizativa y de gestión requiere que los profesionales cuenten con respaldo dentro de sus organizaciones. “El principal reto es la integración de los aspectos clínicos, organizativos y de gestión de pacientes”, apunta Mateos. A ello añade la necesidad de que los profesionales crean en el papel que desempeñan y cuenten con el apoyo de compañeros y responsables. “Si entre nosotros no tenemos este respeto, valoración y apoyo no podremos desarrollar nuestro rol”, sostiene. El futuro de la atención a las heridas crónicas pasa, según Mateos, por consolidar una figura enfermera especializada capaz de coordinar las distintas necesidades del paciente y de los profesionales implicados en su atención. “No solo se dedica a tratar una herida, está tratando a una persona holísticamente, haciéndola el centro de la atención y el centro del sistema”, explica. Esta visión implica coordinar la intervención de los diferentes profesionales que participan en el proceso asistencial y situar la calidad y la satisfacción de los pacientes como objetivos fundamentales. No es un cambio sencillo, la propia Mateos reconoce que “es complicado invertir en cosas no tangibles como la calidad y la satisfacción de los usuarios”. Sin embargo, considera que el cambio puede comenzar desde el compromiso individual. “Solo hace falta una persona motivada para desencallar el engranaje en el que hemos estado durante tanto tiempo”, concluye. enfermería, heridas crónicas, IV Jornadas Internacionales de Heridas Crónicas y Úlceras por Presión, Máster Úlceras por presión