Higiene de manos: la enfermería, primera barrera frente a las infecciones asistenciales

Martes, 3 de noviembre de 2026

por diariodicen.es

Recientemente, el Estudio de Prevalencia de las Infecciones Nosocomiales en España (EPINE-EPPS 2025) ha situado en el 7,5% la prevalencia de pacientes hospitalizados con al menos una infección relacionada con la asistencia sanitaria (IRAS). El estudio analizó a casi 60.000 pacientes ingresados en hospitales españoles. Las infecciones respiratorias, las de sitio quirúrgico y las urinarias fueron las más frecuentes, y el ingreso en unidades de cuidados intensivos (UCI) volvió a señalarse como uno de los factores de riesgo determinantes.

Frente a estas cifras, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que hasta el 70% de estas infecciones podrían evitarse con una buena higiene de manos y otras prácticas de prevención coste-efectivas. Un gesto aparentemente sencillo que, sin embargo, sigue sin cumplirse de forma sistemática en la práctica clínica.

Por su contacto continuo con el paciente, la enfermería es una de las profesiones que más oportunidades tiene de aplicar la higiene de manos y, por tanto, de interrumpir la cadena de transmisión de microorganismos. En este reportaje hemos querido poner en valor su labor, contando para ello con dos enfermeras de dos hospitales de referencia: Mª José Araujo Luis, del Hospital Clínico San Carlos (Madrid), y Gemina Santana Aparici, del Hospital Clínic de Barcelona.

La higiene de manos. Copy A. García- A. Creus.

La higiene de manos, mucho más que una medida higiénica

La higiene de manos acumula décadas de evidencia científica y casi veinte años de campañas internacionales impulsadas por la OMS. Aun así, su relevancia en la práctica enfermera no ha dejado de crecer en un contexto de pacientes cada vez más complejos y de aumento de las resistencias antimicrobianas.

“La higiene de manos sigue siendo una de las medidas más importantes y eficaces en la prevención de las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria. Sin embargo, su relevancia actual va mucho más allá de una medida higiénica: constituye una práctica esencial del cuidado enfermero, un indicador de calidad asistencial y el compromiso de los profesionales con la seguridad del paciente”, afirma Mª José Araujo Luis, enfermera de la Unidad de Higiene Hospitalaria del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clínico San Carlos (HCSC) y responsable enfermera de su Programa de Higiene de Manos.

Araujo, que ha desarrollado más de 25 años de su carrera en cuidados intensivos, subraya que “esta medida adquiere mayor relevancia en el paciente crítico debido a su elevada vulnerabilidad”. Y advierte de sus consecuencias: “La aparición de una infección en un paciente crítico puede prolongar su estancia hospitalaria, aumentar la necesidad de tratamientos antimicrobianos y favorecer la resistencia a los mismos, así como el incremento de complicaciones y una mayor mortalidad”. Por eso, concluye, “la higiene de manos es un gesto sencillo con un gran impacto en la práctica clínica: cada oportunidad de realizarla es una oportunidad para proteger al paciente y evitar un daño prevenible”.

En la misma línea, Gemina Santana Aparici, enfermera coordinadora del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, afirma que “las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria son uno de los eventos adversos más frecuentes y prevenibles en el ámbito de la atención sanitaria. La higiene de manos es la medida individual más eficaz para evitar la trasmisión de las IRAS”.

Santana describe el perfil del paciente crítico con precisión: “los pacientes críticos son pacientes vulnerables, inmunodeprimidos, sometidos a técnicas cada vez más complejas, portadores de dispositivos y sometidos a múltiples procedimientos, situaciones que aumentan el riesgo a desarrollar una infección”. Por ello, explica, “el cumplimiento estricto de la higiene de manos durante la práctica enfermera, siguiendo los cinco momentos que establece la OMS, permiten interrumpir la cadena de transmisión de microorganismos, especialmente de gérmenes multirresistentes, y disminuir el riesgo de contraer una infección”.

UCI y dispositivos invasivos

Las UCI concentran pacientes inmunológicamente vulnerables, procedimientos invasivos y una elevada intensidad de cuidados. En la última encuesta europea de prevalencia del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), realizada en 2022-2023, sitúa a los pacientes de UCI entre los de mayor riesgo.

Para Mª José Araujo, este contexto “exige aplicar de forma rigurosa y sistemática las medidas de prevención y control de infecciones, especialmente la higiene de manos, el uso adecuado de guantes, la correcta manipulación de dispositivos y el cumplimiento de los procedimientos y protocolos establecidas”. Y añade: “Prevenir las infecciones en UCI no depende de una única medida, sino de la suma de buenas prácticas en cada cuidado. La seguridad del paciente debe estar presente en cada intervención, por pequeña que parezca”.

Gemina Santana pone el acento en el trabajo conjunto de todos los profesionales: “La mejora del cumplimiento de higiene de manos, la aplicación de las precauciones estándar en todos los pacientes, el uso adecuado de antibióticos y otras prácticas de prevención por parte de todos los profesionales contribuyen a la disminución del riesgo de infección y a la mejora de la evolución y resultados clínicos del paciente”.

Catéteres vasculares, ventilación mecánica o sondajes rompen las barreras naturales del organismo, y es la enfermera quien los manipula a diario. “La enfermería desempeña un papel fundamental en la prevención de las infecciones relacionadas con dispositivos invasivos, ya que participa directamente en su inserción, manipulación, mantenimiento y retirada”, explica Araujo. “La vigilancia continua, el cumplimiento de los protocolos, la aplicación de medidas preventivas incluidas en programas como proyectos Zero y la detección precoz de posibles complicaciones son esenciales para reducir estos riesgos”.

Santana coincide: “la atención al paciente crítico requiere un aumento en los cuidados y atención continua por parte de enfermería. Especialmente requiere múltiples intervenciones sobre dispositivos invasivos que suponen una puerta de entrada potencial de microorganismos ya que rompen las barreras naturales de protección”. Por eso, asegura, “la realización de una correcta higiene de manos antes de la manipulación de cualquier dispositivo invasivo permite realizar de forma segura las intervenciones necesarias, impidiendo la transmisión de microorganismos”.

Los cinco momentos de la OMS: barreras en la práctica diaria

La OMS establece cinco momentos para la higiene de manos: antes del contacto con el paciente, antes de realizar una tarea limpia o aséptica, después del riesgo de exposición a fluidos corporales, después del contacto con el paciente y después del contacto con su entorno.

“El desconocimiento de la definición de los cinco momentos para la higiene de manos, la falta de soluciones hidroalcohólicas accesibles en el punto de atención, el uso inadecuado del guante y la falsa sensación de seguridad que pueden generar”, enumera Araujo. “También influyen los factores organizativos, como una distribución poco eficiente de los recursos y de los flujos de trabajo, así como la elevada carga asistencial y la presión de tiempo”.

“Una de las principales dificultades es la falta de percepción, por parte de los profesionales sanitarios, es el riesgo que supone para los pacientes -apunta Gemina Santana-. Por ejemplo, la percepción que el hecho de llevar guantes hace innecesaria la higiene de manos contribuye a la disminución del cumplimiento adecuado de los cinco momentos: la higiene de manos siempre ha de realizarse antes y después del uso de guantes”. A ello también suma un factor estructural: “el aumento de la carga asistencial y la rotación elevada de profesionales favorece la omisión de la higiene de manos, especialmente en algunos momentos”.

Rapidez y seguridad, compatibles en situaciones de presión

En unidades con alta carga asistencial y situaciones de urgencia, el tiempo suele esgrimirse como excusa. Para estas profesionales, la solución pasa por integrar la higiene de manos en el flujo de trabajo y no por añadirla como un paso extra.

“La clave está en integrar la higiene de manos en la dinámica asistencial, no entenderla como una interrupción del cuidado. Para ello, es fundamental disponer de soluciones hidroalcohólicas accesibles en el punto de atención, organizar flujos de trabajo eficientes y mantener una formación continuada que facilite su cumplimiento incluso en situaciones de presión”, sostiene Araujo. Ante una emergencia vital, matiza, “la atención inmediata al paciente puede ser prioritaria, pero debemos recuperar las medidas de prevención tan pronto como la situación lo permita, protegiendo tanto al paciente como al profesional”.

Santana aporta el argumento técnico a favor de los preparados de base alcohólica: “Las soluciones hidroalcohólicas reducen más rápidamente el recuento de microorganismos, son más efectivas y requieren menos tiempo para llevar a cabo su acción (20-30 segundos). Disponer de dispensadores en el punto de atención del paciente, en un lugar fijo, visible y accesible mejora su utilización y la práctica de los cinco momentos”. Y lanza un mensaje: “Las organizaciones deben proporcionar y garantizar la disponibilidad de los recursos”.

Errores técnicos más habituales y cómo corregirlos

La observación directa de la práctica clínica, una de las herramientas centrales de los programas de higiene de manos, permite detectar fallos que se repiten en el día a día de las unidades.

“Entre los errores más frecuentes destacan la realización incompleta de la técnica de higiene de manos, y utilizar guantes como sustitutos de la higiene de manos”, señala Mª José Araujo, que coordina en el Hospital Clínico San Carlos a los referentes de enfermería y a los observadores expertos en higiene de manos. “Para corregirlos, considero fundamentales la formación práctica, la observación directa y la retroalimentación. También es importante reforzar los conocimientos periódicamente y facilitar los recursos necesarios”.

Gemina Santana detalla que “algunos de los errores identificados incluyen la utilización de una cantidad insuficiente de productos para la higiene de manos y una técnica (tiempo) inadecuada de fricción o del lavado con agua y jabón”. De nuevo, el guante aparece como un problema recurrente: “El uso inadecuado de guantes representa un problema para el cumplimiento de la higiene de manos. Proporcionan una falsa sensación de seguridad”.

Responsabilidad individual y cultura de seguridad

El Plan de acción mundial de la OMS sobre prevención y control de infecciones 2024-2030 fija como meta que el cumplimiento de la higiene de manos sea un indicador nacional clave en todos los hospitales de referencia antes de que termine 2026. Por ahora, solo el 68% de los países informa de su implantación.

“La higiene de manos es una responsabilidad individual de cada profesional, pero su cumplimiento requiere el compromiso y el respaldo de la institución sanitaria”, explica Araujo. “Esto implica garantizar la disponibilidad de recursos accesibles, formación continuada, liderazgo comprometido, promover la observación y retroalimentación, y un entorno que favorezca la mejora sin culpabilizar. Cuando la seguridad del paciente es un valor compartido por todo el equipo, la higiene de manos deja de ser una obligación individual y se convierte en una práctica integrada en la atención diaria”.

Para Santana, “la mejora del cumplimiento de higiene de manos no depende únicamente de responsabilidad individual. Las organizaciones deben incluir en sus planes de acción la mejora de la higiene de manos como una prioridad, y establecer y proporcionar los recursos, planes y actuaciones necesarias para ello”. Pero también apela a la implicación de cada profesional: “es necesaria la mejora individual para conseguir una mejora colectiva en beneficio de la seguridad del paciente. Los profesionales disponemos de evidencias científicas suficientes, conocimiento y capacidad para aplicar correctamente las medidas de prevención”.

Simulación clínica y retroalimentación individualizada

¿Son suficientes las estrategias formativas tradicionales? Ambas expertas creen que no, y abogan por metodologías más prácticas.

“Las estrategias formativas tradicionales son necesarias, pero pueden resultar insuficientes. Es fundamental complementarlas con metodologías prácticas, simulación clínica y observación directa, que permitan al profesional integrar la higiene de manos en situaciones reales de asistencia”, afirma Araujo. “Debemos pasar de enseñar cómo realizar la higiene de manos a conseguir que se aplique correctamente en cada oportunidad asistencial. La formación más eficaz es aquella que transforma los conocimientos en cambios reales de comportamiento”.

Santana coincide en que “combinar diferentes estrategias y recursos formativos puede ayudar a consolidar los conocimientos”. Destaca que “la simulación clínica, es un elemento muy importante en la formación: permite identificar situaciones reales y procedimientos asistenciales, ayuda a identificar oportunidades y acciones de mejora”. Y subraya el papel de los referentes en las unidades: “Disponer de referentes asistenciales en higiene de manos también contribuye a dar soporte y retroalimentación individualizada y a consolidar los conocimientos”.

Por qué seguir insistiendo en una medida tan conocida

A pesar de las campañas de concienciación, la higiene de manos sigue necesitando refuerzo constante. Para las dos enfermeras, el problema no es de conocimiento, sino de comportamiento.

“Conocer una medida no garantiza aplicarla de forma sistemática. La carga asistencial, las interrupciones, los hábitos adquiridos y la falsa sensación de seguridad que puede generar el uso de guantes hacen que, en ocasiones, se pierdan oportunidades de higiene de manos”, explica Araujo. “Por eso, las campañas de concienciación deben acompañarse de formación continuada, observación, retroalimentación y una cultura de seguridad compartida. No se trata de repetir siempre el mismo mensaje, sino de mantener viva la percepción del riesgo y recordar el impacto de nuestras acciones”.

Santana apunta a la necesidad de “conseguir un clima institucional de seguridad global, en el que se transmita que la higiene de manos es una prioridad a todos los niveles”. Advierte de que “el aumento de la carga asistencial puede contribuir a la repetición de rutinas de manera automática, sin dejar espacio para identificar acciones de mejora”, y señala una paradoja: “La higiene de manos es una medida sencilla y fácil de aplicar. Paradójicamente puede ser percibida como una acción menos importante respecto a otras medidas más complejas”.

De los testimonios de estas dos enfermeras se desprende que la prevención de las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria se construye con gestos sencillos repetidos con rigor en cada contacto con el paciente. Con una prevalencia de IRAS que se mantiene en torno al 7,5% en los hospitales españoles, el liderazgo enfermero en formación, observación y cultura de seguridad se confirma como una pieza clave para proteger a los pacientes más vulnerables.

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