Héctor Nafría: “El principal riesgo es que la desinformación termine convirtiéndose en una decisión de salud”

Martes, 18 de agosto de 2026

por Silvia López Criado

La desinformación sanitaria ya no es solo una cuestión de bulos aislados que circulan por internet. Un consejo sin evidencia, una dieta milagro o una pseudoterapia pueden acabar influyendo en decisiones que afectan directamente a la salud. Frente a este escenario, Héctor Nafría Soria, responsable de la UCC+I del Instituto Español de Investigación Enfermera, defiende que los profesionales sanitarios no pueden limitarse a generar conocimiento: también tienen que saber comunicarlo y estar presentes en los espacios donde la ciudadanía busca respuestas.

En un estudio llevado a cabo por Héctor Nafría, Guadalupe Fontán y Pedro José Satústegui-Dordá, se analiza los primeros siete meses de actividad de esta unidad, el equipo ha examinado el alcance de sus comunicaciones científicas y de 36 piezas de divulgación, con especial atención al comportamiento de los contenidos audiovisuales y su difusión en redes y medios. Los resultados apuntan a una idea clara: el rigor científico no está reñido con los formatos cercanos y atractivos. Para Nafría, la clave está en conseguir que la evidencia sea visible, comprensible y confiable.

Héctor Nafría, responsable de la UCC+I del Instituto Español de Investigación Enfermera. Copy CGE

Estudio sobre desinformación y bulos en el área sanitaria

Pregunta.- Acaban de publicar un estudio en el que se aborda la problemática de la desinformación y los bulos en el área sanitaria. ¿Qué les motivó a llevarlo a cabo? ¿En qué consistió?

Respuesta.- Desde el Instituto Español de Investigación Enfermera (IE), creemos que no basta con hacer buena ciencia; también hay que conseguir que esa ciencia llegue a la sociedad, se entienda y pueda competir en el mismo espacio en el que circula la desinformación.

Precisamente esa es una de las funciones de las Unidades de Cultura Científica y de la Innovación, las UCC+I: actuar como puente entre quienes generan conocimiento científico y la ciudadanía, transformándolo en información rigurosa, comprensible y accesible. Y en salud ese puente es especialmente importante, porque una información equivocada puede terminar influyendo en una decisión sobre nuestra propia salud.

Nuestro estudio analiza los primeros siete meses de funcionamiento de la UCC+I del IE del Consejo General de Enfermería (CGE). Evaluamos nuestras comunicaciones de resultados científicos y 36 piezas de divulgación, estudiando visitas, descargas, visualizaciones, interacciones en redes sociales y repercusión en medios.

Había también otra motivación importante: hacer visible la ciencia enfermera. Las enfermeras investigan, generan conocimiento y, además, ocupan una posición privilegiada para explicarlo a la ciudadanía. La UCC+I permite que ese conocimiento no se quede únicamente en una publicación científica, sino que llegue a las personas.

P.- El estudio señala que los contenidos audiovisuales obtienen mejores resultados. ¿Qué nos dicen estos datos sobre la manera en que la ciudadanía consume actualmente información sanitaria?

R.- Nuestros resultados van en la misma línea que las encuestas de percepción social de la ciencia de FECYT. En la de 2022, entre quienes se informaban de ciencia por internet, el 68,1 % lo hacía mediante vídeos y el 64,9 % a través de redes sociales; además, vídeos y redes eran los canales principales entre los 15 y 34 años.

Nuestro estudio refleja también esa tendencia: los contenidos audiovisuales alcanzaron cifras de visualización muy superiores a muchos formatos exclusivamente escritos.

Esto nos dice que no tenemos que rebajar el rigor científico, sino adaptar el formato. Si queremos llegar a la ciudadanía, y especialmente a los jóvenes, la ciencia también tiene que estar en reels, vídeos y redes sociales. El audiovisual puede ser la puerta de entrada; después debemos facilitar el acceso a la información y a la evidencia completa.

P.- Los documentos analizados superaron las 54.000 descargas. ¿Qué conclusiones pueden extraerse de este dato?

R.- Las más de 54.000 descargas corresponden a documentos técnicos dirigidos principalmente a la profesión: guías, marcos de referencia y materiales de apoyo para la práctica.

Para nosotros, esto demuestra que la formación y la actualización profesional siguen teniendo una enorme demanda. No todo en comunicación científica consiste en conseguir visualizaciones en redes: también es fundamental que la evidencia llegue a los profesionales y pueda incorporarse a la práctica clínica.

Y ahí la UCC+I tiene también un papel importante, no solo divulgar hacia la ciudadanía, sino facilitar que el conocimiento científico llegue a las enfermeras de forma útil, accesible y aplicable.

Desinformación sanitaria: riesgo de salud pública

P.- ¿Hasta qué punto considera que la desinformación sanitaria se ha convertido en un problema de salud pública? ¿Qué tipo de bulos relacionados con la salud son actualmente más habituales o preocupantes?

R.- Creo que la desinformación sanitaria es ya un problema de salud pública, porque puede cambiar decisiones sobre prevención o tratamiento. En pacientes oncológicos lo vemos con dietas milagro, suplementos, pseudoterapias o testimonios personales que se presentan como evidencia.

También nos preocupan especialmente los adolescentes y las redes sociales. En trabajos sobre tabaco y vapeo o dietas milagro hemos visto cómo el riesgo puede banalizarse a través de vídeos, influencers o contenidos aparentemente inocentes.

Por eso no basta con desmentir bulos: tenemos que estar donde está la ciudadanía, comunicar ciencia en formatos atractivos y hacerlo también desde voces cercanas y fiables, como las enfermeras.

P.- ¿Qué riesgos concretos puede tener para un paciente creer y actuar siguiendo información sanitaria sin respaldo científico?

R.- El principal riesgo es que la desinformación termine convirtiéndose en una decisión de salud. Puede llevar a retrasar una consulta, abandonar o modificar un tratamiento, recurrir a pseudoterapias o consumir productos y suplementos sin conocer sus posibles riesgos o interacciones.

Además, la desinformación puede generar miedo y desconfianza hacia los profesionales y hacia el propio sistema sanitario, dificultando todavía más una toma de decisiones informada.

Un bulo deja de ser solo información falsa cuando alguien actúa siguiendo sus recomendaciones.

Las enfermeras frente a la desinformación en redes

P.- ¿Qué papel deben desempeñar los profesionales sanitarios frente a la desinformación que circula en redes sociales?

R.- Los profesionales sanitarios debemos ocupar también los espacios digitales. Si dejamos las redes sociales únicamente en manos de quienes comunican sin evidencia, llegamos tarde.

Pero no basta con estar, tenemos que ser reconocibles como fuentes fiables, comunicar con un lenguaje claro, cercano y adaptado a cada plataforma, y mantener siempre el rigor científico.

Además, esto no debería depender solo de iniciativas individuales. Las instituciones y las UCC+I deben ayudar a formar y acompañar a los profesionales para que puedan comunicar ciencia de manera profesional. Nuestra propia UCC+I nació precisamente para difundir contenidos actualizados, contrastados y accesibles para la ciudadanía.

Si queremos que la población encuentre ciencia cuando busca respuestas, los profesionales sanitarios tenemos que estar donde esas preguntas se están haciendo.

P.- ¿Han detectado algún tipo de contenido o temática que genere especialmente más interacción o interés entre la población?

R.- Sí. Hemos visto que los contenidos muy prácticos y ligados a dudas cotidianas funcionan especialmente bien. Dentro de Cuídate con tu enfermera, por ejemplo, tuvieron mucho interés vídeos sobre cuestiones tan diferentes como cómo poner correctamente un pañal o los riesgos del vapeo. En conjunto, los vídeos del proyecto llegaron a superar las 12.000 visualizaciones en YouTube y tuvieron todavía mayor alcance cuando se adaptaron a Instagram.

También funcionan especialmente bien los contenidos que desmontan bulos que ya están circulando. Un ejemplo fue el trabajo realizado junto a ADENYD sobre las llamadas “dietas de las princesas Disney”, que alcanzó 103 repercusiones en medios

Esto nos confirma algo importante: cuando la ciencia responde a una duda real, práctica o a una desinformación que ya preocupa a la población, aumenta mucho su capacidad de llegar a la gente.

P.- Si una información científica rigurosa tiene 500 visualizaciones y un bulo sanitario alcanza 500.000, ¿cómo debería responder el sistema sanitario?

R.- El sistema sanitario no puede limitarse a pensar “nosotros tenemos la evidencia”. Si esa evidencia no llega a la población, tenemos también un problema de comunicación.

La respuesta debe ser más rápida, más estratégica y adaptada a los canales donde circula la desinformación: redes sociales, vídeos breves, medios de comunicación y formatos comprensibles. Nuestro estudio apunta precisamente a que combinar temas de interés social, contenidos audiovisuales y difusión en medios aumenta la visibilidad de la información científica.

Desde nuestra UCC+I queremos escuchar qué preocupa a la ciudadanía, detectar la desinformación y poner a profesionales e investigadores reconocibles a comunicar evidencia. No debemos imitar al bulo, pero sí aprender a competir por la atención.

Principales retos de la divulgación científica

P.- ¿Cuál es actualmente el mayor reto de la divulgación sanitaria: conseguir información rigurosa, que llegue a la población o que la población confíe en ella?

R.- Yo diría que el mayor reto es conseguir que la información rigurosa llegue y, además, genere confianza. Evidencia científica tenemos mucha; el problema aparece cuando esa evidencia no sale de los artículos, las guías o los entornos profesionales.

La confianza tampoco se construye solo desmintiendo bulos cuando ya se han hecho virales. Se construye estando presentes de forma continuada, con profesionales reconocibles, lenguaje claro y fuentes transparentes.

Nuestra intención es conectar la ciencia con la sociedad y hacer que la información fiable sea también accesible, cercana y visible. El propio estudio subraya ese papel de la UCC+I como estructura de comunicación científica y como agente frente a la desinformación en salud.

P.- Si tuviera que dar tres recomendaciones a una persona que encuentra un supuesto consejo de salud en redes sociales, ¿cuáles serían?

R.- Yo daría tres recomendaciones muy sencillas:

Primero, mirar quién lo dice. Comprobar si es un profesional cualificado, una sociedad científica o una institución reconocida. Tener muchos seguidores no convierte a nadie en una fuente fiable.

Segundo, preguntarse qué evidencia aporta. Desconfiaría especialmente de mensajes que prometen curas rápidas, resultados garantizados o que se apoyan únicamente en testimonios personales.

Y tercero, no tomar decisiones importantes de salud solo por lo visto en redes. Antes de modificar un tratamiento, tomar un suplemento o seguir una recomendación, hay que contrastarlo con un profesional sanitario.

En el fondo, me gusta resumirlo en una pregunta: ¿Cómo sabemos que esto es verdad? En resumen, tenemos que fomentar el pensamiento crítico.

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