Dirigiendo emociones

Martes, 23 de julio de 2019

Fue aquel aviso que derrumbó mi coraza, abrió mi corazón y cambió la percepción de mi trabajo. Fue una niña que se nos fue; fue una carta que le escribí, “Carta de un enfermero a un Ángel” y  que puedes leer en el blog.

Fue agosto y fue un aviso de pesar, de dolor interior que molestó y fatigó mi ánimo. Fue el inicio de mi yo actual, este que viene a relatarte esas emociones que vivo al subir en esa ambulancia. Fue pena y fue el mayor acto de aprendizaje que jamás viví y que a día de hoy, al escribir estas letras, sigo viviendo.

Fue entender y hoy es compartir para que entiendas. Fue entender emociones. Tras aquel aviso la pena se apoderó de mi cabeza. Lloraba sin saber, sin entender el motivo. Fue tomar una decisión. Leer, estudiar, era hora de buscar la causa y poner punto final a esa agua salada en mi mejilla. Fue entender que debía tomar conciencia de lo que aquella noche sentí y de lo que, a día de hoy, me despierta pensar lo vivido en aquella habitación. Fue al principio enojo, culpabilidad, tristeza, preocupación, resentimiento y dolor.

Fue, a continuación, alegría, cariño, agradecimiento y seguridad en mí mismo. Fue aprender que fueron emociones normales y necesarias para evolucionar. Sé que todas forman parte de una conciencia emocional plena y madura. Fue aprender a revisar lo que siento tras cada aviso, lo que me despierta. Darle nombre y grado de intensidad para poder compartir contigo. Fue entender que he de reconocer, aceptar y respetar mis propios sentimientos conforme aparezcan en mi vida.

Fue comprender que superaré los momentos más difíciles si soy capaz de enfrentarme a ellos tratando de entenderlos y nunca negando u ocultando lo que cada batalla perdida me generó de frustración y dolor. Fue saber que sentir no es malo ni bueno. Sentir es vivir y no he de juzgarme por sentir. Simplemente aceptar y canalizar. Fue practicar. Ser consciente de mis emociones me ayudó a poder hablar sin tapujos de mis sentimientos. Me ayudó a comunicarme contigo. Me ayudó a gestionar con más eficacia conflictos. Me ayudó a superar momentos y sentimientos difíciles de digerir. Fue un cambio, fue un camino.

Traducir todo lo sentido, emocionado y vivido en lecciones que me son útiles a mí y que quizá sean útiles a otros compañeros que algún día vivan o hayan vivido una pérdida, un aviso similar al mío. Ojalá ayude a alguien, ojalá leer esto te ayude a ti. Ojalá ningún otro pase por lo que pasé.

Y, así, convirtiendo dolor en utilidad me siento pleno, me siento feliz. Y así aquella batalla que fue pena transformada en felicidad. Y habrá quien le pueda llamar magia…

Ese es mi yo actual, ese que te cuenta soy yo.

Alberto Luque  

Para consultar la publicación original, puede acceder al siguiente enlace.

Ambulancia, enfermeros, expertos, Servicios de emergencias

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