El correcto abordaje del exudado de heridas disminuye las consultas presenciales y el riesgo de transmisión de la COVID-19

Jueves, 17 de septiembre de 2020

Dada la situación por la pandemia de la COVID-19, una de las medidas que pueden repercutir en la reducción del virus pasa por evitar las consultas presenciales en hospitales o centros de salud. Pero los pacientes que padecen heridas crónicas o agudas complejas han de acudir a la consulta de enfermería para la intervención frecuente en las curas. En el caso de las lesiones exudativas, el manejo adecuado del exudado es fundamental par disminuir dichas visitas y asegurar una evolución correcta y la calidad de vida para estos afectados.

En este sentido, el Sistema Nacional de Salud incluyó recientemente la financiación de Biatain Fiber® para personas con úlceras por presión y vasculares. La capacidad de este producto para controlar el exudado y acelerar la cicatrización, ha hecho que permita, de acuerdo con los profesionales que lo han empleado, eliminar hasta un tercio de las curas en consulta.

Esta herramienta, disponible para los pacientes españoles desde el pasado mes de julio, ha sido desarrollada gracias a la experiencia de 200 profesionales enfermeros y médicos. Los ensayos efectuados por los mismos señalan una reducción de las visitas presenciales a las consultas para realizar curas de hasta un tercio de las habituales.

Leonor Hernández, enfermera de la Unidad de Heridas Crónicas del Hospital Puerta de Hierro, ubicado en Madrid, que ha ensayado el tratamiento con una paciente joven que lleva seis años conviviendo con una úlcera venosa, ha querido poner de manifiesto que comenzó a usar “Biatain Fiber® en enero de este año. En ese momento, la paciente acudía tres veces en semana a la consulta. Después de dos semanas de tratamiento, viendo que los apósitos no se saturaban, espacié las curas a dos días en semana. Desde entonces, mantengo la frecuencia de dos días en semana. No ha sido necesario aumentar la frecuencia de cura. Esto ha mejorado la calidad de vida de la paciente, que trabaja de lunes a viernes y siempre estaba preocupada por el tiempo que debía pedir para poder acudir a la consulta”. Así, estas complicaciones de conciliación causaban “ansiedad y estrés, que repercutían en la evolución de la herida, ya que la paciente sufre hipertensión arterial”.

Cuando llegaron la pandemia y el confinamiento, esta paciente hubo de dejar de acudir a la consulta durante seis semanas y realizarse las curas en su domicilio con otro producto. Hernández explica que, en este periodo, “empeoró la herida”, y si hubiera podido continuar su tratamiento, probablemente los resultados habrían sido aún mejores. Sin embargo, durante los ocho meses de terapia con Biatain Fiber® el balance es positivo, destaca la enfermera. “En 22 semanas hemos realizado 44 curas. Si durante este tiempo hubiera mantenido la frecuencia de cura anterior, habríamos realizado un total de 66 curas, con lo que nos hemos ahorrado 22, es decir, un tercio”

Por su parte, Justo Rueda, enfermero de Atención Primaria en el Centro de Salud Terrassa Nord, en Barcelona, y miembro del comité directivo del Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento de Úlceras por Presión y Heridas Crónicas (GNEAUPP), explica que, en algunos casos, la frecuencia de las curas puede reducirse más. Rueda ha probado Biatain Fiber® en tres pacientes, desde un joven con un quiste sacro hasta una paciente de 87 años con una herida difícil de cicatrizar por traumatismo; aun así, el caso en el que ha notado el impacto del producto es el de una paciente de 53 años con una herida vascular de 18 meses de evolución.

“Cuando llegó por primera vez a la consulta me preguntó si le íbamos a amputar la pierna”, subraya Rueda. “Habían empleado diferentes productos para tratarla, porque su lesión le provocaba importantes dolores, incomodidad y mucho exudado, a causa del cual se producía olor. Con Biatain Fiber® tuvimos un cambio de paradigma, que incluyó menos curas y lesiones más limpias”. En este caso, señala, “se han podido reducir las curas hasta un 70%. Ahora estamos haciendo una cura semanal y antes hacíamos curas casi diarias. La herida medía 35 cm, y, en la actualidad, se ha reducido a 12 cm”.

Al poder espaciar las curas, continúa Rueda, repercute no solo en la reducción del “dolor y la incomodidad, como en el caso de la paciente de 53 años, o evita problemas como las bajas laborales, que suelen estar asociadas a lesiones como el quiste sacro que también tratamos con este producto”, también, en la pandemia, “es una ventaja adicional, pues reducir visitas minimiza el riesgo de contagio”.

Por otro lado, esta alternativa terapéutica brinda la posibilidad de “rehabilitar al paciente” en el ámbito social, explica este enfermero. “Con una herida con mucho exudado no se puede salir de casa. Si se controla el exudado, no solo mejora la limpieza de la herida, con curas menos agresivas, sino que los pacientes ganan en seguridad y autoestima. Y, con ello, también mejora la relación terapéutica entre profesional y paciente”.

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