“En la UVI, los pacientes están intubados y dormidos. Aun así, entramos y les hablamos; al fin y al cabo, no sabemos si oyen o no, pero tratamos de reconfortarlos”

Miércoles, 22 de abril de 2020

“Para nosotros, todo esto ha supuesto un cambio muy considerable. Hemos convertido un servicio de quirófano y ha habido que adaptarlo a esta nueva situación, con todo lo que eso conlleva”, empieza Loreto Carpintero, enfermera de QuiroUCI del Hospital Universitario Donostia.

“Se han generado muchos cambios. Con todo, en momentos de incertidumbre como este se está viendo mucho compañerismo en el centro. Las que trabajaban de antes en la UVI enseñan a las nuevas compañeras de servicio cómo son las tareas; de esta manera, el trabajo es mucho más eficiente”.

Abordar la crisis del COVID-19: de quirófano a UVI

Carpintero cuenta que ellas es enfermera de quirófano programado, pero que han convertido las áreas quirúrgicas en UVI; en cada una de ellas hay espacio para dos afectados. Actualmente hay camas libres, pero, destaca, la situación varía mucho de un día para otro, “así que estamos viéndolas venir”. Aunque “es cierto que en Gipuzkoa estamos mejor que en otros sitios. Tenemos mucho trabajo, pero las circunstancias no tienen nada que ver con lo que aparece en el telediario”. “Las labores son las mismas de siempre. Ahora procuramos protegernos para no contagiarnos. Extremamos, por tanto, un poco más las precauciones, procurando el menor contacto posible”. En el equipo de esta enfermera, explica, no hay ninguna que presente un diagnóstico positivo por COVID-19, pero “no es la misma situación que la de los médicos, que ya se conoce más de un caso”.

Los pacientes tienen todas las necesidades, subraya esta enfermera, ya que “son personas que no se valen por sí mismas. Tenemos que administrarles la medicación, procurar que no se ulceren, darles crema para el cuidado de la piel…”. Los casos más graves presentan un cuadro clínico de neumonía bilateral; cuando pasan a la UVI es porque necesitan respiración asistida. “A algunos se les intuba y se trata de ayudarles con un soporte. Tenemos material, pero lo administramos con cuentagotas”.

“En la UVI”, insiste Carpintero, “están intubados y dormidos. Aun así, entramos y les hablamos, aunque estén dormidos. Al fin y al cabo, no sabemos si nos oyen o no, pero tratamos de reconfortarles. Básicamente, hacemos lo que nos gustaría que nos hicieran a todos: lo posible para que nos sientan cerca y que sepan que los acompañamos en estos malos momentos”.

Por todo ello, quiere mandar un mensaje de ánimo al resto de profesionales: “Es una situación dura, sufrimos viendo el día a día en el hospital. Sin embargo, ahí no termina nuestra jornada, donde más sufrimos es fuera de él. Sufrimos porque no queremos contagiar a los nuestros en casa. Yo tengo dos hijas y un marido. El primer día tuvimos que tomar la decisión de vivir separados mientras esto durase, y estoy viviendo sola. Cada uno nos quejamos de lo nuestro. Aun así, tenemos que ser fuertes y pensar que siempre hay gente que está peor y camina con una sonrisa”, concluye.

COVID-19, enfermera, Hospital Universitario Donostia

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