“En nuestra profesión proveemos cuidados, que deben contemplar el bienestar afectivo y emocional de nuestros pacientes”

Lunes, 14 de octubre de 2019

Alberto Luque es enfermero, escritor, conferenciante y autor de un blog (www.albertols.com) en el que plasma sus experiencias ejerciendo la profesión. Tras distintas vivencias traumáticas, se lanzó a escribir como medida terapéutica, y de ahí surgen dos libros: Batallas de una ambulancia 1 y 2. Luque nos atiende para hablar de los motivos que le impulsaron a la escritura, sus conferencias y la importancia de la comunicación en el trato con los pacientes.

Pregunta: Escritor, conferenciante, enfermero… ¿cómo compagina todas estas facetas?

Respuesta: Con vocación, ganas y paciencia familiar. Es aquello de trabajar en lo que te gusta e invertir tu tiempo libre en aquello que te gusta más aún. Escribo a diario por puro placer y voy a contar mi experiencia, con el mismo placer, allí donde me llaman.

P.: Háblenos de sus, libros Batallas de una ambulancia 1 y 2. ¿Cómo se decidió a escribirlos? ¿Con qué objetivo?

R.: Mis comienzos en la escritura surgen de mi paso por la posguerra de la antigua Yugoslavia. Enfrentarte con el lado más oscuro del ser humano te lleva al límite, por muy preparado que creas estar. Fueros seis meses de misión, y cada día ocurrían, ante ti, situaciones vitales de lo más cruel que habían descompuesto una sociedad, enfrentando a hermanos, a padres con hijos, a vecinos…

Y las consecuencias te llegaban en forma de pacientes heridos en lo físico, pero más aún en lo psíquico. Sus historias te afectan por muy de acero que te creas, y yo decidí que plasmar en negro sobre blanco lo que allí estaba viviendo me ayudaría, y así fue. Escribí un diario que, a día de hoy, apenas he sido capaz de releer parcialmente.

Fue años después, trabajando ya en la extrahospitalaria, que vino la pena a visitarme. Una noche de verano, una niña de apenas un año se nos fue directa al cielo, a pesar de hacer todo perfectamente en lo técnico y pelear como nunca. Meses de llorar en silencio por el qué dirán, ¿dónde iba a quedar mi prestigio profesional si mis compañeros se enteraban de que lloraba por la muerte de un paciente? Sentimientos de culpa, frustración, vergüenza y dolor eran los que me inundaban al ponerme el uniforme, guardia a guardia. Hasta que alguien me cogió de la mano y me llevó a pedir ayuda profesional, que era lo que tenía que haber hecho desde el primer momento, y no lo supe ver.

Fueron una psicóloga y un psicólogo los que me invitaron a usar la escritura como terapia, y así escribí mi primer post, “Carta de un enfermero a un Ángel”; una misiva dirigida a aquella niña que cambió mi vida. Tras aquel primero vinieron otros muchos, con el objetivo de dar a conocer nuestra profesión desde otro punto de vista, enseñar qué ocurre dentro de una ambulancia poniendo el foco en nuestros pacientes y sus familias, relatar el lado más humano de cuidar.

Creé mi propio blog, y que uno de aquellos artículos se hiciera viral fue el empuje para escribir el primer libro: Batallas de una ambulancia.

P.: ¿Tiene en mente escribir otra continuación?

R.: Honestamente, no lo sé. La segunda parte, Batallas de una ambulancia 2, lleva apenas unos meses en la calle, y ahora mismo no me lo planteo. Aunque viendo la acogida de ambos libros, y teniendo en cuenta que la ambulancia sigue en marcha, es muy probable que haya un tercero. Otras cosas serán el formato y la temática… Aún tengo que pensarlo, ya llegará su momento.

P.: Háblenos también de su faceta de conferenciante, ¿qué temas aborda durante sus ponencias?

R.: Mis conferencias están basadas en mi propia experiencia de gestión emocional, narran el camino que anduve con el fin de que, si a otro profesional le sucediera lo mismo, no cometa el error de negar las emociones.

Hablo de sentimientos y de las competencias actitudinales que creo son clave si queremos llegar a la excelencia en los cuidados. Esas competencias blandas tan olvidadas y que, sin embargo, es lo único en lo que un robot nunca podrá copiarnos. La transformación digital es un hecho con el que convivimos y ha traído muchas cosas positivas; pero que nadie se equivoque. ¿En qué puedo diferenciarme, en qué puedo hacerme imprescindible? En la actitud.

Quien piense que sus conocimientos y habilidades no pueden ser replicados por un robot hoy mismo, quizá mañana, quizá en un año, es que va un paso por detrás.

P.: ¿Cómo le ha ayudado su experiencia en comunicación para el desempeño de la labor enfermera?

R.: Fueron muchas las sesiones con profesionales de la psicología y expertos en comunicación por las que pasé hasta llegar a entender cuáles eran las competencias fundamentales que había que dominar. Y la comunicación es, sin duda, una de ellas. Comunicarnos con nuestros pacientes forma parte de esa atención integral que ellos merecen.

Cuando les hablamos les ayudamos a generar pensamiento en un momento en el que son incapaces de regular lo que piensan. “Me voy a morir”, “nadie me puede ayudar”, “esto no tiene solución”… Al mirarles a la cara, hablarles sin condescendencias, sin medias verdades y adaptando nuestro lenguaje a su capacidad de entender tecnicismos, les ayudamos a racionalizar, a coger distancia y relativizar aquello que es relativo. Estás influyendo sobre sus emociones y, por consiguiente, sobre su estado físico real e inmediato.

En nuestra profesión proveemos cuidados, y esos cuidados deben contemplar el bienestar afectivo y emocional de nuestros pacientes.

P.: ¿Qué experiencias podría destacar, de entre las que ha vivido a lo largo de su carrera como enfermero?

R.: Todas las que narro en mi blog me han llegado en alguna medida, me han arañado por dentro y he sacado reflexiones que creo deben ser compartidas. Nuestros pacientes nos regalan lecciones de vida que merecen ser recordadas, un legado que, a veces, supone sus últimas palabras antes de la despedida. Si nos paramos a escuchar y meditar sobre el contenido de esas palabras, encontraremos cuánto nos queda por aprender.

De todas las experiencias que he vivido como profesional, me quedo con aquellas en las que tras la nada resurgió el latido, en las que después de la asistolia vino el ritmo sinusal. Sin duda, para mí es la magia más honesta, más pura y que brota de manos de personas dedicadas a este trabajo llamado cuidar personas.

Alberto Luque, Enfermero

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