Enfermera de UCI: «Ya no doy besos a mi pequeña de 3 años, porque siempre estás con el miedo de haberte podido contagiar en el turno»

Viernes, 3 de abril de 2020

“Oxígeno y calma, esas son las necesidades más habituales de los pacientes con coronavirus en la UCI”, explica Irene Fernández, enfermera de cuidados intensivos del Hospital de Getafe, en Madrid. Antes de la intubación, continúa, “están agotados, y no se les puede tocar ni hacer cambios posturales, hay que sedarlos y, en muchos casos, relajarlos muscularmente para que se adapten al respirador; tienen una tos seca y unos golpes de tos que hacen que les tengamos que relajar”.

Esta enfermera cuenta que el centro “no parece mi hospital”, describiéndolo como un lugar con pasillos de personal silenciosos, donde todo el mundo lleva mascarilla. “Ya no hay risas, ni conversaciones, sino saludos a distancia y caras tristes”. Afirma que el hospital está saturado y los trabajadores, “sobrecogidos. No terminamos de asimilar lo que nos está sucediendo. Vamos vestidos de la manera más incómoda que se pueda imaginar, y solo se puede salir, si la cosa va bien, una vez en el turno”.

“Yo tengo la suerte, entre comillas, de trabajar en UCI desde hace tres años”, comienza Fernández. Antes contaban con 18 camas de cuidados intensivos, ahora, añade, “creo que hay más de 60 repartidas por el hospital”. “Yo soy personal entrenada en UCI, por eso digo lo de la suerte”, destaca, subrayando que, sin embargo, hay otros muchos enfermeros que están viviendo una “verdadera metamorfosis laboral: de hacer endoscopias a llevar pacientes con respirador a este nivel de gravedad. Una pesadilla”.

Labores enfermeras en la UCI

“Nosotras estamos todo el turno dentro de las unidades, que se quedan a puerta cerrada y para entrar hay que ponerse el EPI completo, y se tarda bastante. Los médicos no están todo el turno, ellos ven a otros pacientes y tienen un despacho; con esto quiero decir que en esta situación tenemos que resolver mucho más rápido que antes”, relata esta enfermera.

En cuanto a las tareas que se desempeñan en la unidad, Fernández hace referencia a que se trata de pacientes intubados con neumonías muy graves, que requieren muchos cuidados y muchas perfusiones. Las profesionales manejan Fi02 muy altas, y no se puede movilizar a los afectados porque se desaturan con cualquier esfuerzo. Se debe pronar a bastantes de ellos, porque, de esa manera, cuenta, mejora su perfusión y la saturación. “Pronar a un paciente precisa de habilidad, experiencia y de un buen equipo. Hemodinámicamente están también muy inestables”.

“El trabajo es agotador, no solo por el EPI, sino porque son personas cuyo estado es muy crítico y además hay mucha tensión por situación. Jamás me he ido tan cansada y triste a mi cada; es desolador ver que muchos pacientes no avanzan”. Debido a su trabajo en cuidados intensivos, esta enfermera no puede “hablar de los afectados que están despiertos, aquí todos están dormidos. No hay un día a día para ellos. Con suerte, cuando despierten ya no tienen el tubo orotraqueal y enseguida les enviamos a planta, porque se necesitan las camas de UCI”, concluye.

La situación de la profesión

“Llevamos más de una semana mala. Empezamos bien, pero en estos últimos diez días (la entrevista para este texto se realizó entre el 30 y 31 de marzo), es raro el día que dos o tres compañeras dan positivo”. Esta enfermera advierte de que se están quedando sin personal, “han contratado a alumnos de 4º de Enfermería, que ejercen como enfermeros y les doy las gracias por valientes”.

“Hay días mejores y otros peores. Yo ya no doy besos a mi pequeña de 3 años, porque siempre estás con el miedo de haberte podido contagiar en el turno y me duele en el alma”, apunta, subrayando que nada más entrar en casa, va a la ducha, sin tocar nada; “eso lo hacemos todos, tienes la sensación de estar llena de coronavirus. Y desinfecto con lejía todo cuanto toco. Voy siempre con mascarilla quirúrgica en casa, y mi marido también. Vivir con la incógnita de ser un posible contagio e infectar a los tuyos es lo peor de este virus”. En cuanto al estado anímico, “pues qué decir, es voluble, muy voluble; en parte porque estoy muy cansada y eso hace que no me resulta fácil desconectar. Es agotador”.

Por todo ello, Fernández quiere mandar un mensaje para los profesionales en esta situación: “Nos ha tocado ser soldados y no estábamos preparados. Mucho ánimo, compañeros, y protegeos en la medida de lo posible. Cuando todo esto acabe, alguien tendrá que asumir responsabilidades”.

Coronavirus, enfermera, UCI

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