«Historia de una enfermera», la profesión ayer y hoy

Viernes, 13 de octubre de 2017

Hemos entrevistado a Lola Montalvo, enfermera de análisis clínicos con una amplia experiencia en los casi 30 años que lleva ejerciendo la profesión, y autora del libro Historia de una enfermera (2017), una obra en la que nos cuenta su visión de la enfermería desde dos puntos de vista diferentes: uno bajo el prisma de la actualidad, y otro en los tiempos de la posguerra tras la Guerra Civil española. Con Marian y Marina, sus dos protagonistas, hace un repaso de este siglo de historia de la profesión.

Nos habla de su obra, de otras novelas que ha escrito y comenta su perspectiva de la situación actual y el futuro de la enfermería.

Pregunta: Lola, ¿qué nos vamos a encontrar en Historia de una enfermera? Esta pregunta es obligada dadas las circunstancias: ¿qué tiene de autobiográfica esta novela?

Respuesta: Historia de una enfermera es una novela en la que muestro a dos enfermeras. La que trabaja en tiempo actual es Marian, que ve la enfermería tal como la veo yo, habla por mí, de hecho la narración es en primera persona, muestra mi punto de vista cuando defiende nuestra profesión; su pasión y su vocación son las mías. La otra enfermera, Marina, vive y trabaja en los años de la dictadura franquista y nos muestra un esbozo de cómo era ser enfermera en esa época. No es una biografía como tal, pero sí es cierto que Marian tiene mucho de mí y habla por mi boca. Es más, varias de las cosas que le pasan en el desarrollo de su labor como enfermera en la novela me sucedieron a mí.

P.: Esta no es tu primera novela, sin embargo, has comentado que es la más personal. ¿Qué te llevó a escribirla? ¿De dónde surgió la idea?

R.: Escribí esta novela impulsada por una crisis profesional derivada de un quemamiento tan intenso que creí que no quería trabajar nunca más de enfermera. Sumergirme en  esta historia, narrar las vicisitudes de Marian y de Marina me hizo sentir de nuevo el amor que tengo por mi profesión. Y hoy día sigo siendo enfermera.

Necesitaba mostrar cómo trabajamos, cómo es nuestra profesión desde dentro, qué suponen nuestros cuidados en la atención de enfermos. Necesitaba reivindicarnos.

Estoy hastiada de series de televisión que muestran enfermeras pasivas y a la sombra de otros profesionales. En esta novela cuento cómo veo nuestra profesión, de qué puede ser capaz, pero también critico sus dolencias y sus carencias, tal como yo las veo. Creo que soy bastante honesta con la imagen que doy de la enfermería actual.

Con esta novela me descubrí siendo escritora y ya no pude dejar de escribir desde entonces. Y ya llevo cuatro novelas hasta hoy.

P.: La novela aborda en realidad una doble historia, la de Marian y Marina, ¿qué nos puedes contar de ambas protagonistas?

R.: Marina es una víctima de la Guerra Civil, de las represalias franquistas, de la pobreza de la posguerra, cuyas carencias sufrieron de primera mano las personas humildes de esos años. En la novela hago un esbozo de lo complicado que resultaba para las mujeres durante la dictadura conseguir estudios y poder desarrollar de forma plena la profesión que deseaban desempeñar. He sido generosa y he permitido a Marina que lo logre, pero ¿cuántas mujeres se quedaron en el camino de su vocación por falta de recursos económicos y sociales, o por falta del permiso de los hombres de su familia para hacer estudiar, fruto del machismo de la época?

Marian, aunque también tiene unos orígenes humildes, vive en la época actual, en que las mujeres tenemos supuestamente las mismas oportunidades que los hombres. Las vidas de ambas son similares pero marcadas por la diferencia de sus respectivos tiempos que determinan de forma patente el futuro de cada una de las dos.

En mi fuero interno creo que si Marina hubiera vivido en la actualidad su forma de comportarse y reivindicarse habría sido la misma que la de Marian.

P.: En la portada del libro Marina aparece con el uniforme propio de las enfermeras de los años 40-50, Marian por el contrario desarrolla su labor en la actualidad. ¿Qué visiones de la profesión enfermera nos muestran cada una? ¿Qué vínculo las une?

R.: La labor de las enfermeras en esos años se desarrollaba a la sombra de otros profesionales. Yo misma, en los años ochenta, mientras estudiaba para auxiliar de enfermería, pude ver cómo aún se trataba a la enfermera como a una ayudante del médico, lo que, sin embargo, no restaba que hicieran un trabajo innovador, independiente, capaz e inmejorable en la mayoría de los casos; así es cómo he encuadrado a Marina en su contexto histórico.

Hoy día el trabajo de los enfermeros es más independiente y avanza basado en nuestras propias investigaciones científicas. Nos reivindicamos en el espacio que nos debería corresponder en la Sanidad de nuestro país, reclamando el valor de nuestro cuerpo de conocimientos, de nuestras investigaciones, de nuestra capacidad de gestión siempre que haya una formación y una capacidad que así lo respalde. Así es cómo he plasmado a Marian: reivindicativa, luchadora, tenaz… mostrando los logros que observa a su alrededor y esforzándose para que se lleve a cabo un auténtico trabajo en equipo, en el que se valoren las capacidades de todos los que lo conforman.

Muestro a una enfermera real, que trabaja para hacerlo lo mejor posible, pero que también se siente desbordada, acogotada por los acontecimientos, por los recortes y las órdenes sin sentido, que se cansa, se quema, se desespera y se siente tentada de abandonar. Una enfermera real.

El vínculo que une a Marina y a Marian es la profesión y el medio hospitalario… y ahí lo dejo. No quiero desentrañar nada.

P.: En el libro, además, también recoges microhistorias de los pacientes a los que asisten las protagonistas. ¿Qué papel tienen estos en la obra? ¿Puedes adelantarnos algún caso especial que nos vaya a emocionar o con el que podamos empatizar?

R.: Entrelazando a las enfermeras protagonistas, he escrito pequeños relatos de los enfermos que Marian atiende en su servicio de hospital. Con estas personas he mostrado la enfermedad desde el punto de vista del enfermo, sus miedos, sus temores, sus angustias… Pero también sus esperanzas, su fuerza, su coraje y su valor para llevar una vida lo más normal posible aun con una enfermedad que determinará su futuro.

Creo que invito al lector a que sienta empatía por estas personas y su situación que, por otro lado, son situaciones que nos podrían pasar a cualquiera de nosotros.

Quiero que el lector se sienta embargado, sumergido en el «micromundo» que supone el control de enfermería de un servicio hospitalario cualquiera: enfermos y familias, por un lado; enfermeras, auxiliares, médicos y celadores, por otro. Ambos lados de un control de enfermería que interactúan con un solo objetivo: posibilitar el mejor cuidado a esas personas.

No puedo destacar una historia sobre las demás. Creo que quienes lean la novela se sentirán más cerca de unos que de otros, porque nuestra propia historia personal nos condiciona a ello. He procurado plasmar todas y cada una de ellas con el mismo cariño, con el mismo respeto. Para mí todas ellas son el reflejo y el recuerdo de las personas que cuidé en los quince años que desempeñé mi labor asistencial en hospitales.

P.: Historia de una enfermera es una novela escrita por una profesional de enfermería, ¿está también dirigida a estos profesionales o a todo el público general?

R.: Historia de una enfermera está dirigida al público general, es una novela que todos pueden disfrutar. Su valor reside en el aspecto humano de la narración que nos hacen las dos enfermeras y en que todos nosotros más pronto que tarde tenernos que ser atendidos en un servicio de salud.

Además no solo cuento una historia de enfermeras y hospitales. De fondo, y protagonizada por Marian, hay una historia de amor y un pasado oscuro en la pareja de ella, Rodrigo, que Marian irá desentrañando junto a su amiga y confidente, Auxi. Es una novela que puede gustar a toda persona que la lea.

P.: ¿Van a sentirse identificadas los enfermeros con las historias de la profesión que se hilvanan en la obra?

R.: La trama hospitalaria que narro en la novela es la que yo viví durante más de quince años. Cuento algo que se puede dar de forma cotidiana en cualquier servicio hospitalario de este país. No pretendo sentar una cátedra de nuestra profesión ni pretendo que mi verdad sea la realidad absoluta de la enfermería española: expongo mi experiencia. Pero sí me he sentido un poco responsable de lo que muestro. Por ello cuando un compañero o compañera de profesión me dice que se lo va a leer me siento tensa por dos motivos: como escritora -si le gusta cómo escribo y lo que cuento- y como profesional. Con ellos la responsabilidad es doble y la asumo.

Respeto mi profesión, todas las profesiones sanitarias, y quiero que quienes me lean se sientan cómodos con lo que cuento y cómo lo cuento.

P.: Para finalizar, a lo largo de las páginas del libro abordas la evolución histórica de la profesión en los últimos años, ¿cómo ves a la profesión en el futuro? ¿Cuáles son los principales retos a los que se ha de enfrentar?

R.: Creo que antes de irnos al futuro de la enfermería me gustaría que se salvaran los retos actuales, que nos quedan unos cuantos y, bajo mi punto de vista, son decisivos para poder avanzar. Los enfermeros hemos sufrido los recortes de una forma brutal, lo que condiciona que se trabaje en condiciones precarias, explotadas y sobrecargadas. Recortes que llegan a poner en riesgo la salud y seguridad de los enfermos, de las personas que atendemos: conseguir que se cumplan ratios recomendables enfermeros/enfermos, que regresen las que han emigrado y que se reconozcan de forma patente y real (en puestos reales en las OPE) todas nuestras especialidades creadas y por crear es uno de los retos más importantes.

Algunos políticos nos siguen infravalorando y considerando una profesión incapaz, con lo que los cargos de gestión —que suelen ser cargos de confianza— suelen pasarnos de largo aunque estemos sobradamente capacitadas para ello, formal y personalmente. Por otro lado, las leyes que nos afectan de forma patente para el desarrollo de nuestra labor cotidiana se deciden sin tenernos en cuenta y los legisladores solo escuchan a los colectivos con poder histórico en la sanidad.

Por último, no somos un colectivo muy unido precisamente y nuestra visibilidad social suele ser el reflejo de lo que nuestros representantes oficiales se sienten capacitados de mostrar. Creo que tenemos deberes por hacer, flecos a los que dar solución.

Solventar todo esto de forma adecuada para las enfermeras llevará su tiempo pero ello no es impedimento para que ahora, en este momento, se siga investigando, generando conocimiento, sentando las bases, ya muy sólidas per se, de una profesión capaz y decidida a no considerar como aceptable ningún techo, real o imaginario, que se nos pretenda poner sobre las cabezas de forma arbitraria.

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