La enfermería en la Segunda Guerra Mundial (II)

Lunes, 25 de noviembre de 2019

El papel de las enfermeras durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue fundamental, desde la creación del Cuerpo de Enfermeras en el ejército británico y las famosas Flying Nightingales hasta su labor en los hospitales de avanzada, situados en los mismos campos de batalla, donde se realizaban las primeras curas y transfusiones. “Su figura fue clave, sobre todo para prestar cuidados en el momento inicial, directamente al herido”, explicaba Francisco Javier Castro, enfermero de salud mental, profesor de la Escuela de Enfermería Nuestra Señora de Candelaria y presidente de la Asociación Canaria de Historia de la Profesión Enfermera, en el último número de esta revista, en el que se hacía un repaso general del trabajo que llevaron a cabo las profesionales y voluntarias que participaron, en uno u otro bando, en el conflicto.

Desde Metas de Enfermería hemos vuelto a contactar con Castro para completar la información sobre el papel de la enfermería en la Segunda Guerra Mundial y profundizar en algunos de los momentos más decisivos de dicho periodo histórico.

Frente occidental: el desembarco en Normandía, campos de concentración y guetos

El 6 de junio de 1944, también conocido como el Día D, se produjo el desembarco en Normandía. Los ejércitos británico, canadiense y americano llegaron a las playas del norte de Francia en lo que supondría un paso crucial para la expulsión de los nazis del país galo. “Se habla de la primera línea del 12 de junio, seis días después, cuando una enfermera se va a hacer cargo del puesto de enfermería, donde se recibe información actualizada de la invasión que van a realizar y las actividades que el resto iba a desarrollar”, afirma Castro.

“Hay tres figuras importantes: Lidia Alcott, Edna Birbeck y Mila Roberts, que son, básicamente, las que van a liderar esa actuación, sobre todo en vuelos de evacuación”. Estas enfermeras intentaron por todos los medios, asegura, desalojar del lugar del desembarco a todos, con el apoyo de la Cruz Roja, “a esos heridos que son víctimas de la contienda, que es el gran momento que hace, prácticamente, que el régimen de Hitler caiga. El desembarco en Normandía supone un golpe directo a la línea de flotación del movimiento nazi y estas tres mujeres son las que van a sobrellevar la acogida de esos enfermos. Habrá más nombres, pero ellas destacan porque, después de aquel día, tuvieron una actividad frenética sacando a personas directamente de la zona”.

Uno de los hechos más conocidos de esta guerra fueron los campos de concentración, donde se perpetró el genocidio sistemático de distintos pueblos, y en ellos hubo enfermeras, tanto prisioneras como guardianas. “Lo que mueve principalmente al régimen nazi es el eugenismo. Franco lo estaba realizando también en España, y en Virginia, en Estados Unidos, también se desarrolla a finales del siglo XIX; personas alcohólicas no podían tener hijos, porque se suponía que su prole no iba a tener toda la pureza que pudiera”, asevera este enfermero. “Hubo muchas enfermeras, sobre todo alemanas, que, utilizando este concepto de las corrientes eugenísticas, lo que hicieron fue arrasar en los campos de concentración”. Por ejemplo, conocemos el caso de Pauline Kneissler, “que llegó a asesinar a más de 9.000 personas utilizando inyecciones letales, interviniendo, siendo enfermera, en este genocidio”.

Por otra parte, hubo, como se ha dicho, enfermeras prisioneras, como el caso de Vera Mitler, que es trasladada a un campo de concentración en Frankfurt, donde recibe a otros internos para atenderlos. “Muchas enfermeras fueron apresadas por oponerse directamente a las verdaderas barbaridades del régimen nazi o si las descubrían intentando pasar a personas para salvarles la vida”, y muchas fueron asesinadas, indica. No solo enfermeras, también cuidadoras que, al carecerse de la figura profesional en estos campos, tuvieron que asumir ese papel “de socorrer a los más desvalidos. Esa parte de cuidados tiene mucho calado emocional, es fundamental tenerlo siempre presente. Aunque no se tengan los conocimientos, se ayuda a cuidar. Son nombres que habrá que investigar y sacar a la luz”.

También es conocida la reclusión de los judíos en guetos, siendo el mayor de ellos el de Varsovia, en Polonia, donde surge la figura de Irena Sendler, una enfermera que llegó a salvar a cerca de 2.500 niños judíos condenados a ser víctimas del Holocausto. “Se ganó el calificativo de ‘El ángel del gueto de Varsovia’. No intervino a distancia, sino arriesgando su vida. Es un personaje muy interesante, fue una enfermera y una gran trabajadora social. Se convirtió en una líder dentro de la ciudad, que fue candidata al Premio Nobel de la Paz en 2007”, explica Castro. También surge la de Hannah Gollom Grinberg, que llegó a ser jefa de enfermeras del gueto; “era una judía joven, nació en 1904 y murió con 39 años. Uno de los rasgos que la caracterizó fue su extraordinario coraje: organizó ese movimiento con el que intentaba salvar a niños directamente de la muerte”.

Operación Barbarroja: la batalla de Stalingrado

La batalla de la ciudad de Stalingrado, dentro de la denominada operación Barbarroja, con la que los nazis pretendían invadir la URSS, otra de cuyas operaciones más destacadas fue el sitio de Leningrado, está considerada como una de las más importantes de la Segunda Guerra Mundial. “Alemania lo que buscaba era no solo dominar Stalingrado, porque así controlaría todos los pozos de petróleo del Cáucaso, sino borrar el nombre del líder de la Unión Soviética. La ciudad se convirtió en un punto bastante importante”, apunta.

Y en este contexto, aparece el nombre de una enfermera: María Rojlina. “Ella narra los horrores que llegaron a cometer los alemanes, desde la invasión y a medida que conquistaban territorio ruso, que iban destruyendo lo que se encontraban”, y Rojlina fue enviada a un hospital cerca de la ciudad, actual Volgogrado, donde llegó a recibir heridas por un obús. “Esta enfermera hablaba del bombardeo masivo de los nazis para preparar la entrada en Stalingrado. Y ella y otras dos enfermeras fueron trasladadas a este hospital para socorrer, todo con recursos escasos, para proporcionar comida, alimentación, a los propios soldados del ejército soviético, que tenían grandes necesidades, dados el asedio y la importancia del punto estratégico. La Operación Barbarroja desplazó al frente a un millón de soldados, se trataba de invadir el país más grande el mundo”. Rojlina, explica Castro, comenta toda la actividad que llegó a desarrollar directamente, y cómo pudo sobrevivir.

Pacífico: Pearl Harbor y los bombardeos nucleares

La guerra no solo se desarrolló en Europa, Estados Unidos también participó en luchas en el océano Pacífico, como las famosas batallas de Iwo Jima o de Guadalcanal, tras el ataque de Japón a Pearl Harbor, en Hawái, el 7 de diciembre de 1941. “Esto sirve de trampolín para que los norteamericanos pudieran entrar en la guerra. Los japoneses intentan destruir la flota americana y conseguir el dominio del Pacífico, el océano más grande”, comenta este enfermero.

En 1941 había, básicamente, mil enfermeras, que se habían enrolado, repartidas en el ejército estadounidense, de las que 82 estuvieron en Hawái y otras 60 en Filipinas antes del momento del ataque (“después de la pérdida de la colonia española, los americanos empiezan a jugar un papel importante dentro del archipiélago”). Al concluir la contienda, principalmente insular, el general MacArthur, continúa, estableció que 50 de las que estuvieron en Filipinas y una de la Marina fueran enviadas para poner en marcha hospitales de campaña. “Al final de la lucha, a un total de 85 enfermeras se le ordenó evacuar la propia isla. Fue una labor importante. Otras fueron capturadas en 1942, y fueron internadas en Santo Tomé para encargarse de 3.000 civiles”; muchas fueron hechas prisioneras en el Pacífico, y se las obligó a trabajar en los campos de concentración para socorrer a los soldados internos. “Algunas fallecieron y otras estuvieron a pie de camilla, intentando asistir a esos soldados que habían sido atacados”.

El 6 y el 9 de agosto de 1945 tuvieron lugar los bombardeos nucleares de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, tras lo que se produjo la rendición de Japón y finalizó la Segunda Guerra Mundial. “Ya los alemanes tenían la intención de incorporar materiales nucleares a sus bombas”, afirma Castro. “El uranio y el plutonio con los que se diseñan las armas del proyecto Manhattan estaban en Berlín cuando llegan los americanos. Se capturan como botín en la capital germana y se utilizan en los bombardeos”. “El papel de las enfermeras es importante también aquí”, manifiesta, y destaca que el 93% de las que se encontraban en Hiroshima, y el 90% de los médicos, murió o resultó herida, por lo que el número de profesionales fue muy reducido; “lo que hacían era intentar atender las quemaduras atroces de aquellos que habían sobrevivido, causadas por las primeras bombas nucleares, y también esa ‘línea negra’, resultado del polvo y los escombros que fueron cayendo”. En los hospitales que se instalaron, apunta, se llegó a utilizar harina de trigo para curar las quemaduras, “se las vendaba y se intentaba aliviar el dolor, porque prácticamente desapareció el personal sanitario”, concluye.

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