La OMS y UNICEF cifran en 23 millones los niños que no recibieron vacunas básicas en 2020, 3,7 millones más que el año anterior

Martes, 20 de julio de 2021

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF han publicado recientemente que han sido 23 millones de niños los que, en 2020, no han recibido las vacunas básicas administradas a través de los servicios de inmunización sistemática, lo que supone 3,7 millones más que el año anterior. Estos datos globales sobre la vacunación infantil, que reflejan por primera vez, las interrupciones de estos servicios a raíz de la COVID-19, señalan que la mayoría de los países registró en 2020 descensos en la tasa de vacunación infantil, de acuerdo con lo expuesto por la OMS en un comunicado.

“Resulta preocupante que la mayoría de estos niños, hasta 17 millones, probablemente no recibió ni una sola vacuna durante ese año, lo que agrava las enormes desigualdades ya existentes en el acceso a las vacunas”, destacan. Gran parte de este colectivo vive en comunidades afectadas por conflictos, en lugares donde la atención “es deficiente” o en entornos informales o barrios marginales, en los que “sufren múltiples privaciones, como el acceso limitado a los servicios básicos de salud y a los servicios sociales fundamentales”.

El doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, ha querido poner de manifiesto que “mientras los países claman por conseguir las vacunas contra la COVID-19, hemos retrocedido en otras vacunaciones, dejando que los niños estén expuestos al riesgo de contraer enfermedades devastadoras pero prevenibles, como el sarampión, la poliomielitis o la meningitis. La aparición de múltiples brotes de enfermedades sería catastrófica para las comunidades y los sistemas de salud, que ya están luchando contra la COVID-19, por lo que es más urgente que nunca intervenir en la vacunación infantil y garantizar que se atienda a todos los niños”.

La OMS califica de “generalizadas” las interrupciones en los servicios de vacunación durante el pasado año, siendo las regiones de Asia Sudoriental y el Mediterráneo Oriental de la entidad las más afectadas. Al disminuir el acceso a los servicios de salud y el alcance de la vacunación, el número de niños que no recibieron sus primeras vacunas se incrementó en todas las regiones. En comparación, en 2019, 3,5 millones más de niños no recibieron su primera dosis de la vacuna contra la difteria, el tétenos y la tos ferina, mientras que 3 millones más de niños se quedaron sin primera dosis de la vacuna contra el sarampión.

Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF, incidió en que estas cifras “deberían ser una clara advertencia, la pandemia de COVID-19 y las perturbaciones relacionadas con ella nos han hecho perder un terrero valioso, algo que no podemos permitirnos, y las consecuencias tendrán un costo en términos de vidas y del bienestar de las más vulnerables. Ya antes de la pandemia había indicios preocupantes de que estábamos empezando a perder terreno en la lucha por la inmunización de los niños contra las enfermedades infantiles prevenibles, incluidos los brotes generalizados de sarampión que se produjeron hace dos años. La pandemia no ha hecho más que agravar una situación ya de por sí crítica. Todos tenemos un mente la distribución equitativa de las vacunas contra la COVID-19, pero hemos de recordar que la distribución de las vacunas siempre ha sido desigual, aunque no tiene por qué serlo”.

En este sentido, apuntan en la citada nota informativa, la OMS, UNICEF y algunos socios como GAVI, apoyan proyectos orientados a fortalecer los sistemas de inmunización mediante el restablecimiento de los servicios y las campañas de vacunación para que los países puedan llevar a cabo con seguridad los programas de inmunización sistemática durante la pandemia de COVID-19; la ayuda a los trabajadores de la salud y a los líderes de la comunidad a comunicarse activamente con los cuidadores para explicarles la importancia de la vacunación; la rectificación de las lagunas en la cobertura de inmunización, particularmente con la identificación de las comunidades y las personas que no han recibido atención durante la pandemia; la vigilancia de que la administración de vacunas contra la COVID-19 se planifique y financie de manera independiente, y se lleve a cabo paralelamente a los servicios de vacunación infantil, y no a expensas de los mismos; o la aplicación de los planes de los países para prevenir los brotes de enfermedades prevenibles mediante la vacunación y darles respuesta, y reforzar los sistemas de inmunización en el contexto de la recuperación tras la COVID-19.

Las entidades, concluyen desde la OMS, trabajan de forma colaborativa con los países y los asociados para alcanzar “las ambiciosas metas de la Agenda de Inmunización 2030, de alcance mundial, y que tiene por objetivo lograr que las vacunas esenciales administradas en la infancia alcancen una cobertura del 90%; reducir a la mitad el número de niños no vacunados en absoluto, o niños de ‘dosis cero’; y aumentar la aceptación de las nuevas vacunas que salvan vidas, como las vacunas contra el rotavirus o el neumococo, en los países de ingreso bajo y mediano”.

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