“Para trabajar con colectivos vulnerables la empatía y la humanización de la atención son las mayores herramientas con las que contamos”

Jueves, 22 de noviembre de 2018

Tras diplomarse como enfermera, Belén M. Matesanz Mateu emigró a Inglaterra donde trabajó durante nueve años en Cuidados Críticos del Servicio Nacional de Salud, allí se especializó en esta área. Al regresar a España comenzó a trabajar como enfermera en Médicos del Mundo con colectivos de exclusión social, donde evolucionó gradualmente al puesto de coordinación de los proyectos autonómicos sin abandonar por completo la atención bio-psico-social.

-Pregunta. Los límites que definen el concepto de exclusión social son amplios y diversos. ¿Qué se entiende por exclusión social? ¿Qué grupos son los más vulnerables?

-Respuesta. La exclusión social es un término muy amplio y que se a da a entender más como una escala que una situación en sí. De acuerdo a los últimos datos del informe Foessa se estima que más del 60% de la población española vive en riesgo de exclusión social. La inclusión social se mide por tres niveles: nivel de participación política y acceso a los derechos sociales y de la ciudadanía, nivel de participación en la producción y capacidad económica, así como las relaciones y vínculos sociales.

El nivel de exclusión social o vulnerabilidad se mide por diferentes indicadores, entre ellos el acceso al empadronamiento y/o tarjeta sanitaria, acceso a una vivienda digna, situación laboral, nivel socioeconómico, educativo, nivel de salud y/o discapacidad, apoyo familiar y/o social…

Hay numerosos grupos vulnerables como los menores de edad, personas con diversidad funcional, minorías sociales como las personas migrantes, etc. En el caso de mi actividad laboral actual, intervenimos con personas migrantes en situación administrativa regular o irregular con dificultades de acceso a la sanidad pública, personas en situación de prostitución, personas con consumo activo de drogas inyectadas, así como personas sin hogar.

Belén M. Matesanz Mateu

-P ¿Cuáles son las funciones de un profesional enfermero dedicado al área de integración social?

-R. Las funciones de la enfermera que trabaja con colectivos vulnerables son más psicosociales que clínicas. Es importante valorar a la persona de una manera holística, no

solo analizando y valorando su situación de salud, sino abordando toda una valoración de su situación familiar y social, su conocimiento de los recursos sociosanitarios, el proceso que le ha llevado a la situación actual y, sobre todo, una buena coordinación con los diferentes recursos y profesiones de la red existente.

Como enfermera social para mí es esencial conocer los recursos sociales y sanitarios de la comunidad y el trabajo en red con los mismos para facilitar los procesos necesarios para lograr la inclusión en los servicios normalizados de estos colectivos. Para ello, la función principal es la educación para la salud, formar y capacitar a las personas en sus derechos y deberes como ciudadanía, empoderándolas para convertirse en protagonistas de su propio proceso, acompañándoles en el camino hacia la inclusión social.

-P ¿Con qué colectivos ha trabajado usted? ¿Qué actividades llevaba a cabo?

-R. En los últimos diez años he tenido la oportunidad de trabajar con distintos colectivos vulnerables, modificando los proyectos y la intervención de acuerdo a las necesidades y realidades de los mismos. Durante los primeros años trabajando como enfermera en Metges del Món (Illes Balears) fue en un nivel más asistencial debido a la falta de sanidad universal, mientras fomentábamos el acceso a la tarjeta sanitaria de las personas atendidas.

Cada colectivo vulnerable tiene necesidades y realidades diferentes, lo que implica adaptar la intervención a los mismos. Por ejemplo, con las personas en situación de prostitución trabajo mayoritariamente en el área de salud sexual y reproductiva, prevención de la violencia de género y fomento de la igualdad, así como el empoderamiento sociosanitario de estas personas que sufren un gran número de vulneraciones de sus derechos de forma continuada.

Con las personas que consumen drogas inyectadas la labor de la enfermera es fomentar hábitos de vida más saludables dentro de sus limitaciones, garantizar consumos más seguros, respetando su libertad de elección y decisión, pero intentando garantizar que el mismo afecte de la menor manera posible a su nivel de integración social.

Con las personas sin hogar trabajamos desde una visión más comunitaria capacitándolos en cuanto a los diferentes activos en salud existentes en la comunidad para fomentar su uso. Las personas migrantes se trabaja desde una perspectiva multicultural y antropológica, respetando sus culturas y tradiciones.

Todas estas intervenciones no tienen sentido si no se acompañan de campañas y acciones regulares destinadas a sensibilizar a la población general y profesionales sociosanitarios, así como trabajar con las administraciones públicas para lograr políticas y normativas más participativas.

-P. Si la labor enfermera conlleva una alta dosis de empatía en términos generales, trabajar con personas en riesgo de exclusión social tiene que ser emocionalmente complicado. ¿Qué es lo más difícil y lo más satisfactorio de su labor?

-R. Para trabajar con colectivos vulnerables la empatía y la humanización de la atención son las mayores herramientas con las que contamos, así como una buena comunicación cercana y adaptada. Para mí, lo más duro es ver cómo los procesos se alargan en el tiempo y no siempre podemos lograr nuestros objetivos, así como las recaídas.

Pero, por otro lado, la satisfacción de las personas que logran obtener la tarjeta sanitaria, o reducen su nivel de exclusión o incluso consiguen ser parte activa de la ciudadanía, es tremendamente gratificante. En el día a día se crean relaciones muy cercanas con las personas con las que trabajo y su gratitud por ser tratadas como “personas” es para mí el motor de mi día a día.

-P. Cuenta con una amplia experiencia en colectivos sociales desfavorecidos, lo que le permite conocer la realidad de esta parte de la población, ¿por dónde, en su opinión, han de pasar las medidas para dar solución a este tipo de situaciones?

-R. Los problemas de los colectivos vulnerables han de abordarse de forma global. Tenemos que aumentar la sensibilización de la población general y en especial de las futuras generaciones, es esencial acercarse a los centros de educación secundaria para lograr que en el futuro todas las personas luchemos por una sociedad más igualitaria e inclusiva.

Se ha de trabajar activamente en la participación política de la sociedad, se debe presionar para que nuestros gobernantes tengan una visión globalizada con perspectiva de derechos humanos y donde se garantice el Estado de Bienestar.

La sociedad no puede seguir mirando hacia otro lado e ignorando que convivimos con personas que viven en extrema pobreza, sin acceso a viviendas dignas, sin acceso a una oportunidad educativa o laboral real mientras una pequeña parte de la sociedad se beneficia de los recursos económicos explotando a las minorías sociales.

Para mí, el mayor reto que se presenta es la inclusión de la formación en igualdad de género y el respeto por la multi-interculturalidad desde los centros de educación infantil hasta los estudios superiores. Una sociedad formada y capacitada es una sociedad más fuerte y con mayor capacidad de solidaridad y empatía hacia el prójimo.

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