Salud mental en centros penitenciarios: el papel de la enfermera

Martes, 13 de septiembre de 2022

por Natalia Hernández Manjón

La salud mental hace referencia al bienestar cognitivo, conductual y emocional. Se trata de cómo piensan, sienten y se comportan las personas. La pandemia que estamos viviendo en todo el mundo ha afectado a la salud mental por el miedo, la incertidumbre, el aislamiento social o la soledad que se ha vivido, pero antes de esta emergencia sanitaria, la salud mental ya era un problema y en muchas ocasiones un tema incómodo, abandonado y escondido. Por todo ello, las enfermeras de esta especialidad se hacen más necesarias que nunca, una figura que lucha por evitar que sea invisible y desconocida.

Hay que tener en cuenta que la prevalencia de trastornos mentales en la población reclusa es significativamente más alta que en la población en general. Si este tipo de problemas están invisibilizados en la sociedad, aquellos que los presentan dentro de una prisión más aún. Tal y como denunciaban expertos y organizaciones sociales, nueve de cada diez reclusos han tenido algún trastorno mental a lo largo de su vida, según un informe del Ministerio de Interior, una prevalencia cinco veces superior a la de la población general y que se multiplica por diez en casos graves, como la psicosis o la esquizofrenia, respecto a las personas no encarceladas. Sin embargo, ¿cómo es y cómo se realiza este servicio en un centro penitenciario?

Salud mental en centros penitenciarios | iStock
Salud mental en centros penitenciarios | iStock

Atención en centros penitenciarios

“¿Visitas sola la consulta? ¿No te da miedo? ¿Se acercan a ti? ¿Los internos van con grilletes todo el día? ¿Te han agredido? Ah, pero, ¿hay enfermeras y médicos en prisión? ¿Y cómo puede ser que haya personas con problemas de salud mental en prisión?” estas son algunas de las preguntas que le han hecho a Elisabet Prat, enfermera de la red de salud mental del Parc Sanitari Sant Joan de Déu (Barcelona), uno de los proveedores de salud mental penitenciaria en Cataluña. Cuando comenzó Enfermería no se imaginaba trabajar donde está en la actualidad, pero le fascinó la carrera y nunca más pensó en cambiar de profesión. Eligió salud mental porque “aparte de las técnicas de Enfermería y los cuidados, el poder acompañar a las personas en el proceso de recuperación, sobre todo las que presentan un trastorno mental, es duro, pero a la vez muy enriquecedor a todos los niveles, son personas con una gran sensibilidad”, cuenta.

A ella le apasionó la profesión, y dentro de la misma le gustaba la especialidad de salud mental, pero ¿cómo fue su primer contacto con la Enfermería en centros penitenciarios? Comenzó a trabajar como auxiliar de Enfermería mientras estudiaba los dos años que le quedaban para terminar la carrera. “Una vez terminé Enfermería seguí siempre en salud mental y hasta el día de hoy. Ya son 20 años en el medio penitenciario”, afirma.

Trabaja en los equipos de atención ambulatoria llamados PSP (Programa de Suport a la Primària). Allí prestan atención integral a los usuarios que no requieren hospitalización y están ubicados en los módulos residenciales. Junto a ella trabajan en el equipo PSP psiquiatras, psicólogos, terapeutas ocupacionales y enfermeras. “Depende del centro, y según la intensidad o necesidad del abordaje, hay más o menos cantidad de profesionales pero, como mínimo, siempre se cuenta con uno de cada disciplina. Son equipos de seis o siete personas, comprometidos con la hospitalidad, el respeto y la calidad. En las unidades hospitalarias, la ratio en los equipos es mayor. Son unidades que entre todos los turnos tienen entre 80-90 profesionales en total”, explica.

Salud mental

Cuando eligió trabajar en el ámbito penitenciario, su entorno no lo tenía muy claro. “A mi entorno, sobre todo a mis padres, les chocó cuando les informé de mi nuevo trabajo. No estaban muy seguros de que fuera a trabajar en una prisión, seguramente por mi edad, mi nula experiencia y el miedo que genera el medio penitenciario. Pero yo estaba decidida a trabajar y me han apoyado siempre hasta el día de hoy”. Y es que es un ámbito bastante desconocido, del que no se habla habitualmente y cuya imagen dista mucho de la realidad.

Además, contar con servicios médicos en estas instituciones es algo bastante reciente, de hecho, existe también el Grupo de Enfermería de la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria (GESESP), formado por enfermeros repartidos en diferentes centros penitenciarios, que tiene como objetivo acabar con ese aislamiento y desconocimiento, y luchar por potenciar el rol de la Enfermería y dar visibilidad a este trabajo que no se realiza dentro de un centro hospitalario.

Hablar de salud mental en estos centros es un tema más sensible. Elisabet es una de las enfermeras que atiende a los internos con trastorno mental severo, unas personas que necesitan un mayor seguimiento. Muchas de ellas presentan trastornos de la personalidad, seguidos de ansiedad, depresión o problemas derivados también por el consumo de drogas, y en un momento donde se disparan trastornos como la ansiedad, la depresión, las adicciones o florecen las ideas suicidas, sin olvidar las nada desdeñables cifras de graves dolencias como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, la presencia de enfermeras especialistas se hace más necesaria aún si cabe.

La frecuencia del seguimiento que hacen enfermeras como Elisabet va en función de las necesidades de la persona, no del trastorno que tienen. Entre ellas, llevan a cabo el seguimiento partiendo de patrones de salud, valorando las necesidades de cada usuario y realizando planes de cuidados individualizados. Además, se efectúa la detección, el seguimiento y la comunicación de señales de alarma de descompensación de trastorno mental y/o detección de riesgo autolesivo de la persona; el seguimiento y la valoración de la integración del entorno, las actividades enfocadas en la prevención, promoción y rehabilitación, principalmente centradas en fomentar el autocuidado y la autonomía de la persona con trastorno mental, dando soporte en la gestión del trastorno y en la toma de decisiones.

Otra de las funciones importantes que realizan los profesionales enfermeros es acompañar a sujetos con problemas de salud mental para trabajar la adherencia al tratamiento y la conciencia de su diagnóstico, aplicación de medicación y farmacovigilancia. “Pero, además de la atención directa al usuario, hay una función primordial para ofrecer una atención integral, que es la coordinación con los equipos de tratamiento, el equipo de vigilancia, los servicios médicos y, previa a la salida del centro, con los dispositivos de salud que lo van a acompañar una vez en libertad. Es importante iniciar la vinculación con la red de la comunidad cuando están en el centro para garantizar una mayor continuidad asistencial”, nos explica esta profesional.

En el día a día, el trabajo es el de visitar a las personas atendidas, llevar a cabo coordinaciones con los equipos, con el propio equipo, ya sea a través de reuniones, mail, teléfono, etc., y atender a las urgencias que puedan surgir.

Elisabet concluye que “las funciones y actividades de la enfermera de salud mental en el contexto penitenciario son las mismas que en el ámbito comunitario, pero con la especificidad que supone atender en un centro de esta índole”.

El miedo

Es cierto que no es un entorno sencillo y Elisabet relata que sí ha podido vivir alguna situación complicada porque, como afirma, la probabilidad de estar en una situación de mayor conflictividad aumenta respecto a los enfermeros que trabajan en centro sanitarios. “La población que atendemos, ya solo por el hecho de estar privados de libertad, tiende a aumentar el factor estrés y eso a veces provoca situaciones de ansiedad elevada. Personalmente no diría que exista peligro, ni que sea diario, ni tampoco que ocurran incidentes a menudo. Además, no estamos solos, compartimos nuestro día a día con los profesionales del ámbito de la justicia de manera coordinada”.

Esta enfermera quería estudiar Biología en un principio, pero no pudo ser. No comenzó, por tanto, convencida Enfermería pero admite que no cambiaría jamás su carrera, su profesión. Se lleva cada día experiencias muy positivas de los usuarios a los que atiende. “Reciben bien la atención que se les ofrece, me han hecho valorar las cosas pequeñas y desvalorizar lo material y, sobre todo, ser consciente y valorar que ofrecer escucha, atención y acompañar en el proceso de recuperación y la vinculación es muy importante para la salud mental y emocional de las personas”.

Según un estudio realizado por el Grupo de Enfermería de la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria (GESESP), la mayoría de los internos manifestó utilizar la consulta de Enfermería diaria o semanalmente, valorando la mayoría que la enfermera siempre o casi siempre resuelve su problema de salud. Esto muestra que gran parte de la población reclusa valora positivamente la atención de las enfermeras, y que la consulta de Enfermería es el eje central, ya sea esta a demanda o programada. La organización de la vida en un centro penitenciario (restricciones, convivencia forzosa, horarios severos, monotonía, aislamiento emocional, etc.) hace muy complicada la creación de espacios terapéuticos adecuados para el tratamiento de algunas personas con enfermedad mental. Por ello, los centros penitenciarios necesitan unos profesionales de Enfermería capaces de prestar una asistencia suficiente y de calidad a estas personas.

La Enfermería psiquiátrica penitenciaria sigue siendo desconocida, tiene mucho camino por recorrer pero, es segura y muy necesaria. Solo hay que tener claro el entorno en el que se está y, tal y como afirma Elisabet, saber que el pilar básico para ser una buena enfermera que trabaja en prisión es “ser una persona paciente, con capacidad de adaptación, de escucha, saber trabajar en equipo y saber reaccionar ante situaciones complicadas”, porque al fin y al cabo son personas privadas de libertad.

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