Una paciente escribe una carta para agradecer la labor de los profesionales sanitarios que le ayudaron a superar su enfermedad

Martes, 4 de diciembre de 2018

María Lucas López  es una joven que decidió escribir una carta para agradecer el trabajo y la labor del hospital donde estuvo ingresada tanto tiempo y, sobre todo, a los profesionales sanitarios que estuvieron a su lado en cada momento de su enfermedad.

María Lucas | Elperiódico

En la carta, cuenta su historia desde el día que ingresó, en enero de 2018, en el Hospital Perpetuo Socorro de Badajoz donde, en un primer momento, le diagnosticaron anemia. Tras ello tuvo que pasar por un sinfín de pruebas mientras iba viendo que su cuerpo no resistía más y se iba poco a poco quedando sin fuerzas y apagando. Un estado que la obligaba a tener siempre a alguien a su lado para que la ayudara en todo momento. “Más pruebas, más sangre, más corticoides… y me voy quedando sin fuerzas. No puedo ir sin ayuda al baño, a la ducha ni al sillón”, explicaba.

Cada vez le iba a visitar más gente, cosa que le iba resultando raro. A la vez, todos los profesionales sanitarios hicieron todo lo posible por su estado, su ánimo y por mejorar su actitud, incluso los días que no tenían que trabajar.  No solo admira la labor de los trabajadores del Hospital Perpetuo Socorro, también del Infanta Cristina de Badajoz, al que la trasladaron para la unidad de hematología. Días y días de aislamiento. “Cada vez notaba como si la vida se me fuera, intentas estar bien, pero no puedes, el cuerpo no me responde, mis piernas, mis pies no se mueven”, recuerda. Pero allí estaban su enfermero y la auxiliar para acompañarla.

Fueron días muy duros, donde tuvo que despedirse de sus seres queridos más cercanos, a quienes incluso pidió algo que jamás pensó que haría: que cuidaran de su niña pequeña cuando ella no estuviera para que fuera feliz. Finalmente, los médicos le informaron de que lo que tiene era un linfoma pero que harán todo lo posible porque saliera adelante y pudiera seguir con su vida. Ahora tocaba empezar con el tratamiento, luchar, superar las sesiones eternas de quimio y el dolor que le producen. María, como todos los pacientes de cáncer, llevaba muy mal el aislamiento, el no poder estar cerca de su familia, ni siquiera para celebrar el cumpleaños de su hija. Pero ahí estaban sus “héroes” que la ayudaban en todo momento:

Un día no aguantaba el dolor y llegó Manolo Pérez, me puso un rescate de morfina y me cogió de la mano y allí se quedó a mi lado, hasta que desapareció el dolor.

Otro día Juan Carlos (enfermero, pero lo mismo hace de enfermero como de auxiliar), me decía, intenta tener la mente ocupada ¿te traigo un libro?

O cuando llegaba Manolo Campos ‘Manolo Jaén’ y hablábamos de los conejos que hay en su tierra …

O cuando llegaba Puri con su disposición.

Ellos son mis héroes, los que me daban fuerzas y coraje.

Y que decir de Toni (supervisora), intentando tranquilízame por los fuertes dolores de cabeza, haciéndome un masaje en la frente. ¿Que necesitas? Pídeme lo que quieras, no aguantes el dolor. Todo va a salir bien, se fuerte.

Los martes venía Virginia la psicóloga (que buenos vinos hay en Almendralejo) y todos las mañanas del primer ciclo Ana la fisioterapeuta (me enseñó a volver a caminar ).

Elena y Pilar las residentes, tan simpáticas, tan risueñas, tan profesionales. No dejéis nunca de sonreír.

Llegan Rosa y Eva ‘la alegría de la huerta’ y te hacen apartar los malos pensamientos y ríes. No sabía yo como se puede apreciar, bueno no, querer tanto a estas dos auxiliares.

Ahora toca un poco de ansiedad y llega Isabel, con sus pelos teñidos de mil colores y se te quita la ansiedad y todo lo que tengas. «Hasta mañana mi niña, que duermas bien». Siempre tan educada, siempre con esa vitalidad (que buena jubilación te espera).

Toca lavarse todas las mañanas y llega Marta con su dulzura «no te preocupes lo hacemos poquito  a poco para que no te duela».

Y así, poco a poco fueron pasando los días, los meses, los ciclos hasta que por fin llegó el día en el que se acabaron los ingresos, los aislamientos, y mucho en parte por todos ellos, los que cada día le ayudaban a ver un poquito más de luz. “Ahora entiendo por qué estáis en la última planta, en la octava, porque sois mis ángeles y estáis más cerca del cielo”, concluye.

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