“Una semana antes del confinamiento me despedí temporalmente de mis padres, ya que por edad eran población de alto riesgo. Mi círculo se ha reducido al hogar”

Lunes, 20 de abril de 2020

“Sin duda los afectados por COVID-19 son los grandes perjudicados de esta pandemia, y la incertidumbre de empeorar ahonda en ellos. Las constantes noticias de número de contagios, fallecimientos, colapso de hospitales… no ayudan mucho, se ha convertido en un monotema de conversación de familiares, medios de comunicación y redes sociales”, argumenta Francisco López, enfermero del Hospital Río Hortega, en Valladolid. “Imagina estar aislado en una habitación y recibir información sobre el reducido número de camas de UVI que queda y que hay centros donde tienen que elegir a quién tratar; los sentimientos de temor y miedo deben de ser enormes”. Sin embargo, afirma, los múltiples casos de curación y altas son la gran esperanza a través de la que las enfermeras canalizan la ayuda psicológica a los pacientes.

Foto: Francisco López. Atendiendo críticos COVID

Es en estos y en el personal donde López pone el foco a la hora de hablar de cómo está afectando esta pandemia en todas las esferas de la vida. “Los sanitarios son los más afectados por el contagio profesional, siendo nuestro colectivo el que presenta mayor proporción debido a la cercanía con el paciente. Habrá que analizar en qué incidencia se ha dado en cada caso y si ha habido ausencia del material adecuado de protección. En caso, nunca he tenido falta de estos recursos, eso dice mucho de las personas encargadas de la organización del Río Hortega”, concluye.

Un día en el hospital

Este enfermero describe como “toda una prueba de superación para todo el personal” el abordaje de esta situación; “el trabajo que se está haciendo es extraordinario”, apunta, “ha sido momento para tomar decisiones valientes tanto en la gestión como en la formación o la labor asistencial”. Destaca que el cambio ha sido significativo, ya que se suspendieron todas las intervenciones no urgentes, se vaciaron las unidades de hospitalización, se amplió el número de camas de UVI, se instalaron carpas de triaje y se reorganizaron las urgencias. “La implicación de todos los colectivos es fantástica, desde la dirección de Enfermería, gestionando personal o material de protección, pasando por la labor de diferentes supervisores de Enfermería, reestructurando las unidades, planillas, turnos, y todo a contrarreloj”.

En lo que respecta a los enfermeros, explica, se han modificado los horarios, los turnos, anulando los permisos y reducciones para adaptarse a los nuevos servicios con alta especialización, y formarse rápidamente, y, al mismo tiempo, protegerse ante un virus totalmente desconocido. “Ha sido un gran esfuerzo de todo, médicos que están tratando a los pacientes, celadores que han dado la vuelta al hospital, limpiadoras, técnicos, cocina, etc. De verdad, está siendo una gran labor de equipo. No creo que nadie haya sido capaz de ponerse de perfil y no haya aportado su ayuda en la mayor crisis sanitaria de nuestra historia reciente. Más aún cuando hay sanitarios contagiados deseando volver a incorporarse cuanto antes, porque se sienten vacíos al no poder ofrecer sus cuidados debido a periodos de cuarentena o de recuperación”.

La situación en el centro vallisoletano (la entrevista para este texto se realizó entre el 6 y el 7 de abril) es de ligero descenso de ingresos tras varias semanas de mucha presión asistencial, informa López; se han tenido que ocupar los quirófanos para crear unidades de UVI. “Pero no es tiempo de bajar la guardia, hemos visto cómo está habiendo repuntes en Italia o Japón y hay que estar precavidos”.

La labor de los enfermeros es muy diversa, en función del servicio en el que se encuentren, bien en el primer eslabón en el triaje, en urgencias, unidades de hospitalización o en servicios especiales, apunta. “Realmente, son las mismas pero en mayor volumen por la carga hospitalaria actual y el hándicap de llevar el EPI puesto muchas horas. Pero creo que la gestión correcta del material está siendo todo un reto, debido a la gran demanda tanto de medicación como del resto del material que utilizamos para los cuidados o para protegernos y así evitar el desabastecimiento”.

“Yo dependo del bloque quirúrgico, ahora transformado totalmente en una unidad con camas de UVI, con lo que todo el trabajo se destina a los cuidados de pacientes críticos afectados por COVID-19”, relata este enfermero. El trabajo empieza con una correcta colocación de las medidas de protección antes de pasar a la unidad, y se realiza con la supervisión de otra enfermera, atendiendo a no cometer errores. “Trabajamos en turnos de 12 horas para poder cubrir las necesidades de los pacientes sin que haya déficit de personal. Lo más complicado ha sido cambiar todo nuestro rol, la labor en quirófano es totalmente distinta a una UVI; ambos requieren un alto grado de formación y lo estamos haciendo en poco tiempo y con la ayuda de la enfermería de vigilancia intensiva”.

El día a día de los pacientes

Las personas que ingresan en el hospital, incide, precisan diferentes tipos de tratamiento respiratorio por la gran afectación pulmonar que presenta el COVID-19. Por lo general, la sintomatología de fiebre, tos, dolor articular, muscular o diarrea suele ser toleradas en domicilio por los pacientes, pero en el momento de la hospitalización requieren cuidados para cubrir todas estas necesidades afectadas. Además, urge “un soporte humano superior al resto de pacientes tratados hasta ahora, ya que están sometidas a un alto grado de aislamiento y apenas tienen contacto directo con familiares o amigos. Para los ingresados en unidades de hospitalización la soledad es una de las barreras más duras que tienen que superar; esta es una de las batallas más complejas que están liderando las enfermeras en las plantas”.

“En mi unidad manejamos a pacientes en estado grave, cursan con insuficiencia respiratoria aguda”. Precisan soporte ventilatorio con un respirador, monitorización invasiva, medicación controlada bajo perfusión en bombas para la relajación, sedación, analgesia, nutrición o mantenimiento de la función cardiaca y renal, “aparte de administrar el resto del tratamiento de la infección vírica y de la hipertermia”, completa López. Los cuidados enfermeros son avanzados, dirigidos a cubrir todas las necesidades: higiene, movilización, prevención de úlceras por presión, control de constantes, analíticas, balance hídrico, curas de catéteres y sondas, colaboración en la intubación y resto de procedimientos diagnósticos y terapéuticos o atender al resto de necesidades del paciente y familia, concluye.

La vuelta a casa

“Todos hemos tomado medidas duras, pero necesarias, para evitar ser transmisores del COVID-19. En mi caso concreto, una semana antes de la aplicación del confinamiento, documentándome de lo que estaba sucediendo en Italia, me despedí temporalmente de mis padres, ya que por edad eran población de riesgo. Del mismo modo, mi círculo de contacto se ha reducido a los que vivimos en el hogar. Con la familia y amigos realizamos llamadas o videoconferencias para mantener el contacto”, explica. Tras una jornada de trabajo, lo esencial para este enfermero es estar muy atento a las medidas de protección y llevarlas a cabo de forma correcta. Por lo demás, trata de hacer una higiene adecuada, y toda la ropa con la que entra al hospital no está en contacto con la del resto de su familia. Además, desinfecta y deja en cartón, “que es uno de los medios donde el COVID-19 tiene poca capacidad de supervivencia”, enseres, como llaves, cartera o teléfono, que hayan podido estar en contacto.

Por ello, este enfermero quiere trasladar al resto de profesionales que “sin duda el mejor mensaje que puedo dar es de aliento y esperanza. De todo proceso traumático el ser humano es capaz de sacar lo mejor de sí mismo y mostrar toda su capacidad de superación. De toda situación difícil se aprende y esta, en concreto, nos va a mostrar de qué personas puedes confiar, nos va a enseñar como sociedad las cosas importantes de las cuales no se pueden prescindir. Una de ellas va a ser valorar la sanidad pública, a defenderla y a cuidarla haciendo un uso correcto de la misma».

«Intento ser positivo, y suelo quedarme con lo mejor de esta crisis. Los actos de solidaridad de empresas y particulares y de la implicación de mis compañeros de trabajo que están ofreciendo su mejor faceta. Me emociona cada aplauso, cada mensaje de ánimo de amigos y familiares. Me asombra el esfuerzo que están haciendo los padres, hoy en día también profesores. Me siento orgulloso del grado de cumplimiento del aislamiento de la sociedad, renunciando a su libertad, uno de los valores más preciados que hay. Y sin duda esa población infantojuvenil, que nos da una lección cada día que están en casa superando este periodo, que para ellos es muy confuso y difícil de entender».

«La enfermería saldrá más fuerte y tendrá mucho que decir en el futuro en todos los aspectos organizativos tanto en el terreno político como social”.

COVID-19, Enfermero, Hospital Río Hortega, Pacientes críticos

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