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JULIO 2014 N° 3 Volumen 4

Formar enfermeros para la práctica reflexiva, un reto que requiere acciones deliberadas

Sección: Editorial

Cómo citar este artículo

Morán Peña L. Formar enfermeros para la práctica reflexiva, un reto que requiere acciones deliberadas. Rev. iberoam. Educ. investi. Enferm. 2014; 4(3):5-7.

Autores

Laura Morán Peña

Presidenta de ALADEFE

En la actualidad es ampliamente reconocida la complejidad del ejercicio profesional de la enfermería en tanto que los enfermeros, además de resolver problemas clínicos, también enfocan su atención a promover la salud, prevenir la enfermedad y resolver los problemas de las personas o grupos en la experiencia humana de salud, en la que el cuidar se emplea como una estrategia que apoya que los usuarios de nuestros servicios tengan bienestar. Formar profesionales acordes a esa realidad es una necesidad imperiosa, y requiere del desarrollo de una serie de habilidades intelectuales acorde a la complejidad del proceso de cuidar.

Citemos algunas situaciones de enfermería que denotan precisamente la complejidad a la que se ha hecho referencia:

Cuando una enfermera valora a una persona e identifica aquellos aspectos en los que la persona y su cuidador primario deben ser educados, el objetivo de la enfermería es lograr, en la medida de lo posible, su autonomía y empoderamiento, entonces, además de los cuidados inmediatos, es necesario que la enfermera decida qué acciones intencionadas realizará para que posteriormente las personas puedan resolver sus problemas clínicos en el hogar y eviten en la medida de lo posible complicaciones que hagan que regresen al hospital.

Ello implica conocimientos, habilidades y actitudes para realizar la valoración, tanto exhaustiva como focalizada, para la cual, además de aspectos relacionados con la fisiopatología, se requieren conocimientos de la psicología, de la sociología y de la antropología, ya que cuidar implica tener en cuenta todas las variables que pueden influenciar un comportamiento y generar diversas y únicas respuestas humanas; a la vez se ha de reconocer todos aquellos factores que intervienen en el proceso de la interacción humana. Todo esto influirá, o no, positivamente para que la persona y su cuidador primario comprendan, hagan conciencia y asuman la importancia del autocuidado.

Acorde a lo anterior, la enfermera utiliza el proceso enfermero en el que, a través de la valoración y con base en el razonamiento diagnóstico, identifica desde una perspectiva holística los problemas presentes así como los que potencialmente se podrían generar, y con base en todo lo anterior toma decisiones clínicas, siempre en comunicación e interacción con el paciente, pues se sabe que enseñar al otro solo tiene impacto cuando hay una necesidad sentida.

Por ello, cuando se otorga cuidado profesional de enfermería, además de la recuperación del conocimiento teórico de la disciplina enfermera y de otras disciplinas, entran en juego procesos cognitivos y afectivos que posibilitan, o no, que en esa relación intersubjetiva se logren los objetivos tanto de enfermería como de las personas o grupos.

En este contexto, diversos autores han señalado la importancia que tiene la toma de decisiones clínicas, proceso en el que la enfermera no decide solo por decidir, sino porque hay una intencionalidad, pues el cuidado enfermero implica una manera de sincronizarnos con el paciente en tanto que la enfermería es una disciplina humana, y es muy importante que en esa interacción las personas y sus cuidadores, así como los demás integrantes del equipo de salud, comprendan los significados de nuestras acciones. En la práctica profesional de la enfermería los significados son esencia en virtud de que esta es una interacción entre intersubjetividades.

Según Standing (1) la toma de decisiones clínicas es “un proceso complejo que implica el procesamiento de información, el pensamiento crítico, la evaluación de evidencias, la aplicación de conocimiento relevante, habilidades para resolver problemas, reflexión y juicio clínico para seleccionar el mejor curso de las acciones que optimice la salud del paciente y disminuya cualquier daño potencial”.

Otro ejemplo de práctica reflexiva está representado por la aplicación de la práctica basada en evidencia, la cual representa todo un paradigma que subyace a un método de resolución de problemas que busca tener resultados de calidad de los cuidados a través de la toma de decisiones a las que se ha llegado cuando las enfermeras han conjugado las mejores evidencias encontradas con su experiencia clínica, con los recursos con los que cuenta y con las preferencias y valores de los pacientes (2).

Aplicar la práctica basada en evidencia implica poder generar preguntas clínicas relevantes a partir de la práctica, identificar y evaluar críticamente las mejores evidencias reportadas en la literatura científica, si es el caso introducir cambios en la práctica, evaluar los resultados que se han logrado al haber introducido dichos cambios, publicar los resultados e incidir en la generación de políticas de cuidado.

Como se puede observar, en la aplicación de este proceso, indudablemente se requiere contar con profesionales reflexivos, pues como ha señalado Schön (3) “una práctica profesional es la competencia de una comunidad de prácticos que comparten las tradiciones de una profesión y convenciones de acción que incluyen medios, lenguajes e instrumentos distintivos”. Además subraya que el currículum es el mejor recurso para formalizar el conocimiento y las habilidades necesarias para el practicum; y como este se desarrolla en situaciones reales plenas de incertidumbre, es necesario preparar a los estudiantes para el conocimiento en la acción, reflexión en la acción y reflexión sobre la reflexión en la acción.

Otro caso es el Proceso de Atención de Enfermería, el cual concordando con Alfaro-LeFevre (4), es todo un ejercicio de aplicación del pensamiento crítico, es una herramienta que lleva al juicio clínico y, por lo tanto, a una toma decisiones competente, por lo cual implica una serie de habilidades de pensamiento tales como: identificar las asunciones, identificar un enfoque organizado para llegar al descubrimiento, distinguir lo relevante de lo irrelevante, reconocer las inconsistencias, distinguir lo normal de lo anormal e identificar claves, agrupar la información relacionada, identificar los patrones (problemas), identificar la información que falta, extraer conclusiones válidas, considerar varias conclusiones diferentes, identificar la causa subyacente e identificar prioridades, determinar objetivos realistas, desarrollar un plan completo, evaluar y corregir nuestro pensamiento.

Todo lo anteriormente señalado denota la complejidad del pensamiento enfermero, ya que la enfermera siempre está reflexionando sobre el porqué de sus acciones y todo ello genera juicios relacionados con el lugar y las causas y permite decisión sobre las intervenciones a realizar, evalúa y vuelve a establecer juicios que le lleven a tomar nuevas decisiones de intervención.

En esa intención de lograr o apoyar que el otro logre bienestar, las enfermeras movilizan el conocimiento disciplinar y pone en juego sus capacidades cognitivas, siempre teniendo, como lo ha señalado Amaral (5), una intencionalidad de generar resultados.

Pero, ¿cómo hacer que ante los demás sea visible la práctica reflexiva del cuidado que otorgan las enfermeras?

Esta es una tarea muy importante que debemos trabajar, tanto en el ámbito educativo como en el asistencial. Lo que es indudable es que formar profesionales reflexivos no es una cuestión de suerte, es un compromiso complejo de los centros educativos, en los que sin duda deben ser planteadas estrategias educativas deliberadas y progresivas que posibiliten que los alumnos se formen para desempeñar una práctica de enfermería reflexiva.

Ello implica que los profesores desterremos estereotipos y que en principio seamos unos pensadores críticos, ya que eso permitirá ser modelo para los estudiantes (6).

Como conclusión, formar profesionales reflexivos en enfermería solo se puede lograr a través de un trabajo colectivo que de manera deliberada y progresiva permita que todos los elementos que conforman el currículum apoyen la formación de ciudadanos y profesionistas reflexivos capaces de incidir positivamente en el complejo mundo de la atención a la salud.

Bibliografía

  1. Standing M. Clinical decision-making skills on the developmental journey from student to Registered Nurse: a longitudinal inquiry. JAN 2007 60(3)257-269.
  2. Melnyk BE, Fineout-Overholt E. Evidence-Based Practice in Nursing and Health Care. A Guide to Best Practice. 2nd ed. Wyoming, USA: Wolters Kluwer Health/Lipincott Williams and Wilkins; 2011.
  3. Schön DA. La formación de profesionales reflexivos. Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el aprendizaje en las profesiones. Barcelona: Paidós; 1992.
  4. Alfaro-LeFevre R. Visión general: que es el pensamiento crítico y porque es importante. En: Alfaro- LeFevre R. El pensamiento crítico en enfermería. Un enfoque práctico. 4ª ed. Barcelona: Elsevier-Masson; 2009. p. 2-17.
  5. Amaral  A F. Resultados dos cuidados de Enfermagem: qualidade e efetividade. Comunicação oral. XIII Pan American Nursing Research Colloquium. Miami: University of Miami; 2012.
  6. Morán Peña L. La formación de profesionales reflexivos y la práctica de enfermería. Revista Enfermería Universitaria ENEO-UNAM 2007; 4(1):39-43.