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JULIO 2021 N° 0 Volumen 11

El giro necesario hacia la Salud Pública de las universidades

Sección: Editorial

Autores

Dra. Olivia Sanhueza Alvarado  

Presidenta de ALADEFE

La pandemia por COVID-19 ciertamente ha venido a cambiar muchos aspectos de nuestras vidas, haciéndola cada vez más inestable o menos segura, tanto en lo social, lo sanitario, lo educacional, entre otras dimensiones. Fenómenos que dábamos por hecho, o situaciones que considerábamos irreversibles, ahora pueden revertirse y retroceder o avanzar de manera impensada. En lo sanitario, donde actuamos los profesionales de la salud, hemos sido testigos de cambios tanto hacia mejoras como de retraso; ciertamente las nuevas enfermedades transmisibles o contagiosas son procesos que han venido a quedarse y hacerse presente en menor o mayor medida en todos los países, sean desarrollados o no. Los seguiremos vivenciando dada la naturaleza interconectada de las personas y el planeta (1). Un segundo aspecto que estamos vivenciando con gran intensidad, en los diversos países, son las situaciones de inequidades sociales, ambientales y los efectos en la salud mental que la pandemia por COVID-19 ha profundizado, pero que también ha permitido que afloraran en toda su dimensión profunda y dolorosa.

Son cambios que en lo educativo se deberán enfrentar con transformaciones curriculares de fondo, ya que la capacidad de respuesta de los sistemas de salud tiene como factor estratégico y central a los recursos humanos para el logro de resultados sanitarios. Talento humano en salud que está egresando en este periodo, el que se está formando y el que pronto ingresará a las aulas de la educación superior, quienes deberán estar preparados para enfrentar estos enormes desafíos, pero que deberá aprender inicialmente a forjar vínculos con la gama completa de disciplinas relevantes en las ciencias naturales, físicas y sociales para comprender los sistemas complejos y evaluar las posibles soluciones políticas (2). En la actualidad ya existen graves barreras que limitan el acceso de las personas a prestaciones de salud integrales y de calidad, asociadas con la baja disponibilidad y mala distribución de los recursos humanos; a competencias que no se ajustan plenamente a la realidad socio-sanitaria-ambiental, y principalmente a la existencia de débiles sistemas de rectoría, planificación y gestión de la fuerza laboral de salud (3).

Sin embargo, no solo serán las enfermedades infecto-contagiosas las que plantearán serios desafíos a los avances en la salud global y con las que deberán lidiar los profesionales que actúan en salud. Se sumarán los efectos en la salud derivados de los cambios en el medio ambiente, incluidos el cambio climático, la acidificación de los océanos, la degradación de la tierra, la escasez de agua, la sobreexplotación de la pesca, la pérdida de biodiversidad y es probable que se vuelvan cada vez más dominantes durante la segunda mitad de este siglo y más allá. Estas tendencias están gravemente impulsadas por patrones de consumo de recursos y desarrollo tecnológico altamente inequitativos, ineficientes e insostenibles, junto con el crecimiento de la población (2).

Estos efectos tienen el potencial de perturbar el progreso de la humanidad debido a sus efectos de largo alcance en los servicios vitales de los ecosistemas (como el suministro de alimentos suficientes) y su potencial para agravar las amenazas preexistentes mediadas socialmente, como las pandemias, el desplazamiento de las personas, el conflicto o los disturbios civiles (4,5).

Ciertamente se requieren cambios de fondo en las instituciones a todo nivel, pero por el posicionamiento que tienen las universidades dentro de la sociedad, por el papel y la responsabilidad intelectual en la configuración del futuro de las nuevas generaciones (6), y como partes interesadas esenciales en los esfuerzos de desarrollo sostenible, son quienes debieran impulsar estos cambios hacia una innovadora Salud Pública. La agenda de desarrollo propuesta por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) (7) se suma al brindar una importante oportunidad para las instituciones de educación superior de abordar estas tendencias y los desafíos sanitarios, sociales y ambientales de manera integrada (8) y multidisciplinaria.

Se ha propuesto un modelo de salud pública ecológica o salud planetaria, que integra los aspectos materiales, biológicos, sociales y culturales de la salud pública y que acepta la complejidad y la no linealidad de la dinámica de los sistemas naturales (6,9). Este modelo enfatiza en cómo los ecosistemas sustentan la salud humana, pero también aboga por ampliar la responsabilidad de la salud en todas las disciplinas y sectores, más allá de los límites tradicionales del sector de la salud (2,6). Propone integrar en los currículos de todas las disciplinas de la educación superior un marco que contempla cinco dominios o competencias a aprender por los estudiantes, que promueve la transdisciplinariedad, incluida la diversidad epistemológica, los enfoques educativos orientados a soluciones transformadoras, basados en la acción y en la praxis, en los métodos de enseñanza participativa, en vías de aprendizaje que responden al contexto ambiental, social, a las prioridades locales, en la tecnología y los recursos disponibles en cada entorno de aprendizaje. Con la intención de formar científicos y líderes de salud que se involucren en sus problemas, documenten su sufrimiento y trabajen con ellos para generar un cambio social, como comunidades científicas y de salud, a la vez, que tendrían mucho más éxito en influir en los tomadores de decisiones, para preservar su medio ambiente y sus medios de vida (2,6).

El primer dominio es la Interconexión dentro de la naturaleza. Implica fomentar la compasión por el planeta Tierra a través del reconocimiento de los aspectos personales, cognitivos, sociales y emocionales del proceso educativo; sería el elemento central del marco. La interconexión dentro de la naturaleza es un enfoque en el que lo cognitivo (el sentido de conexión), lo afectivo (el componente de cuidado) y lo conductual (el compromiso de actuar) se integran al diseñar estrategias educativas transformadoras (2,6). La segunda es el Antropoceno y la salud. El Antropoceno es el actual periodo de desarrollo de la Tierra, que presenta perturbaciones masivas en los procesos del sistema terrestre que han resultado del aumento de la huella ecológica de la humanidad y cómo estos están conectados con los resultados de salud (2,6). Requiere un enfoque social y ecológico para la promoción de la salud y la prevención y el control de enfermedades, que van desde los determinantes individuales hasta los determinantes de la salud humana, animal y de los ecosistemas en el ámbito poblacional. El tercer dominio es el pensamiento sistémico y la complejidad. El campo de la salud planetaria se basa en enfoques del pensamiento sistémico que durante mucho tiempo han sido un foco en el campo de la ecología y describe cómo varios elementos interactúan y se fusionan como parte de sistemas complejos (2,6). El cuarto se refiere a equidad y justicia. Ambas se basan en los derechos de los seres humanos y los derechos de la naturaleza, dando a todas las poblaciones humanas y ecosistemas, presentes y futuros, la oportunidad de alcanzar su plena vitalidad. Lograr la equidad y la justicia requiere eliminar las disparidades sistémicas para que ninguna población cargue con cargas desproporcionadas de impactos ambientales y de salud mientras que otras puedan prosperar. Los procesos educativos deben reconocer las desigualdades estructurales y cómo las injusticias históricas y políticas, han contribuido a la privación de derechos de las poblaciones y a un entorno degradado (2,6). El quinto se refiere a la construcción de movimientos para que los sistemas cambien. Se necesita una construcción de movimiento eficaz para resolver la urgente crisis de salud planetaria. Contrariamente a la creencia popular, los movimientos no surgen simplemente en respuesta a un momento dado. La acción requiere relaciones inclusivas, una estrategia reflexiva, una comunicación eficaz y alianzas transformadoras. La tutoría, la solidaridad y el desarrollo de conjuntos de habilidades concretas ayudan a reducir la apatía, aumentar el compromiso y crear un impulso de cambio muy necesario (2,6).

De esta manera, las instituciones, los educadores y los estudiantes que incorporen este marco deberán utilizar enfoques innovadores de educación, no más clases magistrales, descontextualizadas y alejadas de la praxis, se debe promover el desarrollo de una cultura de investigación interdisciplinaria y ambiente. Esta transformación de la educación fomentará que las comunidades locales y globales trabajen por el bienestar, la justicia y un entorno próspero para todos (2,6). Utilizando su voz individual y colectivamente, a través de la promoción y la divulgación, pueden ayudar a movilizar una amplia comunidad de actores (2,6). Para lograr esta influencia, los profesionales de la salud deben estar bien formados e informados sobre los peligros que plantea el cambio ambiental global para la salud de aquellos a quienes sirven y el potencial de beneficios colaterales para la salud con la instauración de políticas para prevenir daños a los sistemas naturales.

Bibliografía

1.    The Royal Society. People and the Planet [internet]. London: The Royal Society; 2012. [citado 15 jun 2021]. Disponible en: https://royalsociety.org/~/media/Royal_Society_Content/policy/projects/people-planet/2012-04-25-PeoplePlanet.pdf
2.    Whitmee S, Haines A, Beyrer C, Boltz F, Capon A, Ferreira de Souza B, et al. Safeguarding human health in the Anthropocene epoch: report of The Rockefeller Foundation–Lancet Commission on planetary health. Lanceta. 2015; 386:1973-2028. Doi: http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(15)60901-1
3.    Mallqui M, Sepúlveda H, Maddaleno M, Santacruz J, Del Carmen J. Hacia una nueva normalidad: Recursos Humanos, desafíos en su formación [Webinar]. Organismo Andino de Salud Convenio Hipólito Unanue. [internet] 2020 [citado 15 jun 2021]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=AW4sFGLmuHY&feature=youtu.be
4.    Lim SS, Vos T, Flaxman AD. A comparative risk assessment of burden of disease and injury attributable to 67 risk factors and risk factor clusters in 21 regions, 1990-2010: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2010. Lancet 2012; 380:2224-60.
5.    Butler CD. Climate change and global health: a new conceptual framework-mini review. CAB Rev 2014; 9: No. 027.
6.    Faerron Guzmán CA, Alonso Aguirre A, Astle B, Barros E, Bayles B, Chimbari M. A framework to guide planetary health education. Lancet. 5 May 2021. Doi: https://doi.org/10.1016/S2542-5196(21)00110-8
7.    Naciones Unidas. Transformar nuestro mundo: la agenda 2030 para el desarrollo sostenible [internet]. Department of Economic and Social Affairs Social Inclusion. Naciones Unidas [citado 15 jun 2021]. Disponible en: https://www.un.org/development/desa/dspd/2015/08/transforming-our-world-the-2030-agenda-for-sustainable-development/
8.    Dora C, Haines A, Balbus J. Indicators linking health and sustainability in the post-2015 development agenda. Lancet 2015; 385:380-91.
9.    Lang T, Rayner G. Ecological public health: the 21st century’s big idea? An essay by Tim Lang and Geof Rayner. BMJ 2012; 345:e5466.