“Ser Doctora Honoris Causa supone una cima difícilmente alcanzable para las enfermeras españolas. Siento un enorme agradecimiento”

Viernes, 23 de febrero de 2024

por Natalia Hernández Manjón


El pasado 25 de enero tuvo lugar el acto de investidura como Doctora Honoris Causa, de la Academia de Enfermería de la Comunidad Valenciana, a Mª Paz Mompart García por su dilatada trayectoria y por su encomiable contribución a la profesión enfermera. Nos explica qué ha supuesto este reconocimiento para ella.

Mª Paz Mompart nombrada Doctora Honoris Causa
Mª Paz Mompart nombrada Doctora Honoris Causa

Pregunta. ¿Qué supone para usted este nombramiento como Doctora Honoris Causa?

Respuesta. Cualquier mención o premio honorífico responde a su nombre y, en primer lugar, este doctorado por causa de honor representa un reconocimiento extraordinario a mi trabajo durante largos años de carrera profesional y docente. Supone, de alguna manera, una cima difícilmente alcanzable para las enfermeras españolas, lo que me produce un enorme agradecimiento a la Universidad de Alicante, a su Facultad de Ciencias de la Salud y a los excelentes colegas que han hecho la propuesta de mi nombre, entre ellos, mi buen amigo el doctor José Ramón Martínez-Riera, que impulsó inicialmente este nombramiento.

Representa también una nueva responsabilidad, al integrarme con esta designación en un claustro de profesoras y profesores de gran prestigio, lo que hago con humildad, dada mi situación actual de profesora jubilada en mi universidad de origen, aunque todavía muy vinculada a la realidad enfermera actual.

P. También, hace tan solo unos meses, recibió el premio Admirable 2022 en Enfermería. Después de una larga carrera y trayectoria, ¿le queda algo por cumplir?

R. A lo largo de mi vida profesional, he conseguido el aprecio de colegas e instituciones, visibilizado en distinciones variadas, siendo este doctorado la más destacada para una enfermera docente como yo.

Desde luego, siempre quedan cosas por cumplir, ya que los premios y honores solo son la parte más visible, como un colofón, de lo que se va consiguiendo en el trabajo diario. En mi trayecto vital y profesional, he llevado a cabo diversas acciones en pro del desarrollo la Enfermería, en sus vertientes disciplinar y profesional, que siempre he tratado de aunar.

En este sentido, la Enfermería en España tiene todavía muchas metas a conseguir tanto en el ámbito político como el laboral, social, educativo y asistencial, en las que, en la medida que se me sea posible, colaboraré decididamente. De todas maneras, siempre he trabajado en grupos activos y creativos y los “cumplimientos” que veo en el futuro serán, como han sido siempre, más colectivos que individuales.

P. Si de usted dependiera otorgar este nombramiento, ¿a quién lo haría?

R. La Enfermería española dispone en el momento actual de una auténtica pléyade de profesionales destacadas en el campo de la enseñanza, la asistencia, la gestión y la investigación. Pienso en algunas de ellas, aunque no me atrevería a dar públicamente nombres concretos.

Quiero, sin embargo, resaltar el hecho de que mi nombramiento es el de la tercera enfermera española en esta categoría honorífica, precedida por Rosamaría Alberdi (docente) y Mayte Moreno (investigadora), así como unas cuantas destacadas enfermeras extranjeras. Me parece importante que la mirada de las universidades se vuelva hacia las enfermeras españolas y me gustaría que este camino que hemos iniciado se continúe con nuevos nombramientos que, probablemente, podrán incorporar a profesionales de campos asistenciales y de la gestión.

Mª Paz Mompart, Doctora Honoris Causa

P. Según los argumentos aportados, le conceden este título por ser la impulsora y artífice indiscutible de la entrada de los estudios de Enfermería en la universidad.

R. Como he dicho antes, mi trabajo siempre se ha desarrollado en el seno de grupos productivos y entusiastas. La transformación de los estudios en universitarios fue también el producto de una labor colectiva, en la que se embarcaron, quizás con mi impulso y el de otras pocas enfermeras, todos los docentes de Enfermería de la época, así como, por otra parte, grupos sindicales y políticos. Aunque no trabajamos con estos, los objetivos comunes que diseñamos se plasmaron en una actividad que nos llevó a la consecución de la meta común, significada en las manifestaciones públicas en el lema “Por una mejor Sanidad, ATS a la Universidad”.

Conseguido ese objetivo, el trabajo se continuó en el terreno de la docencia con el redactado de plan de estudios, la preparación y consolidación del profesorado enfermero, la obtención del nuevo título por las enfermeras que lo desearon, a través del Curso de Nivelación de ATS de la UNED, o la consideración de las enfermeras para plazas de profesorado, etc.

En todos aquellos logros indudables e iniciales de la profesión enfermera jugué el papel que me tocó desempeñar, especialmente en la fundación de la Asociación Española de Enfermería Docente (AEED), que tuvo el objetivo de dar voz y aunar criterios entre el sector del profesorado, llamando también a la participación de los enfermeros asistenciales en las labores de la enseñanza.

Posteriormente, en mi puesto de trabajo como profesora de la Universidad de Castilla-La Mancha, he participado activamente en todos los movimientos de transformación y mejora de los estudios, así como, últimamente, en grupos de reflexión, discusión y propuestas, como es el Grupo 40+ Iniciativa Enfermera, del que actualmente soy parte del equipo fundador y coordinadora general.

P. Después de un tiempo difícil y de condiciones complicadas para los profesionales enfermeros, ¿cree que se valora suficiente su trabajo? ¿Qué se necesita cambiar?

R. Creo que las enfermeras en su conjunto siempre viven en condiciones “complicadas”, ya que su trabajo no es precisamente sencillo. Las condiciones laborales, las limitaciones impuestas por otros grupos profesionales, la mala gestión de las personas por parte de las empresas, tienen su parte en esta situación de complejidad.

La consideración de las enfermeras y los cuidados que ellas prestan por parte de las administraciones, central y autonómica, es manifiestamente mejorable, y debería incluir tanto un estudio real de las necesidades de cuidados y de las enfermeras precisas para prestar esos cuidados con calidad y seguridad, como las condiciones de selección, distribución, mejora continua, sueldos y condiciones de trabajo. Son cuestiones que en algunos territorios se van encauzando, pero que no se reflejan en normas de general aplicación.

Por poner solo un ejemplo, como existe una especie de tabla rasa que no distingue capacidades enfermeras distintivas, conocimiento y experiencia necesaria, se recurre en la mayoría de las instituciones sanitarias públicas a sistemas de selección como las denominadas bolsas de trabajo, que impiden la valoración para puestos determinados de las personas más útiles por su formación y experiencia. Es un ejemplo, como digo, de un sistema perverso e ineficaz, con el que deben trabajar las gestoras enfermeras.

Los cambios que se podrían diseñar van en varios aspectos de la profesión, la gestión y la legislación. A estas alturas, es de importancia máxima la modificación de la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) o, mejor aún, la redacción de una nueva ley, adecuada a los tiempos sanitarios, sociales y profesionales en los que estamos. En este terreno legal, las asociaciones representativas de las enfermeras de diversos ámbitos de la práctica vienen trabajando por el reconocimiento de la formación especializada, con puestos y salarios adecuados a la titulación obtenida.

En el terreno profesional y de la gestión, no debemos cansarnos de exigir a las administraciones la inclusión de enfermeras al más alto nivel de la toma de decisiones, como lo hace repetidamente la OMS y otros organismos internacionales, como el CIE. La mirada enfermera en la decisión política ha sido también reivindicada por estudios independientes, como el denominado Triple Impacto, del All-Party Parliamentary Group on Global Health, del Parlamento británico, que desde 2016 viene recordando la utilidad de contar con enfermeras en la política y la administración de salud para conseguir mejores resultados en salud, economía e igualdad de género. Probablemente, esto debería pasar por nuevas definiciones de puestos de trabajo a todos los niveles, incorporando a la realidad los cambios sociales y de conocimiento que se han venido sucediendo en los últimos años y utilizando adecuadamente los recursos de que disponen las enfermeras actuales que muchas veces se malgastan claramente.

Posiblemente, en esta zona profesional, las gestoras enfermeras, a todos los niveles, tienen el papel más destacado, ya que les toca manejar eficientemente sus recursos en ambientes poco propicios. Su trabajo, aportando el matiz enfermero a la empresa, requiere formación y experiencia, es de capital importancia y merecen apoyo por parte de todo el colectivo y, naturalmente, la valoración positiva y libertad de gestión por parte de las propias instituciones.

Llamo, en todo caso, a un cambio fundamental de pensamiento en el colectivo enfermero y su posicionamiento, saliendo de un estado permanente de queja y de seguidismo de otros profesionales y emprendiendo un camino propio de empoderamiento por el conocimiento, haciendo ofertas de cuidado claras a la sociedad. Claro está que este camino se debe transitar en primer lugar por los organismos oficiales de representación, los colegios de enfermeras y su Consejo General, pero se ha de entender también como una acción de cada grupo y de cada enfermera que se ponga en el lugar destacado que tenemos en el conjunto de los servicios de salud a la ciudadanía.

¿Quieres comentar la noticia?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*