El ruido hospitalario, un factor clave en la seguridad del paciente con ictusMartes, 27 de octubre de 2026 por Silvia López Criado El ruido es uno de los factores ambientales más habituales en el entorno hospitalario, pero su impacto va mucho más allá de las molestias que ocasiona a pacientes y profesionales. En las unidades de ictus, donde las primeras 48 horas son especialmente críticas, la contaminación acústica podría asociarse a cambios en las constantes vitales y comprometer el bienestar de las personas ingresadas. Una investigación liderada por enfermeras/os ha analizado el ruido hospitalario y explorado el potencial de la inteligencia artificial para anticipar alteraciones fisiológicas vinculadas al ruido. Antonio Rafael Cano Manchón, supervisor del Área Funcional de Hospitalización, Urgencias y Farmacia del Hospital Universitario de La Princesa (Madrid) y profesor asociado de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid, explica los principales hallazgos del estudio, sus limitaciones y las medidas que pueden contribuir a crear entornos terapéuticos más seguros. El trabajo, reconocido con el segundo premio del CODEM, reivindica el papel de la enfermería en la investigación y en el diseño de intervenciones para reducir la contaminación acústica y mejorar la calidad de los cuidados a las personas con ictus. Antonio Rafael Cano Manchón El ruido hospitalario en la Unidad de Ictus Pregunta.- ¿Cómo surgió la idea de investigar algo tan cotidiano como el ruido hospitalario en pacientes con ictus? Respuesta.- Tras pasar el proceso de certificación Norma ISO 9001 en la Unidad de Ictus, se realizaron encuestas de satisfacción a los pacientes que pasaban por la unidad y, aun estando muy satisfechos con la atención recibida, su principal queja era el nivel de ruido que había en la unidad. Debido a ello, se colocaron unos sonómetros en la unidad para medir la contaminación acústica y verificar dicha queja. Efectivamente se constató que los niveles de ruido eran elevados. P.- ¿Qué aporta esta investigación a lo que ya conocíamos sobre los factores ambientales que influyen en la atención hospitalaria? R.- Esta investigación permite confirmar que el ruido es una variable clínica informativa y modificable en la unidad, y que, por tanto, se pueden diseñar intervenciones enfermeras para controlar el entorno terapeútico y así liderar estrategias de neuroprotección y seguridad de paciente. P.- ¿Qué ocurre en una Unidad de Ictus que hace que el ruido ambiental merezca una atención especial? R.- El ictus representa una de las principales causas de mortalidad y discapacidad. En las unidades de ictus, es primordial mantener la vigilancia neurológica estricta y estabilidad hemodinámica las primeras 48 horas de ingreso, ya que es el periodo ventana en el que se tiene mayor vulnerabilidad y probabilidad de sufrir complicaciones neurológicas. Sabemos que niveles elevados de ruido pueden alterar el descanso, desencadenar respuestas de estrés neuroendocrino y alterar parámetros fisiológicos. Resultados obtenidos en la investigación P.- ¿Cuál ha sido el hallazgo más relevante del estudio y qué os ha sorprendido de los resultados? R.- El hallazgo más relevante del estudio ha sido confirmar que el ruido ambiental se asocia de forma significativa con el aumento de la frecuencia cardiaca y frecuencia respiratoria, sobre todo en esta última. Al utilizar modelos de inteligencia artificial, se sugiere que la frecuencia respiratoria podía actuar como marcador precoz de inestabilidad fisiológica ante estímulos ambientales. Aparte, mediante herramientas de IA, se creó un modelo predictivo que permite anticipar con minutos de antelación cómo puede afectar el ruido a FC y FR. P.- ¿Cómo puede el análisis del ruido ayudar a anticipar cambios en las constantes vitales de los pacientes? R.- Se ha confirmado que, a niveles elevados de ruido, eventos rítmicos como el bigeminismo ventricular o la bradicardia supraventricular están presentes. En relación con la frecuencia cardiaca, el impacto acústico muestra p valores significativos entre los seis minutos previos y el momento del registro, y la saturación de oxígeno, el impacto se detecta nueve minutos antes. Por tanto, con estos resultados se pueden anticipar diversos eventos controlando el nivel de ruido con minutos de antelación. P.- ¿Qué podemos afirmar con los datos obtenidos y qué conclusiones todavía sería prematuro extraer? R.- Podemos afirmar que existe una asociación entre niveles de ruido y frecuencia cardiaca y respiratoria. También que podemos usar modelos predictivos que nos permiten anticiparnos. Combinarlo a análisis estadístico ajustado refuerza su potencial valor aplicado. Por tanto, sitúa el entorno terapéutico como una dimensión clínica susceptible de intervención. También hay que reconocer limitaciones, ya que no podemos establecer causalidad sino asociación significativa, debido a ser un estudio observacional retrospectivo y unicéntrico. Cambios para reducir el impacto del ruido P.- ¿Qué aporta la mirada enfermera a una investigación de estas características? R.- La principal aportación es mostrar que el ruido ambiental no solo es un problema de confort o humanización, sino que es un factor asistencial modificable. Acciones como la gestión activa y racional de alarmas en monitores, la reagrupación de cuidados nocturnos para respetar el descanso, Quiet times, la reducción de conversaciones al pie de cama, el manejo de la iluminación y la limitación de actividades no esenciales, la formación a profesionales de la unidad sobre impacto del ruido son medidas asistenciales que pueden reducir el ruido y favorecer un entorno terapéutico. P.- ¿Qué cambios concretos podrían introducirse en los hospitales para reducir el impacto del ruido? R.- Lo primero que habría que hacer es concienciar a los profesionales sobre el ruido que generamos y cómo afecta a nuestros pacientes. El siguiente paso sería instalar sonómetros para medir nivel ruido y hacer acciones formativas, reagrupar cuidados nocturnos, limitar actividades no esenciales, etc. En último lugar, y no menos importante, acometer reformas estructurales, como instalación de paneles fonoabsorbentes para bajar contaminación acústica sería otra opción muy interesante. Investigación enfermera P.- ¿Qué supone para el equipo este segundo premio del CODEM y qué visibilidad aporta a la investigación enfermera? R.- Lo primero un reconocimiento al duro trabajo realizado durante casi dos años. Investigar en enfermería no es sencillo, hay que sacar horas fuera del horario laboral, y este reconocimiento supone una gran satisfacción. Trabajos de este tipo indican que la enfermería puede liderar y realizar trabajos de calidad que repercuten directamente en beneficio de nuestros pacientes. P.- ¿Qué te gustaría que cambiara en la atención a las personas con ictus gracias a esta investigación? R.- Ante todo, que las unidades de ictus sean entornos terapéuticos bajos en contaminación acústica y que los profesionales de enfermería sean conscientes de que con ciertas intervenciones dirigidas al control del ruido se puede mejorar la seguridad y la calidad de los cuidados. Con este trabajo se demuestra que hay una asociación clara entre niveles de ruido elevados y afectación hemodinámica del paciente, lo que puede influir en su periodo de recuperación, sobre todo, en esas primeras 48 horas críticas. Hospital Universitario La Princesa, Ictus, investigación enfermera, ruido hospitalario, Seguridad del paciente