AbrázameJueves, 1 de junio de 2017 por Irene y Ariadna Cualquier persona que haya cuidado o vivido con una persona con alzhéimer o algún tipo de demencia, muy probablemente afirmará que lo único que no perdió, y si perdió fue al final, es el afecto, las emociones, el cariño y el amor. Con todo esto nos referimos a la Memoria Emocional o Afectiva, es decir, el sistema que nos ayuda a mantener recuerdos a partir de las emociones. La música, determinadas palabras, voces familiares, olores, o sabores de comidas, pueden evocar emociones y sentimientos asociados a antiguos recuerdos, a la persona que padece esta enfermedad. La primera memoria que se pierde es la Memoria a Corto Plazo o Primaria, donde encontramos la Memoria Operativa o de Trabajo y la Memoria Perceptiva o Sensorial. Posteriormente, la Memoria a Largo Plazo o Secundaria, donde encontramos la Memoria Episódica y la Memoria Semántica. Pero la última memoria que se pierde es la Memoria Afectiva o Emocional. Es por ello que muchas personas con alzhéimer o demencia, a pesar de que no pueden reconocer a sus familiares cercanos cuando les miran, les genera igualmente una sensación de seguridad, tranquilidad y bienestar. Del mismo modo, pueden sentir y manifestar emociones y sentimientos sin recordar el motivo que las generó. “La última memoria que se pierde es la Memoria Afectiva o Emocional” Por eso, es fundamental que los familiares cercanos y cuidadores incluyan el asegurar el bienestar anímico de la persona afectada por esta enfermedad, dentro de las estrategias del cuidado. Del mismo modo es importante aprender a comunicarse con ellos, con el fin de transmitirles emociones positivas. Las acciones y comportamientos que tengamos ante un enfermo de demencia, tendrán una repercusión directa en sus sentimientos y su estado de ánimo, incluso por un período largo de tiempo. Transmitir amor, dar cariño con besos y abrazos, hacer bromas, y estar a su lado, son acciones con un claro impacto positivo y no sólo para el que padece la enfermedad, sino que también para el familiar, puesto que creará un lazo afectivo y emocional entre los dos a pesar de que el enfermo no reconozca específicamente a su allegado. No os olvidéis de abrazar. Irene y Ariadna – Walnut Para leer la publicación original consulta este enlace alzheimer, demencia, humanización de los cuidados