Actualidad enfermera. La crisis de los refugiados a través de los voluntarios

Martes, 12 de julio de 2016

Quien definió por primera vez el término refugiado tenía muy claro hasta dónde abarcaba. “Refugiado” es aquel que a consecuencia de guerras, revoluciones o persecuciones políticas, se ve obligado a buscar refugio fuera de su país. Obligado, no voluntario. Buscar, o más bien huir, huir para seguir viviendo. “Huyen de una guerra, lo único que pretenden es alejarse de la muerte y no entienden que el “mundo civilizado” les dé la espalda”, explica Javier Machuca, médico de familia y presidente de la Asociación AYRE (Ayuda a los Refugiados).

“Desgraciadamente no tengo esperanza de que esto mejore en los próximos meses. Si no seguimos contando lo que ocurre, si los voluntarios y los medios de comunicación desvían el foco y dejamos de denunciar lo que a mi modo de ver es la mayor catástrofe humanitaria sucedida en nuestro continente después de la Segunda Guerra Mundial, el drama de estas personas caerá en el olvido. Seguirá muriendo gente inocente, muchos niños quedarán en el camino y todos seremos responsables”. Javier Machuca ha viajado a Idomeni, el campo de refugiados que llegó a albergar a más de 15.000 personas el pasado invierno, en su mayoría sirios, iraquíes y kurdos que huyeron de la guerra.

Todo comenzó a finales de febrero, cuando Austria instó a los países de la llamada ruta de los Balcanes —Macedonia, Serbia, Croacia y Eslovenia— a cerrar sus fronteras. En marzo lo que iba a ser una parada de tránsito en Grecia se convirtió en una espera que fue aglutinando poco a poco a miles de personas; comenzaron siendo 2.000, terminaron multiplicando por siete esta cifra.

 

Según la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, una persona que se ve obligada a salir de su país debería recibir al menos la ayuda básica y los mismos derechos que cualquier otro extranjero que sea residente legal. La convención establece una serie de derechos de los refugiados además de las obligaciones de los estados. El Protocolo de 1967 retiró las restricciones geográficas y temporales previas de dicha convención. “Decepción, vergüenza, tristeza, injusticia y muy poca humanidad”, estos son los términos que se arremolinan ante una situación como la que se ha dado en Grecia.

Idomeni, ningún conflicto se parece a otro

Dicen que ninguna guerra se parece a otra, que ningún conflicto humanitario puede ser comparable entre sí; en el caso de Idomeni son muchos los cooperantes que están de acuerdo en afirmar que nunca antes habían visto ni vivido algo similar. “He viajado en calidad de voluntario y cooperante a otros lugares; India, Benín, Honduras… y la singularidad de lo vivido en Idomeni tiene que ver con la historia de la gente refugiada. Hace unos años tenían una vida similar a la que podemos tener nosotros, incluso te enseñan su Facebook con fotos de la boda de su sobrina, su graduación o la de su hija, de viaje… no han nacido en una situación de pobreza y desamparo como sucede en otros países —explica Fernando Ferrer Escorihuela, bombero voluntario de Bomberos en Acción, ONG que ha desplegado un dispositivo que da servicio a 11.000 personas en Grecia—. Por esta razón es especialmente fácil empatizar con ellos, solo tienes que imaginarte viviendo con tus padres, hijos y sobrinos en un par de tiendas de 30 € sin una casa a la que regresar y con un futuro incierto”.

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Para Ana Barquero González, enfermera y profesora honoraria de la Universidad de Huelva, este viaje también ha sido el más duro de los que ha acudido como cooperante: “En Perú las condiciones de vida eran difíciles pero vivían en su tierra, con sus familias y viendo un futuro mejor para ellos y para sus hijos. En Dajla las condiciones eran muy duras por el clima y por el aislamiento a los que les tienen sometidos, pero tienen escuelas, asistencia médica, viven en familia y muchos de sus habitantes han nacido allí. En Idomeni están desarraigados, no entienden el idioma, no conocen nuestras costumbres, no saben qué va a ser de ellos. Un porcentaje alto ha sido engañado por las mafias a la que ha dado todo lo que poseía y ha sido saqueado y abandonado”.

Javier Machuca, por su parte, explica que el trabajo en Idomeni era absolutamente distinto, “el drama de los refugiados era patente en cada persona que acudía a nuestra consulta. La desesperación por la situación vivida por ellos era la pauta general”.

Sobrevivir en un campo de refugiados como era el de Idomeni convierte la vida en una espera continua. En Idomeni no se vivía, se esperaba con una angustiosa ansiedad retomar la vida. “No se puede tener a estas personas viviendo en tiendas de campaña rodeadas de barro, empapados por la lluvia, o abrasados por el sol durante meses como han estado y separadas de sus familias, cuya actividad diaria ha sido esperar en la cola para la comida, esperar para ir al baño, esperar para cargar los teléfonos y esperar que la llamada a través de Skype sea atendida con la esperanza de poder solicitar asilo político”, explica Ana Barquero.

La labor de los voluntarios

El principal objetivo de los cooperantes es cubrir aquellas necesidades básicas a las que las instituciones y organizaciones europeas no dan respuesta.

“La tienda contaba con tres boxes donde se pasaba consulta —explica la enfermera Ana Barquero— uno de ellos lo adaptamos para atender a los niños. En la parte posterior de la tienda estaba instalada la farmacia. Teníamos establecidos dos turnos de trabajo, cada uno de ellos estaba compuesto por dos médicos y dos enfermeras y una cooperante, que se encargaba del orden y de los pedidos de farmacia. Cuando no estábamos trabajando como sanitarias, ayudábamos a otras ONG en tareas como bañar niños (se aseaban y desparasitaban unos 130 niños diarios), repartir comida o leña con los bomberos, ordenar lo donado (medicación, ropa y demás donaciones), etc.”.

La patología atendida, según explica uno de los equipos de trabajo que se desplazó al campo de refugiados griego, “era parecida a la que aquí se trata en Atención Primaria (afecciones respiratorias, conjuntivitis, quemaduras, heridas, sarna, toma de tensión, test de embarazo, etc.), pero la mayoría lo que más demandaba era la escucha y la atención humana”.

Sin embargo, una de las afirmaciones repetidas por numerosos voluntarios era que en Idomeni el peso del trabajo y de la ayuda recaía en ONG pequeñas y personas independientes. “Ninguna ONG de las “grandes” estaba actuando en el campo, ni siquiera ACNUR, Cruz Roja… esto dice mucho de su dependencia gubernamental. Solo Médicos sin Fronteras tenía algo de presencia. Eso me impactó —explica Fernando Ferrer—. No solo les abandonan a su suerte los políticos, sino también estos grupos con tantos recursos. De nuevo sientes vergüenza e impotencia”.

“Los ciudadanos europeos son más solidarios que sus gobiernos”

Una de las reivindicaciones que más se repite entre los voluntarios es que la reubicación de los refugiados se lleve a cabo en “campos decentes donde sean atendidas todas sus necesidades básicas”. Parece que en muchas ocasiones se nos olvida que se trata de personas a las que se les están negando sus derechos.

“El respeto de los derechos de los refugiados es fundamental, proporcionándoles condiciones de habitabilidad digna, con casas, escuelas, centro de asistencia sanitaria –indica Ana Barquero–. Otra las principales acciones a realizar desde los distintos gobiernos sería poner en marcha gabinetes de abogados para facilitar el asesoramiento a los refugiados sobre las diversas situaciones que están viviendo, para poder agilizar los trámites en la solicitud de asilo, la reunificación familiar o la reubicación, con el fin de que su vida se normalice más pronto que tarde”.

Desde Bomberos en Acción, por su parte, inciden en la necesidad de la toma de decisiones firmes que ayuden a mejorar políticamente la situación. “No puede ser que estas personas vivan en un limbo, sin ni siquiera intuir cuál será su futuro. Parece mentira, pero en España existen proyectos de asilo por parte de instituciones oficiales en Cantabria, Cataluña y Madrid, ya presupuestados, en los que incluso ya se han habilitado edificios para refugiados en condiciones dignas, y que diferentes ministerios no permiten llevar a cabo. Dan excusas, no soluciones. Los ciudadanos europeos son más solidarios que sus gobiernos, esto no tiene sentido”.

Asimismo, el médico cooperante, Javier Machuca, puntualiza que “los países ricos, algunos de los cuales no lo olvidemos están íntimamente relacionados con la guerra que se libra en su país, les han dado la espalda. Pagan a un subordinado (Turquía) para que les limpie sus fronteras. Algunos de ellos (pueblo kurdo) además viven el continuo hostigamiento por parte de este estado. No se entiende que Turquía haya sido declarado país seguro. Hasta que no se aborde el problema fundamental, la guerra de Siria y la estabilidad política de los países de la zona (Afganistán, Irak, Irán, el Kurdistán), nada cambiará”.

Mientras tanto es urgente acelerar los trámites del derecho de asilo, como urgente es dignificar las condiciones de vida de quienes esperan una solución, de quienes recorren kilómetros en busca de esperanza huyendo de sus países.

Y seguir recordándolo para que no caiga en el olvido.

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