¿Cómo se relacionan la enfermería y la religión?

Miércoles, 18 de abril de 2018

Antonio Alegre es enfermero y clérigo de la orden religiosa de San Camilo, ligada desde sus comienzos al cuidado de los enfermos. En la actualidad, compagina sus labores como miembro ordenado de la institución clerical con su trabajo como enfermero en una de las residencias que tiene San Camilo. Tras estudiar Enfermería en Argentina, Antonio, de vocación religiosa temprana, decidió recibir los votos de la orden para poder combinar sus dos pasiones.

Pregunta. ¿Qué fue primero, la vocación enfermera o la vocación religiosa?

Respuesta. Es una muy buena pregunta: yo considero que primero fue la vocación religiosa.

De pequeño, cuando realizaba la catequesis en la parroquia San Pablo Apóstol, en la ciudad de Corrientes (Argentina), de donde soy, ya percibía algo especial, un poco difícil de explicar: me sentía invitado al encuentro del gran amigo Jesucristo. Pero pasará mucho tiempo hasta que decida formar parte de la vida consagrada. Durante esta etapa, y con 26 años, obtengo título de Técnico Superior en Enfermería Profesional. En este tiempo, a través de una amiga religiosa, conozco a los camilos.

Vi el carisma camiliano tan ligado al cuidado de los enfermos, desde un compromiso evangélico y humanizador, que me dije a mí mismo: ¿por qué no formar parte de la orden y juntar el conocimiento de Enfermería con la espiritualidad cristiana?

P. Su Orden es la de San Camilo, ¿qué importancia tiene en la historia de la Enfermería y el cuidado de los enfermos?

Antonio Alegre, enfermero religioso, con jersey blanco

R. San Camilo fue un hombre apasionado por el cuidado a los enfermos. Su pasión surgió de la necesidad vital de cambiar un sistema que no funcionaba en aquella época, en el siglo XVI, cuando los hospitales no eran como los de hoy, sino un lugar en el que las personas estaban hacinadas y donde no se las trataba con dignidad, debido a que los “cuidadores” eran personas que cumplían una condena, sin ninguna preparación.
Ante esta situación, Camilo decidió formar un grupo de personas que compartieran la idea de mejorar el sistema de salud y dar dignidad a los pacientes. Así comenzó todo, con un objetivo claro: cambiar para mejorar, para devolver la dignidad a los enfermos y humanizar el sistema sanitario.

Camilo introdujo técnicas enfermeras que hoy nos parecerán simples o lógicas, pero para su tiempo no lo eran, como el cuidado de la higiene bucal y del hospital o la asistencia digna al paciente y los familiares. Lo más importante es que quiso dejar claro que para él los enfermos son la pupila y el corazón de Dios.

P. Otras órdenes, como la de San Juan de Dios, se dedican a actividades sanitarias. Desde su punto de vista, ¿qué vinculación tienen la Enfermería y la religión?

R. Desde mi punto de vista tienen una estrecha vinculación, ya que el ser humano debe ser atendido en las instituciones sanitarias con dignidad. Por ello, si queremos tratar a las personas dignamente, no debemos olvidar que el hombre es una unidad: es biopsicoespiritual.

Ya San Camilo, a la hora de atender a los enfermos de aquella época, primero se preocupaba de su cuerpo, en cuanto la higiene y las curaciones, para luego asistirlos espiritualmente. En este sentido fue un revolucionario, puesto que en aquel entonces en los hospitales primero debían confesarse y recibir otros sacramentos para, posteriormente, poder ser atendidos.

Hoy nosotros cuidamos a la persona desde todas sus dimensiones, sin importar su credo, ya que es primordial la asistencia a todos los que lo necesiten.

P. ¿Cómo influye actualmente la religión en la práctica enfermera?

R. Yo creo que la religión, en concreto la cristiana, y desde nuestro carisma camiliano, influye desde la humanización, tanto en la asistencia como en el acompañamiento espiritual, desde la escucha activa y empática.

Aliviar el dolor y acompañar en el momento en el que aparece, en el envejecimiento y en el duelo por un ser querido, son labores arduas, el enfermero vive con estas realidades día a día, y también necesita ser escuchado y acompañado para que el trabajo sea cada vez mejor, más humano.

P. Como enfermero, ¿hay alguna práctica de Enfermería específica que deba desarrollar por su vocación religiosa?

R. Bueno, como enfermero se me hace difícil definir una práctica concreta, más bien diría, como enfermero religioso, que la calidez en el trato enfermero-paciente y su entorno familiar y afectivo, así como su dimensión espiritual y religiosa de fe, hacen que nos distingamos por nuestro trato humanizado. Esto se debe a que nuestra vocación religiosa está estrechamente vinculada con el cuidado y el servicio de los más pobres y enfermos.

P. ¿Cómo es la labor diaria de un enfermero religioso?

R. ¿Cómo simplificar nuestro día a día? Lo primero es tener claro nuestro ministerio de servicio, y es por ello que nuestras jornadas comunitarias están adaptadas a esta vocación, en este caso en nuestra residencia, en la que yo llevo a cabo guardias por las mañanas.

Nos ajustamos al ritmo de trabajo y realizamos durante el día, además, las oraciones de la liturgia de las horas. Es decir, buscamos el equilibrio con las oraciones y encuentros comunitarios. Y, por otro lado, en lo personal también busco espacio de encuentro con el Señor en lectura de la Palabra, la oración personal y el acompañamiento espiritual.

P. La orden de San Camilo ha estado presente en numerosas misiones en todo el mundo. ¿Ha participado usted en alguna de ellas?

R. Yo conozco una de las obras que tenemos en Argentina: el Hogar San Camilo, en la localidad rural de San Antonio de Areco. Es una institución dedicada a jóvenes con discapacidad mayor. Mi experiencia personal fue muy rica; de hecho, alimentó mi vocación en mis primeros pasos, sobre todo porque allí vi que el trato con personas con esta dificultad era humano y se vivía un clima de familia entre los residentes, el personal y los religiosos.

En el Hogar realizaba los servicios de cuidador por las mañanas y en las tardes me dedicaba a acompañarlos, a compartir con ellos charlas dentro de sus posibilidades.

También, durante el noviciado, estuve en Barcelona acompañando a los pacientes del Hospital-Residencia Sant Camil. Aquí no llevé a cabo cuidados de Enfermería, pero trabajé con adultos mayores en situación de soledad. Esto me ayudó, en lo personal, a tomar más conciencia de la importancia del plano emocional.

P. Según su opinión, ¿qué importancia tienen las misiones religiosas en la promoción de la salud?

R. Nuestra misión es velar por la promoción de la salud haciendo que los medios para evitar la enfermedad y los tratamientos estén al alcance de todos, o ayudando a ello.

En el mundo en el que vivimos hoy también es necesario humanizar el sistema sanitario desde el valor de la vida, que muchas veces está siendo atacado por una corriente de pensamiento centrada en la obtención de un bien personal y egoísta, y que en su búsqueda de satisfacer sus placeres solo encuentra más dolor.

P. ¿Qué papel tienen los profesionales enfermeros religiosos en dichas misiones?

R. El papel que tenemos los profesionales religiosos es velar para que todo el mundo pueda recibir un tratamiento humanizado y de calidad. Nuestra meta se basa en que, sintiéndonos llamados por Dios para la misión, pongamos en práctica nuestros conocimientos y profesionalidad con calidad humana, que en nuestro trato con el que sufre, ya sea una enfermedad o una pérdida, se sienta la calidez del seguidor de Cristo, transmitiendo empatía y aliviando, quizás, un poco el dolor que sufren nuestros hermanos enfermos.

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