Cuidado capilar en oncología: la guía que reivindica el papel enfermero

Jueves, 2 de julio de 2026

por Silvia López Criado

Antes de que aparezcan las náuseas o el cansancio, muchos pacientes oncológicos temen otro de los efectos más visibles del tratamiento: la caída del cabello. Lejos de ser algo meramente estético, la alopecia asociada al cáncer puede tener un profundo impacto en la autoestima y la calidad de vida. Sin embargo, el cuidado capilar continúa ocupando un lugar secundario dentro de la atención sanitaria, pese a la necesidad de ofrecer información y acompañamiento durante todo el proceso.

Con el objetivo de cubrir ese vacío, Unai Calero, enfermero especializado en tricología, acaba de publicar Cuidado capilar en oncología, una guía práctica dirigida a profesionales sanitarios para mejorar la atención a las personas con cáncer desde una perspectiva integral. En esta entrevista explica por qué el cuidado del cabello también es un cuidado de la salud, reivindica el papel de la enfermería en este ámbito y alerta sobre la desinformación que circula en las redes sociales.

Unai Calero, enfermero especializado en tricología

Cuidado capilar en oncología

P.- Recientemente has publicado el libro Cuidado capilar en oncología. ¿Qué necesidad detectaste para escribirlo?

 R.- La necesidad nació de algo que veía una y otra vez en consulta y también desde mi experiencia como enfermero: el cabello, durante un proceso oncológico, se sigue tratando muchas veces como “algo secundario”. Y no lo es.

Cuando una persona empieza un tratamiento oncológico, se le explica muy bien la parte médica, los efectos secundarios generales, las náuseas, el cansancio… pero el cuidado capilar suele quedarse un poco en tierra de nadie. Y para muchos pacientes la caída del cabello es uno de los momentos más duros del proceso, porque hace visible una enfermedad que a lo mejor todavía no estaban preparados para mostrar.

Yo quería crear una guía práctica, clara y útil para profesionales sanitarios. No un libro para vender falsas promesas, sino una herramienta para acompañar mejor: qué puede pasar, cómo cuidar el cuero cabelludo, qué recomendaciones dar antes, durante y después del tratamiento, y cómo hablar de todo esto con humanidad.

Al final el libro nace de una idea muy sencilla: cuidar el pelo también es cuidar a la persona.

P.- ¿Por qué el cuidado del cabello durante un proceso oncológico sigue siendo un aspecto poco abordado dentro de la atención sanitaria?

R.- Creo que durante mucho tiempo se ha confundido el cuidado capilar con algo puramente estético. Y claro, cuando hablamos de cáncer, parece que todo lo que suene a estética queda en segundo plano. Pero aquí hay un error importante.

El cabello no es solo imagen. Es identidad, intimidad, autoestima, rutina, vida social… Para muchas personas, perder el pelo significa verse enfermas incluso antes de sentirse enfermas. Y eso tiene un impacto emocional enorme.

También falta formación específica. En enfermería somos una pieza clave en el acompañamiento del paciente oncológico, pero no siempre hemos recibido herramientas concretas sobre tricología, cuero cabelludo, alopecia inducida por tratamientos, cambios en la piel, cuidado de cejas, pestañas o recuperación capilar posterior.

No se trata de prometer que el pelo no se va a caer. Se trata de informar bien, prevenir lo que se pueda prevenir, cuidar el cuero cabelludo y acompañar el proceso sin minimizarlo.

Impacto de la caída del cabello en pacientes oncológicos

P.- La caída del cabello suele vivirse como uno de los efectos secundarios más duros del tratamiento. ¿Qué impacto tiene realmente en la calidad de vida de los pacientes?

R.- Tiene muchísimo impacto. Y quien diga “bueno, ya crecerá” probablemente no ha entendido lo que significa para esa persona.

La alopecia oncológica puede afectar a la autoestima, a la vida social, a la sexualidad, a la forma de mirarse al espejo y hasta a la manera de relacionarse con los demás. Hay pacientes que cuentan que el momento en el que se les cae el pelo es cuando sienten que la enfermedad se hace pública. Ya no depende de ellos contarlo o no contarlo.

Además, no es solo la pérdida del cabello de la cabeza. También pueden perderse cejas, pestañas y vello corporal, y eso cambia mucho la expresión facial. Hay pacientes que dicen: “no me reconozco”. Esa frase pesa mucho.

Por eso insisto tanto en que no debemos banalizarlo. No es vanidad. No es superficialidad. Es calidad de vida. Es salud emocional. Y ahí los profesionales sanitarios tenemos que estar.

P.- ¿Qué puede hacer la enfermería para acompañar a una persona que afronta este proceso más allá de los cuidados clínicos?

R.- La enfermería puede hacer muchísimo. De hecho, creo que somos una de las profesiones mejor situadas para acompañar este proceso porque estamos cerca del paciente, escuchamos, educamos y detectamos necesidades que a veces no se verbalizan.

Podemos anticiparnos: explicar cuándo puede aparecer la caída, cómo suele ser, qué cuidados conviene tener antes de que ocurra, cómo proteger el cuero cabelludo, qué productos evitar y qué señales deberían consultarse.

Pero también podemos hacer algo igual de importante: validar lo que siente el paciente. Decirle “entiendo que esto te preocupe” en vez de “no pasa nada, ya crecerá”. Esa diferencia cambia mucho.

También podemos orientar sobre pelucas, pañuelos, protección solar del cuero cabelludo, higiene suave, cuidado de la piel, cejas, pestañas y recuperación posterior. Y, sobre todo, derivar cuando sea necesario. Porque acompañar bien también es saber cuándo otro profesional debe entrar en el proceso.

Cuidado capilar en oncología

P.- ¿A quién está dirigido el libro? ¿Qué recomendaciones prácticas encontrarán los lectores?

R.- El libro está dirigido principalmente a profesionales sanitarios: enfermeras, médicos, técnicos, farmacéuticos, profesionales de oncología, dermatología, estética sanitaria y cualquier persona que acompañe a pacientes durante un proceso oncológico.

Es una guía muy práctica. No quería hacer un libro lleno de teoría que luego nadie sabe cómo aplicar. Quería algo que se pudiera usar en consulta, en una unidad, en una formación o incluso para resolver dudas reales del día a día.

El lector encontrará recomendaciones sobre el cuidado del cuero cabelludo antes, durante y después del tratamiento; cómo preparar al paciente para una posible alopecia; qué hábitos pueden ayudar; qué errores debemos evitar; cómo actuar cuando el cuero cabelludo está sensible; qué ocurre con cejas y pestañas; y cómo acompañar la recuperación capilar.

También hay una parte muy importante de comunicación. Porque a veces no es solo qué decimos, sino cómo lo decimos. Y en oncología eso es fundamental.

Tricología, una especialidad poco conocida

P.- La tricología continúa siendo una especialidad poco conocida dentro de la enfermería. ¿Cuál es el papel del enfermero especializado en este ámbito?

R.- El papel del enfermero especializado en tricología es valorar, educar, acompañar y realizar cuidados capilares basados en evidencia. Y esto es importante decirlo: la tricología no es mirar el pelo y recomendar un champú.

Un enfermero con formación en tricología debe saber valorar el cuero cabelludo, entender los distintos tipos de alopecia, identificar signos de alarma, realizar una buena historia clínica, apoyar la adherencia a los tratamientos pautados, explicar al paciente qué le ocurre y trabajar en coordinación con dermatología u otros profesionales cuando sea necesario.

También tenemos un papel muy potente en prevención y educación sanitaria. Mucha gente llega tarde a consulta porque ha probado de todo antes: suplementos, ampollas, champús milagro, remedios caseros… y ha perdido tiempo. Ahí la enfermería puede aportar muchísimo criterio.

La tricología enfermera no viene a sustituir a nadie. Viene a sumar, a mejorar el acompañamiento y a dar respuesta a una necesidad real de los pacientes.

P.- Desde tu experiencia, ¿qué formación necesita un enfermero/a que quiera dedicarse a la tricología?

R.- Necesita una formación seria, estructurada y, sobre todo, muy clínica. No basta con aprender tratamientos sueltos. Hay que entender el pelo desde la base: anatomía, fisiología del folículo, ciclo capilar, tipos de alopecia, tricoscopia, farmacología, cosmética capilar, patologías del cuero cabelludo y comunicación con el paciente.

También es fundamental saber hasta dónde llega nuestro papel y cuándo derivar. Eso es criterio profesional. No todo se puede tratar desde enfermería, y no todo lo que se ve en redes tiene sentido en consulta.

Yo siempre digo que quien quiera dedicarse a la tricología tiene que formarse con rigor, leer evidencia científica y ver muchos casos reales. Porque el pelo parece sencillo desde fuera, pero cuando te sientas delante de un paciente te das cuenta de que cada caso tiene contexto, emociones, expectativas y muchas variables clínicas.

Y luego hay algo que para mí es clave: humildad. En tricología hay que estudiar muchísimo y actualizarse constantemente. 

Redes sociales: divulgación vs. bulos

P.- También eres divulgador y cuentas con más de 12.000 seguidores en Instagram. ¿Cómo surgió esa faceta y qué papel tienen las redes sociales en la educación sanitaria?

R.- Surgió casi de forma natural. Yo veía en consulta que muchas dudas se repetían: ¿este champú me va a frenar la caída?, ¿la biotina sirve para todo?, ¿me puedo quedar calvo por lavarme el pelo?, ¿el minoxidil es para siempre? Y pensé: si esto lo explico en consulta una y otra vez, ¿por qué no contarlo también fuera?

Así nació mi faceta como divulgador. Primero con mucho miedo, porque exponerse en redes no siempre es fácil. Pero también con una idea muy clara: hablar de salud capilar de forma sencilla, sin humo y con base científica.

Las redes sociales tienen un papel enorme en educación sanitaria, para bien y para mal. Pueden acercar información útil a miles de personas, pero también pueden viralizar bulos en segundos. Por eso creo que los profesionales sanitarios debemos estar ahí. No para hacer contenido perfecto, sino para hacer contenido responsable.

Si el paciente está en redes buscando respuestas, los sanitarios no podemos quedarnos fuera de esa conversación.

P.- En las redes circula mucha información sobre caída del cabello y tratamientos milagro. ¿Cuál es el mayor bulo que te gustaría desterrar?

R.- Uno de los grandes bulos es pensar que existe un producto milagro que sirve para cualquier tipo de caída. La típica ampolla, vitamina, champú o tratamiento que promete frenar la caída en todo el mundo. Eso no existe.

La caída del cabello no es un diagnóstico, es un síntoma. Puede haber una alopecia androgenética, un efluvio telógeno, una alopecia areata, una alopecia cicatricial, un problema inflamatorio del cuero cabelludo, una causa hormonal, un déficit, un fármaco… y cada cosa se aborda de una forma diferente.

Otro bulo muy extendido es que “si se me cae el pelo, necesito biotina”. La biotina no es una solución universal. Puede tener sentido si hay déficit, pero tomarla porque sí no va a solucionar una alopecia.

Me gustaría que la gente entendiera esto: antes de tratar, hay que diagnosticar. Y antes de comprar, hay que preguntar. Porque en caída capilar se pierde mucho dinero, pero también mucho tiempo.

P.- ¿Qué retos tiene por delante la atención enfermera en el cuidado capilar de los pacientes oncológicos?

R.- El primer reto es integrar el cuidado capilar dentro del cuidado oncológico de verdad. No como algo decorativo o accesorio, sino como una parte más del bienestar del paciente.

También necesitamos más formación específica para profesionales. Si una enfermera sabe explicar cómo cuidar una vía, una herida o una mucositis, también debería tener herramientas para orientar sobre alopecia, cuero cabelludo sensible, protección solar, pelucas, pañuelos, recuperación capilar o cambios en cejas y pestañas.

Otro reto importante es crear protocolos. Que el paciente no dependa de la suerte de encontrar a alguien que sepa del tema, sino que haya una atención más homogénea, clara y basada en evidencia.

Por último, creo que tenemos que cambiar la mirada. El pelo importa porque la persona importa. Y cuando una persona está atravesando un cáncer, todo lo que le ayude a sentirse acompañada, informada y un poco más dueña de su proceso… cuenta. Mucho.

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Acerca de Silvia López Criado

Cuento con experiencia en comunicación corporativa, redacción en prensa escrita y online, y corrección editorial. Actualmente compagino las tareas de redactora jefa de la revista Metas de Enfermería y formo parte de los procesos editoriales de diferentes revistas oficiales de asociaciones enfermeras, así como en la edición de libros y manuales de la Editorial DAE.