Déjate el pedestal en casa

Jueves, 9 de abril de 2020

¿Todavía hay gente que no se ha dado cuenta de que estamos en una situación tan especial, horrible, deprimente, que más parece una película de Steven Spielberg que la realidad?

Pues debe de ser que no, porque todavía vienen especialistas a nuestra unidad, donde estamos compartiendo batas, reciclando mascarillas, usando siempre FFP2 aunque tengamos que aspirar y coger papeletas para pillar el coronavirus, donde hemos hecho boxes dobles con material de vete a saber dónde en dos horas, donde nos pasamos todo el turno (excepto un descanso), todo, vestidos, ahogándonos con las mascarillas, aguantando el dolor que te provocan las gomas, todavía vienen y nos hablan como si fuésemos tontos. No está el horno para bollos, señores.

¿Nosotros tontos? ¡Ja!

El equipo de enfermería está continuamente dentro de las unidades. En todas las unidades que se han abierto en el hospital de UCI, en muchas con personal que no está entrenado y a veces solo envían a un enfermero de UCI para ayudar a los que antes hacían endoscopias y hoy se enfrentan a los cientos de cuidados que conlleva un paciente de UCI (a este nivel, que es premium, me quito el sombrero, compañeros) y, repito, todavía vienen y recibimos malas formas.

Creo que si hay un momento en esforzarse en hablar bien a los demás, en aparentar tranquilidad y valorar el trabajo de los demás, es este. Jamás diré que los facultativos trabajan menos, jamás, porque no es verdad, es diferente función, y la suya es tan agotadora mentalmente que no la quiero ni regalada. Y, aunque más de una vez en estos días los hubiese mandado a Mordor, me lo ahorro, porque llevamos una procesión tan grande cada uno por dentro que intento suavizar y destensar el ambiente. ¿Nos hacemos facilitadores? Por favor.

Ayer una anestesista vino a intubar a un paciente a nuestra unidad con las manos en alto moviendo los dedos como si se hubiese prometido ese día y nos enseñase el pedrusco de su anillo y exigiendo material que no había, porque no hay, y retándonos a no intubar si no lo obteníamos, con un trato tan despectivo y burlón que porque estoy educada en el no a la violencia si no (y creo que digo esto por primera vez en mi vida), la arrastro de los pelos.

No es el único caso, si escribo esto es porque veo y me cuentan muchas situaciones como esta y me entristece. No siempre por parte de médicos, a veces al contrario, o entre gente más entrenada que otra, pero en mi papel lo que más vivo es por parte de los facultativos. Cada uno que cuente su verdad, esta es la mía.

Señores doctores, cuando ustedes no están en la unidad con estos pacientes tan graves, la enfermería no para de resolver como buenamente puede, evitando llamarles todo el rato para que sigan valorando a otros pacientes, y nos enfrentamos a momentos muy emergentes, no solo suceden cuando están ustedes dentro de la unidad; los pacientes se ponen malos a todas horas, y a todas horas solo estamos nosotros, así que qué tal si se ahorran los tonitos. ¿Somos facilitadores?

Obvio, obvio, por Dios, que no todos son así, pero siempre ha habido facultativos de la vieja escuela, endiosados, y creo que o ahora se bajan de su “autopedestal” o lo único que hacen es entorpecer. Es que en este apocalipsis que nos ha tocado vivir a mí me parece hasta ridículo esa actitud hostil.

¿Qué tal si nos dejamos los galones en casa y entramos al hospital apostando porque los demás son tan válidos como yo y están enfrentándose al COVID-19 con valentía, con nuestras armas sanitarias, con inventiva, con jornadas agotadoras y con mucho miedo?

¿Qué tal si obviamos las carencias y nos fijamos en las virtudes? La metamorfosis profesional que están ejerciendo nuestros compañeros en el hospital es de ovación nacional, sé que si yo ando agotada, ellos deben de estar viendo respiradores en sus sueños (si es que consiguen dormir). Mi reverencia, compañeros.

Los celadores, lo celadores. Los putos amos (perdón). Se están volcando, ayudando, si no es por ellos muchos pronos los ejecutaríamos mucho peor. Nos ayudan a salir de las unidades, a enviar muestras, a cortar batas… Otra reverencia, compañeros.

Y, por supuesto a los médicos, mi aplauso, porque lo que os está tocando decidir no lo vais a poder olvidar nunca y os necesitamos para salir de este apocalipsis, mucho. Porque no sé cómo tenéis capacidad para valorar a tantos y tantos afectados. Sois muy grandes.

Este era el año de la enfermería, el contexto se nos ha ido de las manos, algo más light hubiera valido. De verdad que no pido medallas, pido respeto. El mismo que ofrezco. Sin más. Entre todos, cambiando soberbia por sonrisa, paciencia y calma por grito y ayuda por rechazo saldremos mejor de esta horrible película.

Irene Ferb – Soy enfermera y me enfermo cada vez que lo pienso

Para ver la publicación original, se puede seguir este enlace.

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