Doble vocación: la dura y bonita labor de la Enfermería militar

Miércoles, 15 de diciembre de 2021

Hace unos meses que Marta Fernández Yécora, enfermera militar, copaba los titulares de los medios de comunicación. Una comandante enfermera había salvado la vida a una mujer en una playa de Mallorca. Era ella, Marta, enfermera logroñesa, jefe de Enfermería del Botiquín de la Base Aérea de Son San Joan del Ala 49.

Con la tripulación SAR en un apoyo a la EZAPAC en Alcantarilla (Murcia), en 2021.
Con la tripulación SAR en un apoyo a la EZAPAC en Alcantarilla (Murcia), en 2021.

Mientras disfrutaba de un día en la playa junto a su familia vio cómo sacaban un cuerpo del agua y no dudó en correr hacia allí y ayudar en todo lo que pudiera. “Era una mujer con claros signos de ahogamiento, amoratada y con respiración agónica. Unos bañistas la habían encontrado flotando y junto con una médico civil, que también estaba en la playa, los socorristas y el equipo médico de estos, iniciamos rápidamente las maniobras de reanimación hasta que llegaron los compañeros del 112. Gracias al material médico de los socorristas, a un buen trabajo en equipo y a la posterior actuación del 112, la mujer, tras unos días en la UCI y en planta, se recuperó totalmente sin secuelas. Unos días después nos conocimos y fue muy emotivo”, cuenta.

Marta tenía claro que quería ser enfermera, tenía referentes en su familia que le habían transmitido la esencia de la profesión y el espíritu de servicio a los demás para intentar mejorar la vida de otras personas. Eligió la carrera sin pensar, se movió por varias ciudades. Ella quería viajar, trabajar en distintos lugares, conocer gente, vivir experiencias… Lo hizo y, gracias a un compañero, se especializó en Enfermería militar: “Me enteré por casualidad que desde 1988 las mujeres ya podían ingresar en el Ejército. En ese momento supe que ese era el camino que quería seguir, que encajaba muy bien con mi espíritu aventurero y de servicio. Así que dejé todo a un lado y me preparé la oposición para ser enfermera militar. Lo conseguí en 1991”, relata.

Visitando un colegio de los Escolapios en Gabón, 2019
Visitando un colegio de los Escolapios en Gabón, 2019

Enfermería militar, una larga formación

Fue así como se convirtió en la primera mujer de su unidad en el escuadrón de vigilancia aérea (EVA) de Sóller (Mallorca). Hasta ese momento el Ejército o las FAS eran unos cuerpos formados principalmente por hombres, pero poco a poco las mujeres se fueron integrando. Marta vivió en primera persona aquella primera etapa de la incorporación de la mujer y lo describe como una época apasionante y maravillosa. “Creo que esta integración ha sido muy natural y satisfactoria, si bien es cierto que fuera de los Cuerpos Comunes la presencia de la mujer todavía es minoritaria, pero actualmente es algo tan normal a los ojos de todo el mundo que es difícil imaginar cómo fueron aquellos primeros años”.

Los enfermeros militares forman parte de los Cuerpos Comunes de la Defensa junto con el resto de especialidades de Sanidad, Cuerpo Jurídico, de Intervención y de Músicas Militares. Todos ellos pueden estar destinados en unidades de Aire, Tierra, Armada, en la Guardia Civil o en la UME, pero para ello hay que realizar una gran formación para poder estar a la altura de las necesidades que puedan surgir. La formación comienza por aprobar la oposición.

Con mis compañeros, antes de realizar un ejercicio de instrucción. 2021
Con sus compañeros, antes de realizar un ejercicio de instrucción. 2021

Una vez aprobada, comienza la formación académico-militar que dura aproximadamente un curso escolar, pasando por las tres Academias del Cuerpo General y por la de Sanidad. Durante este proceso también se realiza el Máster de Enfermería en Zona de Operaciones y se concluye la formación académica obteniendo el grado de teniente y siendo destinado a una unidad en cualquiera de los Ejércitos. Una vez terminado todo este proceso se puede acceder a Enfermería médico-quirúrgica en operaciones o urgencias y emergencias en operaciones.

No es fácil decidir ser enfermero militar, Marta tiene claro que se necesita tener doble vocación, amor por tu país y muchas ganas de servir, “a veces es una vida dura y sacrificada que no se entiende sin todo lo anterior”. Como bien relata, para la mayoría de los alumnos es su primer contacto con la vida militar y se les instruye de tal manera que cuando terminen esa formación estén preparados para poder actuar en cualquier lugar y en cualquier situación.

“Esto solo se consigue a base de mucho esfuerzo y sacrificio, por eso digo que este camino es totalmente vocacional, no todo el mundo está dispuesto a pasar fatiga, hambre, sed, frío, calor o sueño en alguna de las fases”. Lo que diferencia a un enfermero militar de uno civil es la versatilidad en todos los cometidos y las circunstancias en las que a veces se trabaja. “Podemos trabajar en tierra, mar, aire; en territorio nacional, en zona de operaciones en cualquier parte del mundo, en zonas de peligro, con precariedad en medios técnicos y humanos… Nuestros cometidos se realizan de manera rutinaria y normal, con un día a día casi como el de cualquier otro enfermero, pero la capacidad de desplegarnos de manera inmediata allí donde se nos necesite es lo que nos caracteriza”.

Quizás fue la dura formación y preparación lo que permitió que esta enfermera lograra salvar la vida a una mujer este verano, su experiencia en el Ejército fue fundamental, y aunque nunca se había encontrado en una situación similar de vida o muerte, sí está formada en técnicas de salvamento, extracción y estabilización de bajas, sabe cómo actuar en caso de accidente en una aeronave, cursos de supervivencia en mar, de soporte vital avanzado en combate, de Enfermería en ambiente hiperbárico… Todos los conocimientos necesarios de primeros auxilios porque, como bien explica, “nunca se sabe cuándo se presentará una situación de urgencia vital en la que seremos los primeros intervinientes”.

Comandante enfermera

Hace 30 años que Marta aprobó una oposición que le cambiaría la vida. Posteriormente estuvo destinada en el Servicio Aéreo de Rescate (SAR), participando en cuatro misiones, todas y cada una de ellas especiales y diferentes entre sí: dos en Bosnia, en el destacamento de Mostar, durante la Guerra de los Balcanes; una en el Líbano, en la Base Cervantes de Marjayoun; y otra en Gabón, con el Ejército del Aire en el destacamento Mamba en Libreville.

En todas ellas ha formado parte del equipo sanitario. El trabajo de los enfermeros en estas misiones consiste en cuidar y atender a sus compañeros y a la población civil de las localidades próximas a sus bases. “Realizamos el apoyo sanitario como células de estabilización en las actividades propias de cada misión y formando parte del convoy. También forman el equipo de Enfermería en los distintos niveles asistenciales y de hospitalización en los Role 1, Role 2 y Role 3. Hemos realizado cientos de aeroevacuaciones en misiones como HELISAF, en Afganistán; hemos desempeñado funciones de instructores de primeros auxilios y cuidados en combate a componentes de ejércitos como Irak, Mali, Afganistán…”.

En un Congreso de Sanidad Militar, en 2014, con alguna de mis compañeras y amigas de aquellos primeros años
Marta Fernández (segunda izquierda) en un Congreso de Sanidad Militar, en 2014, con alguna de sus compañeras y amigas de aquellos primeros años.

Aparte de la labor de ayuda, todo ello le ha llevado a establecer un vínculo y conectar de manera especial con los diferentes pueblos y culturas. “Cada misión te cambia y te enriquece. Te da la oportunidad de crecer como profesional y como persona, de trabajar en equipo con compañeros de tu propio país y de otros muchos, de apreciar todo lo que tenemos y utilizar todo nuestro potencial para mejorar en lo posible la vida de la gente”.

Marta lo dejó todo por formarse, aprobar la oposición y trabajar en su doble vocación: enfermera y militar, algo revolucionario a principios de los años 90. Con mucho esfuerzo, ilusión por ayudar y cuidar ha podido trabajar en muchos destinos y, aunque le hubiera encantado vivir muchas más experiencias, se siente feliz con su vida militar, ha conocido a personas maravillosas y ha podido salvar la vida de otras, trabajando siempre con ilusión porque, como ella confiesa, “es increíble poder desarrollar tu profesión en medios tan diferentes y apasionantes. Si este trabajo te apasiona, no te parece tan duro, lo vives y lo disfrutas a tope”.

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Una respuesta a “Doble vocación: la dura y bonita labor de la Enfermería militar”

  1. Que conozcamos la existencia de gente entregada a los demás, hace que recobremos la esperanza esperanza en un mundo mejor. Bendita seas, Marta Marta.

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