El miedo por lo desconocido

Miércoles, 5 de diciembre de 2018

Así es, acabas tus estudios universitarios y decides marcharte por un tiempo al extranjero, por el hecho de que las cosas en ese momento no están marchando demasiado bien en España. Pones rumbo hacia Alemania, con una motivación absoluta pero a la vez una tristeza terrible por dejar a tus seres queridos atrás, y comenzar un camino tú solo.

Todo el mundo intenta darte ánimos, fuerza, cariño y tú intentas permanecer sereno, puesto que no quieres exteriorizar tantos sentimientos y, por supuesto, no quieres desprender una lágrima delante de tus seres queridos y amigos más cercanos. No quieres comenzar con tristeza una nueva etapa que sin duda va a ser difícil que se vuelva a repetir.

Al llegar al país, una vez instalado en tu nueva casa, gracias a la empresa que contactó contigo en su momento para llevarte a Alemania previo curso intensivo alemán y con trabajo asegurado, lo primero que te comentan es acerca del certificado de idiomas (alemán). Se trata de un papel oficial en el que se especifica que tú puedes establecer conversaciones sin ningún tipo de problema y puedes empezar a trabajar de enfermero, ya que para ello tienes el nivel exigido y requerido, como así en el certificado figura.

“Impotencia” es la palabra que describen mis sensaciones o sentimientos al empezar a trabajar en un país como Alemania, tienes un certificado legal, sí, pero no puedes establecer conversaciones técnicas, temas relacionados con tu trabajo, porque no tienes los conocimientos adecuados para ello. Día tras día aparecen más problemas: discusiones con los directores, con compañeros, con la dirección de Enfermería, y poco a poco te inundas de sentimientos de inutilidad, bloqueo mental, tristeza, agotamiento físico y psicológico y, sobre todo, te planteas a las pocas semanas retornar a tu país.

Directores de Enfermería y supervisores comienzan a entablar charlas contigo, saben que los enfermeros españoles tenemos una de las mejores preparaciones de Europa en cuanto al trabajo se refiere, pero te plantean distintas opciones como cambios de servicio o unidad, dejar de trabajar y comenzar nuevos cursos de alemán, trasladarte de áreas sanitarias a centros residenciales o clínicas. Compañeros, ante la impotencia de no poder explicarte el funcionamiento de equipos, materiales o rutina diaria, acaban enfrentados y muchos no entablan relación contigo hasta pasado un tiempo. Día tras día comienza tu jornada laboral, a las 4:30 h de la mañana te levantas con ese bloqueo mental, pensando y decidiendo si escoges el camino que se dirige al aeropuerto o el camino que te lleva al trabajo. Tienes una oportunidad, no la quieres desaprovechar, y decides seguir adelante durante un tiempo.

Poco a poco va pasando esta etapa y vas adquiriendo nuevas competencias y aptitudes, tus compañeros lo notan, tienes mucha más iniciativa, mejoras en tu nivel de alemán y las familias y supervisores están cada vez más contentos contigo. La motivación aumenta y los niveles de impotencia y malestar disminuyen considerablemente. Te has hecho tu hueco y así lo manifiestas, estás feliz y agradeces a todo el mundo haberte dado esta oportunidad.

Una de mis reflexiones al volver a España para establecerme aquí de nuevo fue que en la vida no hay que darse por vencido, hay que luchar por lo que quieres. La experiencia es extraordinaria, conoces a mucha gente de numerosos países, te enriqueces de otras culturas y, aunque al principio tengas sentimientos cruzados e indecisiones, levanta la cabeza sigue y demuestra que tú puedes conseguir todo lo que te propongas.

Martínez Valls J. El miedo por lo desconocido. Metas Enferm feb 2018; 21(1):80

Alemania, Emigración, enfermería

¿Quieres comentar la noticia?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*