El trabajo en una UCI pediátrica

Viernes, 7 de febrero de 2020

Después de más de una década dedicada al cuidado de las personas, a prevenir y educar para evitar que su estado de salud se vea afectado por la enfermedad, o a acompañar en la recta final de su vida, en definitiva, dedicada a la enfermería, te crees que vas a poder con todo, que ya has visto el sufrimiento de las personas y que eres fuerte para poder con cualquier nueva situación que puedas vivir.

Es cierto que después de pasar por diferentes servicios has vivido multitud de situaciones complicadas, ves cómo los pacientes van empeorando, cómo su luz se va apagando y tienes que ser capaz de mantenerte en tu lugar, de no mostrar que la situación te puede llegar a afectar en exceso por respeto al paciente y su familia y porque nosotras no podemos llegar a asumir el dolor de todas las situaciones que vivimos en nuestro trabajo, pues nos afectaría demasiado en nuestra vida personal y profesional. No vamos a pensar que todo es malo, por supuesto, también ves a pacientes críticos que después de una larga temporada ingresados, logran curarse, siendo esa, sin duda, la mayor de nuestras satisfacciones.

Pues bien, después de creer que lo había visto casi todo, este verano me tocó ir a la UCI pediatría, seguramente uno de los servicios más complejos que te puede tocar en un hospital; después de pasar por servicios como diálisis, geriatría, medicina interna, urgencias, etc., creo que es el más difícil, o por lo menos el más complejo por el que yo he pasado lo largo de mi vida profesional. A lo complicado de incorporase a un servicio especial y nuevo para mí, en el que las técnicas que se realizan nada tienen que ver al resto, la medicación se prepara de forma especial, el estrés en cada ingreso es diferente y complejo por la situación crítica que se vive, etc., pues a todo ello se une la dificultad que supone el trabajar con niños. Solo quien ha trabajado con niños sabe de lo que estoy hablando, de lo difícil que es canalizar una vía, de lo complejo que es poner una sonda nasogástrica a un pequeño que no para de moverse, que está nervioso y que no para de llorar.

No voy a entrar en detalles de todas las situaciones que hemos vivido allí, pues creo que todo el mundo se puede hacer una idea, pero sí quiero describir, aunque sea someramente, el trabajo que supone una UCI pediátrica, contaros el día a día.

Desde el momento en el que se comunica que va a haber un ingreso, todo se pone en marcha, se prepara el material que se va a necesitar y el que se prevé que se pueda utilizar, toda la medicación que pueda ser necesaria queda calculada, aunque no se abren las ampollas por no gastarlas de forma innecesaria, se encienden los monitores, se comprueba que las tomas de oxígeno funcionen correctamente, se prepara el respirador, etc. En definitiva, se prepara el box para la llegada del niño y, cuando este ya está en la unidad, cada uno toma su lugar sabiendo perfectamente qué tiene que hacer para atenderlo y estabilizarlo, y la enfermera que está a cargo del niño no se mueve de su cabecera hasta ver que todo está correcto. Todo esto que os cuento en un segundo, allí supone horas de esfuerzo y trabajo por parte de todo el equipo, y eso teniendo en cuenta que el personal de allí maneja a la perfección todo tipo de material e instrumental necesario.

Dependiendo del estado de salud del niño, como es lógico, estará más o menos tiempo en la unidad, pero durante el periodo que el menor pasa en la misma, no queda solo ni un solo segundo, siempre hay alguien en el control velando por ellos. A lo largo del día se realiza el aseo, las pruebas pertinentes, analíticas, medicación pautada, preparación de medicación de urgencias, etc., y entre medias de todo esto tienes otros ingresos, alguna que otra complicación, y cuando por fin el niño está bien se traslada a la planta de pediatría o se da el alta a su domicilio, para nosotros sin duda es el mejor momento que podemos tener, la satisfacción del trabajo bien hecho.

Todo el personal es importante y se trabaja en equipo, pero quiero hacer una mención especial a las enfermeras y enfermeros. No solo he tenido la oportunidad de aprender de ellos, de aprovecharme de sus conocimientos para ampliar los míos, sino que me han dejado formar parte del equipo, han estado pendiente de mí en todo momento, haciéndome sentir su apoyo y demos demostrándome que son unas personas únicas que me han hecho sentir como en casa.

Definitivamente las enfermeras (hablo de las enfermeras porque es la parte que me toca, pero indudablemente me refiero a todo el personal sanitario) estamos hechas de otra pasta, sabemos resolver situaciones complicadas, estar en los momentos más duros, en las situaciones más complejas que la vida te puede deparar y, aun así, cuelgas tu uniforme, respiras hondo y retomas tu vida como si nada hubiera pasado en tu turno, para no preocupar a las personas de tu alrededor, aunque en el fondo sabemos que después de lo vivido nada será igual y que algo dentro de ti ha cambiado.

Para terminar, ya que tengo la oportunidad desde este rinconcito que me brinda Metas de Enfermería, quiero resaltar la profesionalidad de todos los miembros del equipo de la UCI pediátrica del Hospital Clínico de Salamanca, y cuando digo a todos me refiero a médicos, enfermeras, auxiliares, etc. Porque no solo me demostraron ser unos excelentes profesionales, pendientes de absolutamente todo, sino lo que es más importante, unas bellísimas personas, con un saber estar en cada situación inmejorable, pendientes no solo de que los niños estén bien sino también de que sus familias no se sienten desamparadas ante una situación tan angustiosa, apoyándoles en todo momento, escuchándolos y demostrando que sus hijos están en las mejores manos.

Se merecen el reconocimiento porque llevan muchos años velando por el bienestar de los más pequeños, y porque es maravilloso contar con gente así, dedicada en cuerpo y alma a su trabajo.

Rodríguez Merino AM. El trabajo en una uci pediátrica. Metas Enferm nov 2019; 22(9):79-80

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