El auge de las enfermedades respiratorias refuerza la enfermería de práctica avanzada

Lunes, 11 de mayo de 2026

por Silvia López Criado

La creciente complejidad de las enfermedades respiratorias, desde el cáncer de pulmón hasta infecciones emergentes como el hantavirus, ha reforzado el papel de la enfermería especializada dentro del sistema sanitario. En un contexto marcado por pacientes cada vez más frágiles, envejecimiento poblacional y necesidades asistenciales más humanas y coordinadas, la figura de la enfermera de práctica avanzada se ha convertido en una pieza clave para garantizar continuidad, anticipación clínica y acompañamiento integral.

Cristina Subirana Ferrés conoce bien esa realidad. Desde el Hospital Universitari de Bellvitge trabaja acompañando a pacientes con patologías respiratorias complejas, especialmente cáncer de pulmón, en todas las fases del proceso asistencial. En esta entrevista reflexiona sobre los retos actuales de la atención respiratoria, la importancia de los cuidados humanizados y el papel transformador de la enfermería avanzada en un escenario sanitario donde enfermedades infecciosas graves recuerdan la necesidad de una vigilancia respiratoria cada vez más especializada.

Cristina Subirana Ferrés

Enfermera de práctica avanzada

Pregunta.- Lleva casi cuatro años como enfermera de práctica avanzada en patologías respiratorias. ¿Cómo describiría su papel dentro del abordaje integral del paciente con cáncer de pulmón?

Respuesta.- Tras la pandemia surgió una necesidad clara de reforzar la atención a las enfermedades respiratorias, que crecieron tanto en volumen como en complejidad. A ello se suma el envejecimiento poblacional, pacientes cada vez más frágiles, pluripatológicos y con realidades sociales complejas que hacen que el abordaje asistencial requiera una mirada mucho más integral y coordinada.

Mi papel como enfermera de práctica avanzada es acompañar al paciente durante todo su proceso asistencial y, en muchos casos, también más allá del alta hospitalaria. Actuamos como nexo entre el paciente, su familia y el equipo multidisciplinar, garantizando continuidad asistencial, anticipación clínica y una atención mucho más personalizada y humana.

En cáncer de pulmón no tratamos solo una enfermedad oncológica; tratamos personas que atraviesan cirugía, incertidumbre, síntomas respiratorios, dolor, limitaciones funcionales y, muchas veces, miedo. Mi rol consiste en detectar necesidades precozmente, coordinar recursos y evitar que el paciente se sienta perdido dentro de un sistema sanitario que a veces puede resultar complejo e impersonal.

Pero mi papel no termina en la asistencia clínica. También intento mantenerme vinculada a la docencia, la investigación y la innovación en cuidados, porque creo firmemente que la enfermería debe estar no solo al lado del paciente, sino también ayudando a transformar. Y si algo intento aportar siempre, además del conocimiento clínico, es cercanía, amabilidad y una sonrisa, porque cuidar también pasa por cómo hacemos sentir a quien tenemos delante.

P.- Gestiona desde el preoperatorio hasta la rehabilitación respiratoria y parte de la hospitalización del paciente complejo. ¿Qué aspectos del trabajo enfermero considera más determinantes en la recuperación?

R.- Creo que hay tres pilares fundamentales: anticipación, educación y acompañamiento.

Anticiparnos significa detectar precozmente complicaciones antes de que se conviertan en un problema mayor. La educación terapéutica permite que el paciente entienda qué está ocurriendo mediante un lenguaje cercano y con ejemplos simples que ayuden a entender lo que estás explicando. Y el acompañamiento es clave porque la recuperación no es solo física; también implica sostener emocionalmente; el contacto con la familia y ese vínculo enfermera paciente tan importante que es fundamental también para la satisfacción de este.

Aspectos como el control del dolor, la movilización precoz, la optimización respiratoria y la continuidad tras el alta marcan una diferencia enorme en resultados clínicos y experiencia del paciente del paciente posoperado.

Evolución de la enfermería en enfermedades respiratorias

P.- ¿Cómo ha evolucionado la figura de la enfermera de práctica avanzada en el ámbito respiratorio en los últimos años?

R.- Ha evolucionado muchísimo, aunque todavía queda camino. Es una figura que se ha ido modificando al perfil cada vez más complejo que tratamos.

Antes la enfermería estaba más vinculada a una función eminentemente asistencial tradicional. Hoy la práctica avanzada implica liderazgo clínico, toma de decisiones, coordinación asistencial, investigación y capacidad de transformar circuitos de atención. Es la mezcla de una clínica avanzada con el perfil de gestión.

En patologías respiratorias complejas, donde los pacientes son cada vez más frágiles y los procesos más sofisticados, esta figura ya no es complementaria: es fundamental para darle valor a nuestros cuidados.

P.- En procesos tan complejos como el cáncer de pulmón, ¿qué aporta la continuidad asistencial liderada por enfermería?

R.- Aporta seguridad y satisfacción.

Cuando un paciente pasa por distintos servicios, consultas y niveles asistenciales, el riesgo es que la atención se fragmente, se pierda información y el paciente se sienta perdido. La continuidad liderada por enfermería permite que haya alguien que conozca el proceso completo, detecte cambios y facilite decisiones rápidas.

Además, aporta algo igual de importante: humanidad y proximidad. Muchas veces el paciente no recuerda exactamente qué especialista vio, pero sí recuerda quién estuvo presente, quién explicó, quién acompañó y quién validó lo que estaba sintiendo. La humanidad de los cuidados es fundamental.

Retos ante el paciente respiratorio

P.- ¿Qué retos encuentra actualmente en la atención al paciente respiratorio complejo dentro del sistema sanitario? ¿Se llevan a cabo campañas efectivas de prevención?

R.- Uno de los grandes retos actualmente es la creciente complejidad del paciente respiratorio dentro de sistemas sanitarios ya muy tensionados y saturados. Cada vez atendemos a pacientes de mayor edad, con múltiples comorbilidades, mayor fragilidad clínica y, además, con contextos sociales complejos que condicionan enormemente su evolución y recuperación.

El reto no está solo en el hospital, sino especialmente en lo que ocurre después del alta. Muchas veces logramos estabilizar clínicamente a un paciente, pero nos encontramos con enormes dificultades para garantizar una continuidad asistencial adecuada, especialmente en personas con alta dependencia o complejidad social. Recursos como centros sociosanitarios o estructuras intermedias son altamente demandados y claramente insuficientes para abarcar toda nuestra población.

Creo que como sociedad todavía no estamos afrontando del todo una realidad evidente: vivimos más años, pero eso también implica convivir con más cronicidad, más fragilidad y mayores necesidades de cuidados. No siempre podremos responder únicamente desde la hospitalización aguda ni tampoco asumir que las familias podrán sostener toda esa carga asistencial, especialmente en un contexto social y laboral completamente diferente al de hace décadas. Esto exige repensar profundamente nuestro modelo de cuidados.

En prevención, sí creo que se ha avanzado, especialmente en tabaquismo, pero seguimos llegando tarde en muchas ocasiones. La prevención no puede basarse solo en campañas puntuales; necesita educación continuada, especialmente en población joven. Me preocupa particularmente la normalización del vapeo, que muchas veces se percibe como una alternativa inocua cuando no lo es. Si queremos cambiar realmente la salud respiratoria futura, necesitamos invertir mucho más en prevención, educación y conciencia social.

La formación continuada

P.- ¿Qué papel tiene la formación continuada en este tipo de abordajes tan complejos?

R.- Es absolutamente imprescindible, y eso es fascinante.

La medicina y la enfermería cambian constantemente. Nuevos tratamientos, nuevas evidencias, nuevas necesidades del paciente.

Si queremos ofrecer cuidados excelentes, no podemos trabajar con conocimientos estáticos. La formación continuada no es un extra; es una responsabilidad profesional. Debemos seguir en contacto con diferentes profesionales para ir conociendo terapias, alterativas de cuidados, programas que funcionan y de este modo inspirarnos para buscar siempre la excelencia.

Además, en ámbitos como dolor, oncología o enfermedad respiratoria avanzada, una buena formación cambia directamente la experiencia del paciente.

Publicación del libro ¿Y si es tu metabolismo?

P.- Este 23 de abril publicó ¿Y si es tu metabolismo? ¿Cómo nace la idea de escribir este libro?

R.- En noviembre de 2024, tuve una lesión de espalda grave. Perdí la sensibilidad de las dos piernas y me atrapó durante meses y meses un dolor neuropático del cual aún sigo llevando medicación para ello.

Estar en cama o en el sofá, me volvía loca y sabía que para estar focalizada y ver una salida a esa situación necesitaba encontrar un propósito, de allí salió la necesidad de escribir. Pensé ¿y si escribes un libro o un e-book? Hacía tiempo que me dedicaba a redes con temas de salud y alimentación, y tras mi pasión por el ciclismo, el metabolismo y cómo optimizar la energía del cuerpo, se volvió una de mis grandes obsesiones, así nació ¿Y si es tu metabolismo?

Durante años he visto personas frustradas, culpabilizadas o confundidas respecto a su salud metabólica, su energía, su peso o sus síntomas, sin entender realmente qué ocurría. Este libro, busca la manera de llevar 10 puntos clave que pueden ayudar a revertir esta inflexibilidad metabólica al día a día de las personas sin estrategias demasiado complejas.

Quería ofrecer una herramienta rigurosa pero cercana, que ayudara a comprender que el metabolismo no es solo “quemar calorías”, sino una base fundamental de nuestra salud.

Todo el libro está diseñado en un marco científico con evidencia obtenida de bases de datos como Pubmed.

P.- En el libro habla de una sociedad “metabólicamente inflexible”. ¿Qué significa exactamente este concepto y cómo afecta a nuestra vida diaria?

R.- Significa que hemos perdido capacidad de adaptación metabólica.

Nuestro organismo está diseñado para responder a distintos contextos energéticos, pero el estilo de vida actual (sedentarismo, estrés crónico, mala alimentación, falta de sueño, exceso de estímulos) nos lleva a funcionar de forma rígida, solo utilizando la glucosa.

Esto puede traducirse en fatiga, inflamación, dificultad para regular el apetito, peor control glucémico y menor resiliencia fisiológica.

No es solo peso; es salud.

Con la mirada en el futuro

P.- Después de este libro, ¿qué otros proyectos tiene en mente?

R.- Ahora mismo estoy profundamente centrada en investigación clínica, especialmente en proyectos relacionados con dolor neuropático, experiencia del paciente y mejora de la continuidad asistencial en oncología respiratoria.

También me interesa seguir desarrollando divulgación rigurosa, porque creo que comunicar ciencia con claridad es una forma poderosa de cuidar. La comunicación me gusta, la verdad, siento que conectar con el paciente, aunque sea a través de una pantalla me gusta, por eso también hago redes.

Y, por supuesto, seguir trabajando con mi maravilloso equipo y ofreciendo el mejor de los cuidados.

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