“Un crucero es como una pequeña ciudad, atendemos patologías de todo tipo, incluyendo pacientes críticos”Miércoles, 15 de julio de 2026 por Silvia López Criado Hay quienes entienden la enfermería como una profesión sin límites, capaz de llegar allí donde haya una persona que necesite cuidados. Patricia de la Cueva Asensio es una de ellas. Desde hace cuatro años ejerce como enfermera a bordo de cruceros internacionales, un trabajo tan desconocido como apasionante, en el que cada travesía trae consigo nuevos retos, pacientes de diferentes nacionalidades y situaciones que ponen a prueba, cada día, su capacidad de adaptación. Esa forma cercana y auténtica de vivir la profesión también la comparte fuera del barco. A través de sus redes sociales, donde ya reúne cerca de 26.000 seguidores, muestra el lado más humano de la enfermería en alta mar, acercando una realidad poco conocida y despertando la curiosidad de miles de profesionales. En esta entrevista nos cuenta cómo es ejercer la enfermería lejos de tierra firme y qué ha aprendido de una experiencia que ha transformado su forma de cuidar. Patricia de la Cueva Asensio, enfermera de crucero Experiencia profesional previa Pregunta.- Patricia, hoy en día tienes casi 26 mil seguidores en Instagram. En tu cuenta relatas cómo es el día a día de una enfermera a bordo de un crucero, los lugares que conoces y las situaciones a las que te enfrentas. ¿Cómo llegaste a convertirte en enfermera de crucero? ¿Qué experiencia profesional tenías antes de embarcarte? Respuesta.- Después de hacer un Erasmus me di cuenta de lo enriquecedor que era trabajar en un entorno internacional y tuve claro que quería pasar una temporada trabajando fuera de España. Estuve valorando diferentes opciones, como Reino Unido, Francia, Noruega o Australia, hasta que una amiga, que trabajaba como médica estética en cruceros, me habló de ese mundo. Empecé a investigar y enseguida pensé: “esto es lo mío”. Me ofrecía la oportunidad de seguir creciendo profesionalmente, enfrentándome a situaciones críticas en entornos remotos, atendiendo urgencias en alta mar y participando en evacuaciones médicas, mientras conocía diferentes países y culturas. Eso sí, llegar hasta allí no fue fácil. En España no hay agencias ni empresas que te ayuden a acceder a este tipo de puestos, así que tuve que hacer todo el proceso por mi cuenta: entrevistas, certificaciones específicas, visados… Además, la mayoría de compañías exige un mínimo de tres años de experiencia en UCI o Urgencias, junto con un nivel de inglés muy alto. Es un proceso largo y exigente, pero, viendo todo lo que me ha aportado tanto a nivel profesional como personal, volvería a tomar la misma decisión sin dudarlo. Rutina de trabajo y formación específica P.- ¿Cómo es una jornada habitual en tu rutina de trabajo? ¿Cuáles son tus principales funciones a bordo de un crucero? R.- Aunque cueste creerlo, no hay dos días iguales. Puedes empezar la jornada pasando consulta o que tu día empiece a las cinco de la mañana porque el “busca” suena por una emergencia. Al tratarse de un equipo sanitario reducido, todos participamos en la atención de los casos más complejos. A lo largo del día atendemos consultas, realizamos curas, administramos tratamientos y hacemos el seguimiento de los tripulantes con patologías crónicas. También tratamos patologías agudas y urgencias y, cuando hay pacientes ingresados, el centro médico funciona prácticamente como una planta de hospitalización, donde les prestamos los mismos cuidados y seguimiento que recibirían en un hospital. Pero el trabajo no acaba ahí. Una parte importante de nuestro día a día consiste en asegurarnos de que el centro médico esté preparado para cualquier situación. Revisamos el funcionamiento de los equipos como monitores, respiradores, oxígeno, el laboratorio, material, medicación…, y además, llevamos al día toda la documentación, los controles y los certificados sanitarios exigidos a bordo. Al final, no solo cuidamos de los pacientes; también nos aseguramos de que todo el servicio médico esté listo para responder en cualquier momento. P.- Desempeñar la labor enfermera en alta mar requiere una preparación especial. ¿De qué manera os preparáis para vuestra instancia en el barco? R.- Lo primero es contar con una base clínica sólida. La mayoría de compañías exige un mínimo de tres años de experiencia en UCI o Urgencias, ya que a bordo trabajamos con un alto grado de autonomía y debemos estar preparados para responder ante cualquier situación. Además de la experiencia previa, antes de embarcar es necesario obtener las certificaciones exigidas tanto por la normativa marítima internacional como por la propia compañía a nivel sanitario. Una vez a bordo, recibimos formación sobre los protocolos de la compañía, el funcionamiento del centro médico y los procedimientos de emergencia. También realizamos simulacros y sesiones con el equipo de forma habitual, en las que planteamos diferentes casos clínicos y escenarios de emergencia. P.- En caso de emergencia, el dispositivo de rescate en alta mar cuenta con un protocolo estandarizado. Sin embargo, en situaciones como el reciente brote de hantavirus saltan los titulares más alarmistas. ¿De qué manera se coordinan los diferentes profesionales implicados? ¿Cómo viviste, desde tu experiencia, la noticia del brote el pasado mes de abril? R.- En realidad, las evacuaciones en alta mar no siguen un protocolo único. Cada situación se valora de forma individual, teniendo en cuenta el estado clínico del paciente, la posición del barco, las condiciones meteorológicas y los recursos disponibles en ese momento, para elegir la opción más beneficiosa para el paciente. En cambio, las enfermedades transmisibles sí cuentan con protocolos muy definidos. Un crucero no deja de ser un entorno cerrado donde muchas personas conviven y comparten espacios durante varios días, por lo que la vigilancia epidemiológica tiene un papel fundamental. Nuestro trabajo consiste en detectar precozmente los casos sospechosos, aplicar los protocolos establecidos y mantener una comunicación constante con la compañía y las autoridades sanitarias para minimizar el riesgo de transmisión. En cuanto al brote de hantavirus, no me encontraba a bordo cuando ocurrió, así que no lo viví de primera mano. Pero sí creo que este tipo de situaciones nos recuerdan la importancia del trabajo que realizamos los profesionales sanitarios y que muchas veces pasa desapercibido. Detrás de cada alerta sanitaria hay un importante trabajo de vigilancia, prevención y coordinación. Como sociedad, creo que es fundamental confiar en los profesionales sanitarios y seguir sus recomendaciones, más allá de los titulares que puedan generar preocupación. Patricia, a través de sus redes sociales, reúne cerca de 26.000 seguidores Consejos y retos de la labor enfermera en un crucero P.- Si un profesional enfermero quisiera desarrollar su labor en un crucero, ¿qué le aconsejarías? ¿Qué formación consideras esencial para su trabajo en un medio que no es el habitual? R.- Mi principal consejo es que no tengan miedo a dar el paso. El proceso puede parecer complicado porque hay mucha información dispersa y no siempre es fácil saber por dónde empezar. A mí me tocó recorrer ese camino por mi cuenta y eché mucho en falta una orientación durante el proceso. Precisamente por eso, uno de mis objetivos a corto plazo es poder ser esa ayuda para otros compañeros que quieran desarrollar su carrera profesional en cruceros o en el ámbito internacional. Una vez a bordo, les diría que fueran con la mente abierta y muchas ganas de aprender. La base de la enfermería es la misma, pero la forma de trabajar cambia por completo. Adaptarse a un entorno diferente, convivir con un equipo internacional y aprender de otras culturas es, sin duda, una de las partes más enriquecedoras de esta experiencia. P.- Trabajar en alta mar implica tomar decisiones con recursos limitados. ¿Cómo influye eso en la práctica enfermera? ¿Cuál ha sido el mayor reto profesional al que te has enfrentado? R.- Aunque el centro médico a bordo está muy bien equipado y contamos con laboratorio, rayos, UCI, habitaciones de hospitalización e interconsultas telemáticas con diferentes especialistas, es cierto que, comparado con un hospital, a bordo trabajamos con recursos más limitados. Creo que trabajar en este entorno, con limitaciones, es lo que más me ha hecho crecer como enfermera. He desarrollado una gran capacidad de adaptación, de priorización y de toma de decisiones en situaciones complejas. En cuanto al mayor reto profesional, probablemente diría que mi primera evacuación en helicóptero. Aunque previamente habíamos planificado el traslado con todo el equipo y preparado cómo actuar ante las posibles complicaciones, cuando llega el momento eres tú quien acompaña al paciente durante la evacuación. En este caso, además, se trataba de un helicóptero de los guardacostas, por lo que yo era la única profesional sanitaria durante el traslado. Recuerdo perfectamente el ruido, el izado desde la cubierta y la responsabilidad de encontrarme en un entorno completamente nuevo, teniendo que seguir cuidando del paciente hasta su llegada al hospital. Después de esa evacuación entendí que la preparación no solo sirve para adquirir conocimientos, sino también para darte la seguridad necesaria cuando llega un momento como ese. P.- ¿Qué competencias has desarrollado que quizá no habrías adquirido en otro ámbito? R.- Creo que he aprendido a sentirme cómoda fuera de mi zona de confort. Trabajar en un crucero supone enfrentarte continuamente a situaciones nuevas, tanto clínicas como organizativas, y eso hace que desarrolles una gran capacidad para adaptarte, aprender y desenvolverte con seguridad en entornos muy diferentes. Además, trabajar cada día con equipos internacionales y atender a pacientes de diferentes culturas me ha permitido desarrollar competencias como la comunicación clínica en inglés, y la capacidad de integrarme y adaptarme a diferentes formas de trabajar. Mitos y realidad a bordo de un crucero P.- En una época como la actual, en la que los bulos o mitos circulan por las redes a sus anchas. ¿Qué mito o idea falsa te gustaría desmontar en torno al trabajo en un crucero? R.- Creo que el mayor mito es pensar que trabajar en un crucero es casi como estar de vacaciones. Muchas personas piensan que el trabajo sanitario a bordo se limita a atender mareos y a algún pasajero que ha bebido de más, cuando la realidad es completamente diferente. Un crucero es, al fin y al cabo, como una pequeña ciudad, atendemos patologías de todo tipo, incluyendo pacientes críticos. Además, es un trabajo muy exigente también a nivel personal. Vivimos y trabajamos en el mismo lugar, por lo que la desconexión nunca es completa. Sin duda es una experiencia increíble y muy enriquecedora, pero también requiere un gran compromiso, tanto profesional como personal. P.- Por último, ¿qué objetivos profesionales te has marcado para un futuro a medio y largo plazo? R.- Mi objetivo es seguir creciendo como enfermera, y participar en proyectos que me permitan combinar la práctica clínica con la docencia y la divulgación, sin dejar de explorar las oportunidades que ofrece la enfermería marítima e internacional. También me gustaría compartir la experiencia que he adquirido durante estos años y contribuir a que otros profesionales conozcan oportunidades que muchas veces pasan desapercibidas. Si algo me ha enseñado mi trayectoria es que la enfermería ofrece muchas más posibilidades de las que imaginamos, y me gustaría ayudar a que cada vez más compañeros las descubran. enfermedades trasmisibles, enfermera de crucero, enfermería alta mar, UCI, urgencias