La enfermería ceutí, al límite: “Estamos sosteniendo el sistema con un sobreesfuerzo inmenso”

Miércoles, 19 de agosto de 2026

por Silvia López Criado

La presión asistencial que soporta estos días la sanidad ceutí no ha llegado a un sistema preparado para afrontarla. Las plantillas de enfermería ya eran escasas antes de que comenzara la actual crisis migratoria y los servicios comenzaban el verano con profesionales bajo mínimos. Ahora, con cientos de asistencias diarias y una demanda que no deja de crecer, el margen se ha agotado y quienes siguen al frente acumulan jornadas de enorme desgaste físico y emocional.

En medio de la crisis migratoria, entrevistamos a Rosa María Fuentes Rosas, presidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Ceuta, quien pone voz a ese malestar y reclama más medios y una respuesta a la altura de la situación. En esta entrevista solicita refuerzos, contratos más estables y una mejor planificación de las plantillas, y advierte de que mantener el sistema bajo mínimos tiene consecuencias directas tanto para quienes trabajan en él como para la seguridad de los pacientes.

Rosa Fuentes, presidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Ceuta

Enfermería ceutí: presión asistencial al límite

Pregunta.- ¿Cómo está viviendo la enfermería ceutí estas semanas de enorme presión asistencial?

Respuesta.- Como presidenta del Colegio, quiero aportar datos concretos para que se entienda la magnitud de la situación que estamos denunciando, ya que los registros de actividad del Hospital Universitario muestran un incremento masivo y sostenido respecto al año anterior que no se puede ignorar.

  • Lunes: 356 asistencias (+157 frente al año anterior).
  • Martes: 344 asistencias (+119 frente al año anterior).
  • Miércoles: 331 asistencias (+105 frente al año anterior).
  • Jueves: 275 asistencias (+94 frente al año anterior).
  • Viernes: 272 asistencias (+96 frente al año anterior).
  • Sábado: 252 asistencias (+88 frente al año anterior).
  • Domingo: 258 asistencias (+106 frente al año anterior).

Hay que tener en cuenta que iniciamos este episodio con una actividad desbordante: solo entre el 31 de julio y el 2 de agosto se realizaron 1.612 asistencias sanitarias en la ciudad, con una carga inmensa en Atención Primaria y el 061, mientras el hospital atendía a 419 personas y mantenía ingresos críticos en UCI y neonatología.

La enfermería ceutí se encuentra en una situación límite. Llevamos ya 17 días soportando una presión asistencia extenuante que ha llevado a nuestros profesionales a un estado de agotamiento absoluto y cansancio físico extremo.

No se trata solo de una cuestión de fatiga acumulada por las largas jornadas; lo que percibo de mis compañeros es una profunda indignación. Sentimos que estamos sosteniendo el sistema con un sobreesfuerzo personal inmenso, mientras nos vemos extasiados por una carga de trabajo que parece no tener fin y ante la cual no estamos recibiendo respaldo que una crisis de esta magnitud requiere.

P.- El Ministerio de Sanidad habla de un sistema “tensionado”, pero no colapsado, mientras otros profesionales sanitarios sí han utilizado la palabra “colapso. ¿Cuál es la valoración del Colegio?

R.- Es indignante ver cómo desde el Ministerio de Sanidad y el INGESA se está enmascarando los datos ofrecidos a la opinión pública al hablar simplemente de un sistema tensionado.

Quienes estamos atendiendo a pie de cama todas esas asistencias, y no sentados en un sillón, vemos con total claridad que el sistema está colapsado.

Habría que preguntar directamente al Ministerio qué entienden ellos por colapso, porque para nosotros la realidad es incuestionable: estamos en una situación de saturación extrema donde el sistema de salud ha perdido ya la capacidad de atender a los pacientes de manera oportuna y eficiente. Esta es la definición real de un colapso sanitario, y ocurre exactamente cuando la demanda de atención sanitaria supera por completo a los recursos materiales y humanos disponibles, tal y como está sucediendo ahora mismo en Ceuta. No se puede gestionar una crisis sanitaria desde la distancia ignorando la realidad de quienes estamos sosteniendo el sistema.

Falta de efectivos: plantillas enfermeras escasas cada verano

P.- Usted ya advertía en mayo de que la enfermería ceutí estaba “al límite” por la falta y el desgaste de profesionales. ¿Qué está suponiendo para las enfermeras el incremento de la demanda asistencial provocado por la llegada masiva de personas a Ceuta?

R.- Lo que estamos viviendo estos días no deja de ser un deja vú para la enfermería ceutí, auque con una gravedad añadida por las circunstancias actuales. Es desolador ver cómo, verano tras verano, nos quedamos sin enfermeras en la bolsa de contratación debido a la pésima gestión de los contratos estivales. La realidad es que los profesionales ya no esperan a que el INGESA se decida a ofertar; prefieren emigrar a otros servicios de salud que sí son previsores y les aseguran contratos estables desde finales de junio hasta septiembre.

Este año la situación ha sido especialmente crítica, ya que la mayoría de los nuevos egresados se han marchado en el mismo momento de obtener su grado. Aunque la escasez de enfermeras es un problema que afecta a todo el país, la diferencia fundamental es que otros servicios de salud se refuerzan con antelación para prevenir esta falta de efectivos, mientras que el INGESA siempre llega tarde.

No se ha cumplido la reposición del 100% del personal que se va de vacaciones, dejando los servicios bajo mínimos incluso antes de que estallara la crisis. Esa falta de previsión y la política de ofrecer contratos de sustitución ínfimos es lo que nos ha dejado ahora sin un remanente de enfermeras al que recurrir en un momento de necesidad extraordinaria. Sin estabilidad no hay profesionales, y sin profesionales, el sistema simplemente se rompe cuando más lo necesita.

P.- ¿Qué consecuencias tiene trabajar permanentemente con plantillas ajustadas para la seguridad de los pacientes?

R.- Considero que esta es una de las consecuencias más graves y preocupantes de la crisis actual: la seguridad del paciente se está debilitando de forma crítica. No podemos ignorar que trabaja permanentemente con plantillas ajustadas bajo una presión extrema tiene un coste directo en la calidad de los cuidados que ofrecemos.

La realidad es que el personal está sometido a una sobrecarga y fatiga extrema. Trabajar bajo este estrés prolongado no solo merma nuestra salud, sino que disminuye drásticamente la capacidad de concentración, lo que inevitablemente multiplica los errores humanos, un riesgo que se agrava conforme esta situación se dilata en el tiempo. Además, nos encontramos con que los profesionales más experimentados, desbordados por la asistencia, no disponen del tiempo necesario para guiar y tutorizar a los residentes o al personal de nuevo ingreso, rompiendo una cadena de aprendizaje que es vital para la seguridad asistencial.

Esta saturación nos obliga a tomar decisiones drásticas; nos vemos forzados a priorizar a los pacientes únicamente según su gravedad, lo que conlleva el riesgo de dejar desatendidas otras patologías que, aunque inicialmente parezcan menores, pueden complicarse con mucha rapidez si no reciben el seguimiento adecuado.

Las consecuencias prácticas de trabajar con estas prisas constantes son alarmantes: se producen fallos en la dosificación, confusión de fármacos o incluso saltos en los protocolos de verificación de identidad de los pacientes. Todo esto se ve agravado por unos traspasos de turno que se vuelve caóticos. En ese desorden, se pierden datos vitales sobre alergias, antecedentes o tratamientos específicos, lo que supone una vulnerabilidad inasumible en cualquier sistema sanitario que pretenda ser seguro. No estamos solo ante una falta de personal, estamos ante una amenaza real para la integridad de quienes cuidamos.

P.- Desde el punto de vista estrictamente sanitario, ¿qué necesidades están detectando entre las personas que han llegado a Ceuta? Se han conocido casos de gastroenteritis, tuberculosis, sarna, golpes de calor y otras patologías. ¿Existe algún riesgo epidemiológico real? 

R.- Es una realidad que no podemos ignorar: el riesgo epidemiológico es real y se está agravando cada día que pasa. La combinación del paso del tiempo, el hacinamiento extremo y la preocupante falta de higiene en los puntos de concentración de personas ha creado un escenario crítico para la salud pública.

Actualmente, nuestros profesionales ya están detectando y tratando numerosos casos de GEA (gastroenteritis aguda), sarna e impétigo, además de un incremento en cuadros de HTA (hipertensión arterial). Estas patologías son resultado directo de unas condiciones de vida que no son dignas ni seguras, y representan una amenaza de propagación que nos preocupa profundamente. No estamos hablando de una posibilidad teórica, sino de brotes y enfermedades que ya están presentes en nuestras consultas y que requieren una intervención inmediata antes de que la situación se vuelva incontrolable.

Salud mental: abordaje de pacientes y enfermeras

P.- Esta situación tiene también una importante dimensión de salud mental: por un lado, personas migrantes que pueden llegar después de experiencias traumáticas y, por otro, enfermeras que están atendiéndolos. ¿Estamos prestando suficiente atención a la salud mental de unos y de otros?

R.- Abordar la salud mental en este contexto es, sinceramente, desolador. Por un lado, vemos que la atención psicológica a los migrantes está recayendo casi exclusivamente sobre las ONG, pero es materialmente imposible atender a tantas personas en las condiciones adecuadas debido a la magnitud de la crisis. Un factor que agrava enormemente esta situación es la barrera del idioma; no contamos con traductores suficientes en los puntos de asistencia, lo que impide una comunicación efectiva y humana, algo que es vital cuando se trata de salud mental.

Pero lo que más me duele es ser testigo de cómo se va mermando día a día la salud mental de nuestros propios profesionales. Estamos ante una situación que nos sobrepasa emocionalmente y, al no contar con el apoyo institucional suficiente para gestionarla, la única solución que termina imponiéndose es la baja laboral. Es un síntoma clarísimo del agotamiento del sistema: cuanto el profesional ya no puede más y no ve soluciones a corto plazo, se ve obligado a retirarse para poder protegerse a sí mismo. No podemos seguir permitiendo que cuidar de los demás suponga el sacrificio de nuestra propia salud mental.

Cambios necesarios en un sistema sanitario desbordado

P.- ¿Qué solución cree el Colegio que tiene el déficit histórico de enfermeras en Ceuta?

R.- Respecto a las soluciones para este déficit histórico, insisto en que el fallo principal reside en la gestión de los recursos humanos. No podemos permitir que los servicios funcionen bajo mínimos; la prioridad absoluta debe ser reponer al 100% a todo el personal fijo que se va de vacaciones. Es vital que estas contrataciones se realicen lo antes posible para frenar la fuga de enfermeras hacia otros servicios de salud que sí ofrecen esa previsión. Solo de esta manera podemos asegurarnos de contar con el personal suficiente ante necesidades extraordinarias como las que estamos sufriendo ahora; si dejamos los servicios al límite por sistema, no quedan efectivos a los que recurrir en caso de emergencia.

Asimismo, conseguir una verdadera estabilidad en los contratos es la única vía para mantener un remanente de profesionales en la ciudad. Sin estabilidad, las enfermeras de fuera no vendrán y las que ya tenemos aquí acabarán por marcharse en busca de mejores condiciones. Por último, es necesario abordar el tema de las especialidades: es una realidad preocupante que, a día de hoy, sigamos contando únicamente con la Enfermera Especialista en Obstetricia y ginecología en nuestra plantilla. Necesitamos que se reconozcan e integren el resto de especialidades para ofrecer la atención de calidad que Ceuta merece.

P.- El Colegio reclama también un mayor reconocimiento profesional de la enfermería. ¿Qué cambios considera prioritarios? 

R.- Las propuestas del Colegio son claras y se dividen en dos planos: el de la emergencia inmediata y el de la reforma estructural del sistema. En primer lugar, ante la magnitud de la crisis, exigimos la declaración del estado de alarma en Ceuta. Consideramos que se cumplen estrictamente los supuestos recogidos en el Artículo Cuarto de la Ley Orgánica 4/1981, ya que estamos ante una crisis sanitaria grave, una desgracia pública de gran magnitud y una paralización de servicios públicos esenciales para nuestra comunidad. Esta medida debería de haberse tomado desde el primer momento para garantizar la integridad territorial y el bienestar de los ciudadanos, sin anteponer intereses diplomáticos a la salud pública.

En un plano estructural, la solución al déficit histórico de enfermeras pasa por un cambio radical en la gestión de los recursos humanos. No podemos permitir que el sistema funcione bajo mínimos; es imprescindible reponer al 100% al personal que se va de vacaciones y ofrecer estabilidad en los contratos para frenar la fuga de talento a otros servicios de salud.

P.- ¿Qué mensaje quiere trasladar a las enfermeras que están sosteniendo ahora mismo el sistema sanitario?

R.- Quiero trasladar un mensaje de inmenso orgullo y solidaridad a todas las enfermeras que hoy, a pesar del cansancio y la indignación, están sosteniendo el sistema sanitario sobre sus hombros. Sois vosotras quienes, con vuestro sobreesfuerzo, evitáis que el sistema se quiebre por completo.

Desde el Colegio no descansaremos hasta lograr el reconocimiento profesional que merecéis y que esta situación de abandono se traduzca en soluciones reales, porque cuidar de la población no puede seguir siendo a costa de la salud y el agotamiento de quienes cuidan.

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