Enfermeros en el cuerpo de bomberos: de las actuaciones en emergencias a la salud laboral

Lunes, 25 de mayo de 2020

“En el ambiente siempre hay una sensación de alerta; en el parque de bomberos se vive con calma tensa, ya que en cualquier momento puede sonar la alarma y se pone en marcha el sistema”, explica Ramón Pérez, enfermero de la Sección Sanitaria del SPEIS de Sevilla (Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento) y miembro de la Asociación de Sanitarios de Bomberos de España. “Estas intervenciones se viven desde una doble vertiente: primero, como compañeros de los bomberos que están corriendo riesgos, a veces excesivos, velando por su seguridad en la medida de nuestras capacidades; y segundo, estando al tanto de la presencia de posibles víctimas que requieran nuestros cuidados”, completan Diego Borraz y Leticia Serrano, de la citada asociación y del Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Zaragoza.

Diego Borraz y Leticia Serrano

La figura del “enfermero bombero”, como tal, no existe, aclara Pérez, sino que son profesionales que trabajan en las secciones sanitarias de servicios de esta especialidad, como en Barcelona, Bilbao, la Generalitat de Cataluña, Madrid, Málaga, Sevilla, Valencia y Zaragoza. ¿Cómo es el día a día en este oficio desde la perspectiva enfermera?

Un día en el cuerpo de bomberos

“Nuestra labor gira en torno a las cuatro funciones independientes de la Enfermería: la asistencia, la docencia, la investigación y la gestión”, subraya Pérez. “Nuestro trabajo se basa en la rutina propia del servicio de bomberos, trabajamos en jornadas de 24 horas cada cinco días; comenzamos a las 8:30 h de la mañana hasta la misma hora del día siguiente. Al inicio de la jornada se atribuyen las funciones y los puestos para todo el personal de guardia”. En el caso de que haya una salida se suspende inmediatamente cualquier actividad, continúa, para acudir a la llamada. “El Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento (SPEIS) de Sevilla realiza unas 25 intervenciones diarias, si no hay incidencias específicas. De ellas, un tercio aproximadamente corresponde a la sección sanitaria”. “Además de las intervenciones en sí, la sección cubre otros eventos previstos, como pruebas físicas en oposiciones de acceso, pruebas deportivas, entrenamientos en cámara de humos y contenedores de fuego, actividades subacuáticas o en altura…”.

Borraz y Serrano cuentan, asimismo, que en el parque de bomberos se realiza asistencia sanitaria al personal del servicio que lo precise, desde consultas de Enfermería, curas, vacunaciones, inyectables hasta toma de tensión arterial, de constantes, electrocardiogramas, extracción de cuerpos extraños en dedos o en ojos, etc., y “asistimos a las prácticas, prevenciones, de buceo, de fuego de interior o flashover, y simulacros que se realicen, mantenemos y revisamos el material sanitario, colaboramos en la planificación de la actuación y también desempeñamos tareas de docencia, de gestión y de control”. Cuando se produce una emergencia se desplazan a la misma, normalmente en ambulancias de soporte vital avanzado, para proporcionar cuidados a las víctimas, en lo que “nosotros denominamos ‘zona caliente’, es decir, interior de vehículos, espacios confinados, incendios estructurales, zonas de salvamento en incidentes con múltiples víctimas…”.

En el lugar de la emergencia

“Nuestro nivel de preparación ha de ser alto, para poder asumir tanto las emergencias ‘cotidianas’ como las ‘extraordinarias’. Desde el mismo momento en que se recibe la llamada y se activa nuestro recurso, el papel que desempeñamos es fundamental, bien de forma autónoma o bien en colaboración con el resto del equipo”, afirman Borraz y Serrano.

Pérez explica que en primer lugar se produce el acercamiento, la seguridad y el abordaje en el “punto caliente” o de impacto, “aunque no siempre es sencillo”, ya que es necesaria una estabilización previa del escenario, el aseguramiento y la eliminación de riesgos; posteriormente se interviene. “Entonces se aplican los procedimientos estandarizados, como algoritmos de trauma o de soporte vital. En otras intervenciones, como las de pacientes psiquiátricos, es diferente: se plantea la evaluación, el acercamiento, la detección de las necesidades, la etapa de negociación, el traslado si procede, y la resolución y la reactivación del sistema”. Cada proceso, indica, tiene unas peculiaridades y fases diferentes, pero algunas de las técnicas más comunes están englobadas en el soporte vital enfermero, como el control de la hemorragia, el manejo de la vía aérea, pulsioximetría, capnografía, canalización venosa o arterial o, entre otras, analítica prehospitalaria; “además, en los pacientes quemados, el control de la integridad cutánea, con exquisito cuidado en la exposición y siempre, y de manera fundamental, con apoyo emocional y psicológico”.

La finalidad de las ambulancias de soporte vital antes mencionadas “es la asistencia a las víctimas en el mismo lugar en que ocurra la emergencia, ya sea en el interior de una zanja, el fondo de un pozo, el foso de un ascensor o el interior de un vehículo”. Los enfermeros del cuerpo de bomberos tienen que acceder por sus medios, y por los proporcionados por los compañeros, “para estabilizar a la víctima y movilizarla una vez esté tratada, completan los profesionales de Zaragoza.

“En una intervención es primordial el acercamiento y la sectorización del siniestro. Trabajamos en zonas templadas o calientes, y para todo ello usamos equipos de protección personal”, apunta Pérez, que destaca que según criterios de triaje se establecen tres áreas, a saber, caliente o de intervención, templada o de estabilización y fría o de espera y atención definitiva. “Las características de las intervenciones dependen del tipo de siniestro y cada una requiere EPI adecuados. Una vez se ha hecho la sectorización, identificamos las necesidades terapéuticas de las víctimas y sus lesiones, realizamos control de daños in situ, y procedemos a la extricación, rescate y traslado a un lugar seguro. Si es necesario se hace el traslado al hospital útil de referencia. En caso de siniestros con múltiples víctimas se organizan nidos de heridos y se hace una clasificación o triaje inicial, y el traslado al hospital o la transferencia a otro equipo de salud dependiendo del número de víctimas y sus características”.

“Una salida se vive de manera muy emocionante. Además, puede ir acompañada de un estrés emocional intenso, por la incertidumbre de la situación a la que te enfrentas. Es importante pensar en la evolución que se produce en el siniestro desde que suena la alarma hasta que se llega al lugar, porque la situación ha cambiado en ese tiempo, y tal vez ya no tiene nada que ver con la información que recibimos inicialmente”. Se debe considerar que los escenarios evolucionan desde su “momento 0”, señala, produciéndose la intervención de los equipos en el “momento 0 + t”, con el escenario ya modificado por su constante evolución.

Ramón Pérez

En una salida pueden ir solos, como es el caso de asistencias sanitarias; con otro vehículo de apoyo, como en las aperturas de vivienda; o bien en un tren completo (un tren de salida o ataque es un conjunto de vehículos que está diferenciado para cada tipo de siniestro y que concentra en el lugar de la intervención los equipos personales y materiales necesarios).

En la sección sanitaria, los enfermeros abordan la emergencia de diferentes formas, diferenciando dos tipos de situaciones: el estatus P o situación preventiva, que se caracteriza porque, mientras no hay una necesidad clínica o alguna patología, el equipo permanece a la espera; si en cualquier momento la intervención es necesaria se pasa al estatus A o asistencial. “Durante la intervención, el personal de Enfermería es una parte más del equipo, y responsable de la salud tanto de bomberos como de las víctimas. Si se está en estatus P, estamos aplicando criterios de prevención de riesgos laborales para nuestros compañeros y el propio operativo, evitamos que se agoten, o inhalen humos, se deshidraten o cualquier otra situación sobrevenida. También velamos por la utilización correcta de los equipos de protección individual y, si es preciso, después del repliegue y la reactivación se toma parte en el análisis crítico de la intervención desde el punto de vista de la salud”, destaca Pérez. “El trabajo es muy variado, no hay dos días iguales”, apuntan Borraz y Serrano.

Las necesidades de las víctimas

El enfermero de Sevilla explica que hay tres tipos de necesidades: físicas, psicológicas y sociales; “tratamos a la persona desde el paradigma de seres biopsicosociales”. En este sentido, los profesionales de Zaragoza añaden que las víctimas suelen presentar ansiedad por la preocupación por su propio estado o por el dolor que están experimentando, además de las secuelas que les puedan quedar o por el sufrimiento de sus familiares. “Es nuestro deber dar apoyo psicológico tanto al afectado como a su familia, explicarle lo que se va a hacer en cada momento, hasta la llegada al hospital o en un alta a domicilio. Les aporta seguridad y confianza en nuestro trabajo”, concluyen.

Cuerpo de bomberos, emergencias, enfermeros, Salud Laboral

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