Esperanzas

Martes, 3 de diciembre de 2019

Quién podía esperar cuando terminé la carrera que esta profesión me daría tantas satisfacciones a través del agradecimiento de los pacientes y sus familias, así como la recompensa de saber que estás haciendo un bien a otros seres humanos.

Hoy estoy de fiesta, ya de vacaciones, 22 días supongo que pasarán tan rápidos como los últimos años, y sin darme cuenta ya tendré que volver a trabajar, pero quiero aprovechar para compartir un sentimiento que llevo ya algo de tiempo sintiendo y estoy intentando ponerle palabras que lo expresen en forma de relato.

Esto me lo sugirió la última alumna de Enfermería que tuve rotando conmigo en el servicio de urgencias donde trabajo. Es la cuarta alumna que tengo este año, todas ellas de la Universidad Pública de Navarra. Es admirable su fuerza, educación, motivación y ganas de aprender. Se nota su vocación.

Yo llevo ya bastantes años trabajados y, aunque elegí libremente ser enfermero, el paso del tiempo va mermando mi vocación. En realidad no es que la haya perdido, la sigo conservando, pero a veces, después de tanto esfuerzo, de tantos años de dedicación y de estudio, de intentar ser cada día un poco mejor y de ofrecer siempre los mejores servicios de los que soy capaz, me siento como castigado; me siento cada año peor pagado y peor tratado, tanto por el gobierno como, incluso, por algunos sectores de la población. Psicológica y económicamente me encuentro frustrado.

Tantas trabas al crecimiento de la enfermería, mi profesión, tanto desconocimiento social de todo lo que abarca nuestra labor, tantas piedras en el camino puestas por mentalidades ya desfasadas. A modo de ejemplo, no hay más que ver cómo están reaccionando algunos grupos de médicos ante el fenómeno de la prescripción enfermera, no aceptando algo cuya eficacia y beneficio social está tan claramente demostrado.

A pesar de todo, y como dicen que la esperanza es lo último que se pierde, quiero pensar que todo se puede llegar a arreglar. Cada vez que llega al servicio de urgencias una persona anciana con la cadera claramente rota se me parte el corazón de no poder agilizar la atención cogiéndole una vía y administrándole un analgésico sin que nadie me lo mande y es que su reclamo doloroso retumba en mi cerebro “ponedme un calmante”. No puedo hasta que le vea el médico, debo responder muy a mi pesar. Y es que los gobiernos parecen no querer agilizar la atención ágil, eficaz, eficiente y de calidad, cuestión que, como ya he dicho, reclama la sociedad.

No sé si conoceré durante el trascurso de mi vida laboral un verdadero reconocimiento a la profesión que tantas satisfacciones me ha dado. Para ser enfermero/a hay que llevar algo dentro de uno mismo que te haga especial, con una sensibilidad diferente y particular. Tengo esperanzas de que la presencia de los profesionales enfermeros sea de obligado cumplimiento en todos los colegios y que la enfermería tenga presencia en todas las Consejerías de Salud. Tengo esperanza en que la sociedad reconozca, de una vez por todas, la dignidad de mi profesión y la extraordinaria profesionalidad de sus miembros.

Pero como decía el sabio, queda tanto camino por recorrer como pasos que dar; y yo que todavía soy joven, hace poco he cumplido “los 30 y 11”, quiero poner mi granito de arena a través de mi contribución a la formación de futuras enfermeras y enfermeros, enseñando y enriqueciéndome de sus conocimientos y de sus dudas, las cuales me obligan a reciclarme en múltiples ocasiones.

Debo agradecer cada minuto con cada estudiante; desde estas líneas, unas gracias grandísimas, sois los mejores. He tenido que evaluarles y les he valorado como, según mi criterio, cada uno merecía.

Recomiendo tener un estudiante en prácticas, creo que hasta su juventud se contagia, sus esperanzas y sus anhelos.

Ya llevo unos años formando, algunas profesionales ya ejercen dentro y fuera de las fronteras de mi país.
Recuerdo con sumo cariño a unas de mis alumnas, que en alguna ocasión trabajó codo con codo conmigo y que ahora ejerce en Inglaterra debido a los contratos basura que le ofrecía la Administración. Como si las personas no necesitaran un mínimo de seguridad laboral para vivir.

Espero que los tiempos cambien, espero que mis compañeros de profesión sigan luchando por lo que en justicia la “enfermería merece”.

González Cordeu A. Esperanzas. Metas Enferm oct 2019; 22(8):79-80

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enfermería, vocación

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