Día Mundial sin Tabaco: “Hay que hacer que los pacientes valoren una vida sin tabaco”

Viernes, 31 de mayo de 2019

Adelaida Lozano, enfermera y coordinadora del Grupo de Tabaquismo de la Federación de Asociaciones de Enfermería Comunitaria y de Atención Primaria (FAECAP), participó, el pasado mes de septiembre, en el foro “Dejar de fumar: un reto de todos”, organizado por la Fundación Más Que Ideas con el objetivo de ayudar a la población con la intención de dejar esta adicción. Hablamos con ella de la influencia del consumo de esta sustancia en la salud de la población y la importancia de la educación en la prevención de este hábito.

Pregunta. ¿Cuáles son las labores principales de los profesionales enfermeros ante la deshabituación tabáquica?

Respuesta. Los profesionales de enfermería tienen un papel esencial en la cesación tabáquica; pueden animar a las personas fumadoras a dejar el hábito mediante el consejo sanitario o la entrevista motivacional, y ayudarlos en el proceso de abandono, bien en consulta individual o en intervenciones grupales o comunitarias. También tienen la capacidad de prevenir que la ciudadanía se inicie en el consumo de esta sustancia cuando se interviene con población joven.

P. ¿Qué pasos hay que dar cuando se presenta un paciente que quiere dejar de fumar?

R. Lo primero que hay que hacer es felicitar a ese paciente por tomar la decisión, e indicarle que va a recibir ayuda en el proceso de abandono. En segundo lugar, se debe cooperar con la persona en la preparación de la cesación: decidir una fecha, animarlo a que refleje por escrito los motivos… Asimismo, se le ha de solicitar que realice un registro de consumo de tabaco para conocer los cigarrillos que fuma; a partir de ahí, deberá trabajar en alternativas al consumo, consensuando las medidas que se tienen que adoptar para hacer frente al síndrome de abstinencia.
Se le proporciona, al mismo tiempo, información y recomendaciones para superar los primeros días y trabajar la autoestima. En caso de que se considere que precisa un tratamiento farmacológico, los profesionales deberían derivar al afectado al personal médico para que lo inicie antes de dejar de fumar.

Los trabajadores de enfermería han de concertar visitas programadas de seguimiento, en las que se irá conociendo cómo está llevando la persona la deshabituación, se profundizará en los síntomas del síndrome de abstinencia para que sepa reconocerlo y pueda preparar alternativas y actividades de afrontamiento. Por otro lado, hay que enfatizar en la prevención de recaídas, dado que son parte de este proceso.

P. El tabaquismo es una adicción que causa diversas enfermedades. En términos generales, ¿qué importancia tiene la prevención del hábito?

R. El tabaquismo se convierte en adicción, aproximadamente, en el 95% de las personas que empiezan a fumar diariamente, sobre todo por la acción de la nicotina. En la medida en que no se pruebe esta sustancia antes de los 18 años, las probabilidades de convertirse en fumador son muy bajas; por ello es crucial incorporar pautas de prevención desde las consultas de enfermería dirigidas a menores y adolescentes.

P. ¿Qué papel tienen los profesionales enfermeros en dicha prevención?

R. Se puede llevar a cabo la prevención en consulta, programada o a demanda, a todas las personas que se hayan iniciado en el consumo, para animar a dejar de fumar y, por tanto, prevenir complicaciones por el tabaquismo. Las consultas de los programas de atención al niño y adolescente sanos son especialmente buenas para realizar esta intervención, puesto que se trabaja tanto con los menores como con sus familias.

También en la consulta de seguimiento de patologías crónicas, como la diabetes o la hipertensión; en estos casos, si se deja de fumar, es posible prevenir complicaciones y mejorar el autocontrol de la enfermedad.

P. En este sentido, ¿de qué herramientas dispone el personal de enfermería para evitar que la población fume?

R. La principal herramienta es el apoyo profesional mediante la educación para la salud. Hay técnicas educativas específicas, como el consejo sanitario (participación mínima), la educación individual o la grupal (intervención intensiva o especializada).

Se trata, en general, de hacer valorar a los pacientes los beneficios de una vida sin tabaco, de informar de los riesgos y relacionarlos con su situación de salud y de ayudar a los afectados a que busquen las mejores alternativas. Lo que hacen los profesionales es ser una guía, un apoyo, para que las personas tomen las decisiones.

P. ¿Cómo influye la educación para la salud en la prevención del tabaquismo y la deshabituación tabáquica?

R. El consejo sanitario es la medida más eficaz; en tabaquismo se conoce como la intervención mínima o breve. Hay distintos métodos para el consejo sanitario, pero destaca el modelo de las cuatro etapas: preguntar por la conducta y dejar constancia, proporcionar información motivadora para el abandono, facilitar material informativo y ofrecer ayuda. En los últimos años se está potenciando también esto con el método conocido como “las 5 aes”: averiguar, aconsejar, acordar, ayudar y asegurar.

La educación individual y la grupal han mostrado su eficacia en la cesación tabáquica. Estas se conocen como intervención intensiva o especializada cuando se realiza con técnicas multicomponentes en grupos más vulnerables, como pacientes con patología mental, con otras drogodependencias, mujeres embarazadas, adolescentes o personas con dolencias asociadas al consumo de esta sustancia que han realizado varios intentos previos pero que han conseguido dejar de fumar.

P. El pasado mes de septiembre participó en el foro “Dejar de fumar: un reto de todos”, organizado por la Fundación Más Que Ideas. ¿Con qué objetivos se puso en marcha esta iniciativa? ¿Qué valor tiene este tipo de encuentros en la concienciación sobre la importancia de prevenir este hábito y en la divulgación de sus consecuencias?

R. Este foro tiene un valor especial: está organizado por un grupo de pacientes supervivientes de cáncer. El objetivo de la Fundación Más Que Ideas es ayudar a las personas que fuman a dejarlo, partiendo de la realidad y las vivencias de gente que ha sido fumadora.

P. En esta cita, formó parte de la conferencia “El tabaco en niños y adolescentes, ¿qué podemos hacer?”. ¿Cómo se puede abordar el tabaquismo en edades tempranas?

R. Desde las consultas de enfermería pediátrica, en las visitas del programa del niño sano, o aprovechando revisiones por otros motivos de salud. Además, es importantísimo emprender otras medidas de control dirigidas a evitar todo tipo de publicidad y patrocinio relacionados con el tabaco, o actuaciones encaminadas a aumentar el precio y reducir la accesibilidad y a fomentar el ocio, la cultura y la diversión saludables.

P. La población, además del propio hábito, también está expuesta al denominado humo de segunda mano. ¿Qué formas existen de luchar contra este fenómeno?

R. Se puede y se debe intervenir cada vez que se tenga oportunidad para explicar los riesgos de la exposición al humo de tabaco, como el cáncer de pulmón, el infarto agudo de miocardio y el accidente cerebrovascular, además de problemas respiratorios. Nosotros, como profesionales de enfermería, hemos de dar consejo sanitario, potenciar los espacios sin humo y tomar medidas de abogacía por la salud para solicitar tales instalaciones.

No hay medida de exposición segura, no sirve ventilar los espacios, solo es útil que no se fume y, por tanto, es lo que se ha de potenciar. Sin embargo, si las personas no quieren dejarlo, se puede poner a su disposición unas recomendaciones para evitar la exposición involuntaria o de segunda mano y el tabaquismo de tercera mano, debido al depósito de los tóxicos del tabaco en superficies y en la ropa, la piel o el pelo.

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