Hospitales llenos, poc@s enfermer@s… ¿Se puede ser feliz en el trabajo?

Viernes, 3 de junio de 2016

Casi un tercio de nuestra vida se pasa en el lugar de trabajo. ¿No merece la pena replantearse cómo ser más feliz si es que uno no lo es ya?

ser feliz en el trabajo

Hay que empezar por tomar la decisión frente al espejo y decidir que uno quiere cuidarse a sí mismo, ya que hacerlo a diario con los pacientes, los amigos y los familiares es maravilloso pero… ¿y nosotros mismos?

Según la última Encuesta Adecco sobre Felicidad en el Trabajo, el 97,7% de los encuestados cree que la felicidad laboral influye en el rendimiento. Un trabajador que acude contento a su puesto de trabajo es más productivo y rinde más. ¿Cómo cambiar que haya mucho trabajo y poco personal, influencias negativas de jefes y/o compañeros, normas mal estipuladas hace años o escasos medios tecnológicos, por ejemplo? Todo ello no suele depender de uno mismo ni es fácil borrarlo de un plumazo, pero sí es factible cambiar la propia actitud, aunque lleve un “entrenamiento” personal, pero a medio plazo dará sus frutos con seguridad.

Pequeños trucos para pensar y cambiar

Hay que partir de la base de que, hoy en día, tener un trabajo ya es un motivo ilusionante para empezar el día. No es que “todo valga”, pero cuando se han pasado unos duros años para obtener la diplomatura o el grado en enfermería y se ha conseguido un puesto de trabajo hay que pensar que ya se está en el camino para desarrollarse profesionalmente. De todos los puestos, áreas sanitarias, equipos profesionales, centros sanitarios y pacientes se aprende algo, es decir, se adquiere experiencia laboral y/o personal.

Cuando hay cosas que, inicialmente al menos, no es posible variar (sueldos, turnos estipulados, etc.) es mentalmente sano fijarse en las cosas positivas que sí se tienen y aprovecharlas al máximo en beneficio propio para crecer en el plano laboral y humano.

Trabajar en equipo siempre es beneficioso para la empresa o institución en la que se esté porque se optimizan recursos con menos personal, pero resulta igualmente favorable para las personas que lo componen, que se apoyan entre ellos y eso redunda en su armonía interior, en la calidad del trabajo y en sus principales destinatarios: los pacientes. Si en el grupo hubiera el habitual “garbanzo negro” que tiende a negativizar todo es recomendable pensar que, por fortuna, suelen ser casos minoritarios, por lo que cuando se trate con ellos es preferible bajar la guardia, intentar dialogar y no entrar en polémicas innecesarias que a quien más desgastan es a las personas que no son así.

Papel vital de supervisores y jefes

Como se ha dicho, es bien sabido que un empleado feliz es un empleado más productivo. No siempre está en su mano poder valorar a los trabajadores con aumentos de sueldo o flexibilidad de horarios (temas vitales para la gran mayoría de los asalariados), pero sí puede potenciar que haya un buen ambiente laboral y hacer que los miembros del equipo disfruten con el trabajo.

Saber escuchar y conocer a los trabajadores son dos recomendaciones básicas para un buen gerente. La débil línea entre la confianza y la autoridad es difícil de conseguir, pero ese equilibrio obligado es al que se debe aspirar llegar. El reto es intentar ir en la línea de Bután, un pequeño país asiático situado en la cordillera del Himalaya donde se mide el índice de Felicidad Nacional Bruta mediante un organismo que vela para que todas las leyes, acciones e inversiones de la administración pública estén dirigidas a que la felicidad de sus ciudadanos aumente. Lógicamente no se trata de traspasar las normas del trabajo dejando que cada trabajador vaya por libre, pero sí de hablar con respeto a todos, saber potenciar los puntos fuertes de cada uno, ser permisivo y humano, potenciar el compañerismo, frenar las discusiones y facilitar la resolución de problemas en general.

Los expertos aseguran que los trabajadores que por propia voluntad piden traslados o buscan otros lugares de trabajo, en general, no se van de las empresas o instituciones, se van de compañeros “tóxicos”, de jefes agresivos, con falta de criterio, etc.

No obstante, si la motivación para ir a trabajar más contento no se encuentra desde las esferas superiores lo ideal es buscarla en uno mismo, encontrando el sentido a lo que se hace y luchando por mejorar como profesional cada día. Cuanto más se aprenda más se enriquece uno, puesto que no por llevar años trabajando se dominan todos los campos al 100%. Por ello, se debe rentabilizar que se pertenece un equipo sanitario multidisciplinar, lo cual es enriquecedor en sí mismo, porque todo el mundo suma. Además, en la medida de lo posible hay que encontrar tiempo para uno mismo y actualizarse acudiendo a jornadas y congresos, investigando, escribiendo, leyendo revistas científicas y libros, debatiendo con otros profesionales, etc.

En resumen, si la rutina o las malas influencias están afectando a la salud física y mental hay que tratar de volver a ilusionarse, de apoyarse en personas que aporten, de buscar la forma de seguir reciclándose y aprendiendo cada jornada, de escuchar a los pacientes y de humanizar el trabajo. Y por último, y no por ello menos importante, una vez se ha acabado no llevarse problemas a casa y obligarse a desconectar hasta que salga de modo natural que, como dice el refrán, “El propósito de trabajar es llegar a descansar”…

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