Humanización de cuidados, del “no lugar” a la sonrisa

Lunes, 27 de febrero de 2017

Enfermeras del Hospital La Paz.

En los últimos años están proliferando las iniciativas de humanización en los cuidados infantiles. Desde organizar aulas de juegos hasta invitar a personajes famosos que los niños puedan reconocer, como jugadores de fútbol o de baloncesto, pasando por decorar las paredes de las habitaciones o las salas de espera. Hospitales de toda España se han sumado a estos proyectos, existen jornadas dedicadas exclusivamente a este tema… Estos hechos ponen de manifiesto que la humanización ha dejado de ser una tendencia para convertirse en una necesidad. Y para dar este paso han sido imprescindibles los profesionales enfermeros.

Marc Augé, sociólogo francés, acuñó un concepto para denominar a todas aquellas ubicaciones que son transitorias, es decir, por las que circulamos pero no permanecemos ni tienen una significación antropológica o vital para las personas que pasan por ellas. El término es “no lugar”, y algunos de estos “no lugares” son las habitaciones de hotel, las carreteras, los aeropuertos…Y los hospitales.

De las primeras iniciativas a una prioridad

La humanización de cuidados trata, en la medida de lo posible, de hacer más llevadera la estancia, en este caso de los pacientes más pequeños, en los centros hospitalarios. Y estas buenas intenciones tienen uno de sus principales puntos de apoyo en los profesionales enfermeros.

Para conocer su punto de vista a este respecto, hemos entrevistado a  Esther Rey, directora de Enfermería del Hospital La Paz, cuyas palabras abren este artículo, y a Cristina Sánchez, Supervisora del Área Funcional (SAF) de Críticos, y Pilar Martínez, SAF de Materno-Infantil, del Hospital 12 de Octubre, ambos ubicados en Madrid.

Según nos cuenta Esther, La Paz fue pionero en humanización de cuidados infantiles, ya que en los años 90, el personal del centro empezaba a poner en marcha algunas iniciativas: “En 1991 se creo la denominada Comisión de Festejos, formada por profesionales del hospital, y pasó a llamarse Subcomisión de Humanización. En los 90 ya se hacían fiestas para los pequeños. Existía una escuela llamada “La Pajarera”, porque estaba en una zona alta rodeada de cristal para ver los pájaros; así los menores podían asistir y jugar con otros niños”.

La azotea decorada del Hospital 12 de Octubre.

Por su parte, Cristina y Pilar nos explican que el Hospital 12 de Octubre “siempre se ha mostrado sensibilizado ante las necesidades de los niños ingresados y sus familias. Para ello se creó una subcomisión infantil, en 2009, para organizar y coordinar actividades lúdicas que están integradas en los cuidados, utilizando el juego como elemento de comunicación, así como fiestas infantiles, representaciones teatrales, talleres, sesiones de cine, visitas de voluntarios y fundaciones…”.

Esther nos expone su punto de vista acerca de por qué la humanización de cuidados ha experimentado el repunte que podemos ver y ha alcanzado la importancia que ostenta en la actualidad. Para ella: “Estamos rodeados de máquinas en el hospital, rodeados de tecnología, y no se puede olvidar que el cuidado, sin la relación interpersonal, nunca sería cuidado”.

Sobre si la humanización surte, al fin y al cabo, los efectos positivos deseados

sobre los pacientes más pequeños, Esther nos explica que “claro que tiene repercusión, sobre todo en la respuesta que el niño tiene ante su situación de enfermedad. Cualquier respuesta óptima a una enfermedad hace que la recuperación sea mejor. Sin lugar a dudas, tiene una clara repercusión en la evolución del niño”.

“Un ejemplo muy significativo en nuestro hospital es el que nos muestran muchos de nuestros antiguos pacientes, que año tras año acuden al Festival de Navidad, a pesar de haber superado la enfermedad por la que estuvieron ingresados. A día de hoy sabemos que el efecto sobre su hospitalización fue muy positivo”, aseguran Cristina y Pilar, que también nos confirman los efectos positivos a largo plazo de la humanización de cuidados.

La empatía y la cercanía con los más pequeños, fundamentales

Recreación de «Star Wars» en La Paz.

Según afirman las profesionales del 12 de Octubre, los enfermeros son los que transmiten mayor empatía a los pacientes, ya que el contacto directo con la realidad cotidiana de la enfermedad y su desarrollo facilita que se generen vínculos emocionales: “Los enfermeros son los que más juegan, generan más confianza, su labor es bien valorada y se reconoce su apoyo y dedicación”.  Todo esto se traduce en una adaptación más fácil de los niños a la vida del hospital y en una disminución de su ansiedad. “Actualmente la Enfermería tiene un papel muy activo en todos los grupos de trabajo que se desarrollan en este sentido. Además, dado que son los enfermeros los que más tiempo pasa con estos pequeños pacientes, son también los primeros que recogen sus sonrisas, alegrías y satisfacciones”. “Nos sentimos privilegiadas por formar parte de esto”, puntualizan.

“Los profesionales de enfermería tenemos una posición privilegiada: permitir que el niño tenga sus juguetes, un entorno amigable, evitar en la medida de lo posible elementos que sean potencialmente agresivos, un mobiliario pensado para el niño…”, añade Esther, en consonancia con lo expuesto anteriormente.

“Es básica la percepción del paciente y la calidad de vida que se tiene. En los cuidados más básicos, más necesarios, es donde la enfermera es clave. Quizá no tenga una repercusión mediática, pero sí que las familias y los niños la aprecian, aunque luego esta labor no se mediatice tanto como puede el éxito de las técnicas que salvan vidas”, destaca Esther sobre la labor de los profesionales enfermeros.

Como se ha visto, todas las entrevistadas dan importancia a la permanencia de los padres como un efecto positivo en la recuperación del niño, priorizan el contacto diario que los trabajadores enfermeros mantienen con los pacientes más pequeños, que promueve las relaciones de confianza y resaltan las consecuencias positivas que ejerce la humanización de cuidados en el proceso de tratamiento, sobre todo en el de las enfermedades crónicas que requieren un ingreso prolongado.

De esta forma se convierte un “no lugar” en un ambiente ameno en que los niños, y también los padres y los familiares, pueden sentirse lo más a gusto posible mientras están en el hospital, y podemos asegurar, según lo que destilan las palabras de estas enfermeras, que esta transformación sería impensable sin el trabajo de los profesionales enfermeros.

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