“La enfermería y la delegación federativa de balonmano proporcionan momentos de alegría y de tensión, de compañerismo y de soledad”

Martes, 22 de septiembre de 2020

Ana Díez es enfermera y delegada federativa de balonmano playa, además de anotadora/cronometradora. Tras su paso por el arbitraje en este deporte, se dedicó a esta nueva ocupación, que compagina con la labor docente e investigadora. Nos atiende para hablar de su carrera deportiva y de la relación de la enfermería con este aspecto del balonmano.

La enfermera Ana Díez, segunda por la izquierda

Pregunta. ¿Qué fue primero, la enfermería o el balonmano?

Respuesta. El balonmano vino antes; eso sí, como espectadora. Mi padre y yo seguíamos mucho al extinto Balonmano Ciudad Real, y esa relación con este deporte se ha mantenido hasta hoy. La enfermería vino acompañada del inicio de mi carrera arbitral.

P. ¿Cómo comenzó su carrera en el mundo del balonmano? ¿Cuál ha sido su trayectoria?

R. Comenzó por casualidad. Seguía este deporte con mucha pasión y, en el pabellón, vi un cartel en el que se anunciaba la celebración de un curso de árbitro de balonmano. En cuanto a mi trayectoria, terminé el curso de árbitro a finales de 2008 y empecé a arbitrar en la Federación Territorial de Castilla-La Mancha. Hasta 2016 arbitré en todas las categorías territoriales, los últimos años en la Comunidad Valenciana, asistiendo a diferentes torneos estivales y de formación que organizaba la Real Federación Española de Balonmano. Hoy en día soy anotadora/cronometradora de la Federación de Balonmano de la Federación Valenciana.

En línea con el balonmano pista, en 2009 hice el curso de árbitro de balonmano playa. Al año siguiente ascendí a categoría nacional, arbitrando en múltiples torneos y campeonatos de España. En mayo de 2016 realicé el curso de delegada federativa de balonmano playa de la Federación Europea de Balonmano (EHF). Desde ese momento pasé a ser delegada federativa en esta modalidad también en España.

P. ¿Por qué se decidió por el ámbito del arbitraje y, posteriormente, de la delegación federativa?

R. El arbitraje permite ser una parte fundamental del juego sin poseer, como es en mi caso, las habilidades técnicas para jugar a este deporte. Además, permite conocer aspectos reglamentarios y del juego en profundidad. Surgió por casualidad, pero ese vínculo que se crea es difícil romperlo. Decidí dejar el arbitraje, pero sigo en las pistas como anotadora/cronometradora.

En mi caso, el paso de árbitra a delegada federativa de balonmano playa fue casi una obligación, porque ambas figuras son incompatibles. Me ofrecieron hacer el curso de la EHF y no pude rechazarlo. Es una figura discreta pero importante, y creo que encaja mejor con mi forma de ser y con mis características.

P. Es, además, doctora en enfermería y docente e investigadora en la Universidad de Castilla-La Mancha, ¿cómo compagina ambas ocupaciones?

R. Tengo la suerte de que mi función como delegada federativa es principalmente en verano. Eso conlleva bastantes viajes, pero es época en la que no hay docencia. En ese sentido tengo mucha suerte. Además, si no tenemos mediciones de campo de algún proyecto, la investigación va siempre conmigo, en mi ordenador.

P. ¿Considera que su experiencia docente de enfermería o investigadora le ayuda en su faceta como delegada federativa de balonmano?

R. Creo que me ayuda a saber escuchar, a técnicos y jugadores, por ejemplo, a intentar explicar las cosas de forma que se entiendan, a tener paciencia y a tener capacidad de concentración en muchos momentos.

P. En este sentido, ¿cómo cree que se relacionan estas dos disciplinas?

R. Ambas requieren esfuerzo y dedicación, son algo inciertas por su evolución con los años, las dos proporcionan momentos de alegría y de tensión, de compañerismo y de soledad. De forma muy diferente, muchas veces me hacen sentir lo mismo.

P. La práctica deportiva, aunque saludable, también entraña ciertos riesgos, como lesiones. ¿Ha tenido que aplicar sus conocimientos enfermeros durante algún partido de balonmano?

R. Por fortuna solo recuerdo dos ocasiones. Era anotadora de un partido de pista, un jugador cayó desplomado al suelo tras un empujón en el aire y se golpeó la cabeza. Quedó tendido en el suelo, inconsciente por unos segundos. Yo llevo siempre un tubo de Guedel en el estuche; al acercarme habían puesto de lado al jugador y recuperó la consciencia enseguida. La situación quedó en un TC leve.

En la segunda, como delegada en playa, un jugador recibió un codazo, lo que le provocó una importante epistaxis. En este caso, los servicios médicos de la federación rusa atendieron al jugador y yo solo tuve que confirmar que podía seguir jugando con una protección nasal una vez que la hemorragia paró.

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Delegación federativa de balonmano, enfermera, enfermería

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