La figura invisible

Jueves, 3 de octubre de 2019

En muchos hospitales de España existe una figura enfermera que a veces pasa desapercibida: el pool o refuerzo de enfermería. Para quien no ha tenido la oportunidad de conocer esta labor he de señalar que está compuesta por un número determinado de profesionales enfermeros que respondemos ante las diferentes necesidades y demandas que surgen en los diversos servicios de un hospital.

Aunque está algo denostado, las enfermeras/os que trabajamos allí somos una pieza clave en muchas ocasiones, pues somos capaces de adaptarnos a diferentes servicios con sus diversas patologías en cuestión de minutos.

Pero, como digo, aun así, hay ocasiones en las que nuestros propios compañeros no son capaces de ponerse en nuestro lugar y valorar la dificultad que a veces conlleva el tener que adaptarse continuamente a diferentes servicios, pacientes y profesionales.

Me gustaría hacer reflexionar a todas esas compañeras y compañeros que en alguna ocasión se han “topado” con alguna de nosotras a lo largo de su carrera profesional y hacerles pensar cómo han reaccionado ante nuestra presencia: ¿te has detenido un segundo a preguntar simplemente por el nombre de esa compañera del pool? ¿O te has conformado con pasar un turno entero a su lado, sin preocuparse ni siquiera por saber qué tal estaba adaptándose ese día a ese turno de trabajo o a ese servicio?

Somos esa figura invisible que te puede hacer crecer mucho como profesional, ya que tienes la oportunidad de recorrer cada rincón y llegar a conocer perfectamente el circuito por el que pasa un paciente desde su entrada hasta su alta del hospital.

Profundizando aún más, es el propio paciente el que te hace sentir orgullosa de tu día a día en tu puesto de trabajo y hacer gratificante la aventura de “viajar” a diario por este lugar.

En este puesto puedes ver a un niño pasar por la urgencia de pediatría, al día siguiente verle evolucionar en la UCI pediatría y, finalmente, llenarte de satisfacción cuando corretea y juega en la planta de hospitalización. Todo ese recorrido que nosotras/os podemos observar es de gran ayuda para el resto de nuestras compañeras/os, porque somos capaces de poder trasladar los diferentes conocimientos y las técnicas de las diversas unidades por las que hemos ido pasando.

Dicen que el tiempo aporta sabiduría a nuestra profesión, yo afirmo que esta figura camaleónica ayuda a poder adquirirla aún más rápido. Porque entiendo y comparto este camino profesional desde hace ya unos años, quiero trasladar mi gran apoyo a todos los colegas que viven su día a día profesional lleno de incertidumbre, sin saber dónde pararán y en qué turno de trabajo.

Es preciso hacer saber que somos una pieza muy importante en el puzle de nuestra profesión y que poco a poco nuestra figura va haciéndose más visible y relevante.

Por otro lado, gracias a ti, compañera/o, que me recibes con una sonrisa cuando me ves aparecer en tu servicio, gracias por invertir unos minutos en mí para poder orientarme en cómo ofrecer mi ayuda en ese momento y gracias por no dejar que me rinda en mi día a día, porque, aunque existan días grises en este trabajo, siempre predominan los soleados.

Piensa que todos algún día podríamos llegar a desempeñar esta labor, y como decía Carl Rogers, la relación de ayuda es: “Toda relación en la que al menos una de las partes intenta promover en el otro el desarrollo, la maduración y la capacidad de funcionar mejor, una mejor apreciación de sí mismo y enfrentarse a la vida de manera más adecuada”.

Para finalizar, me gustaría que te parases unos segundos y reflexionaras sobre esta pregunta: ¿serías capaz de adaptarte por un día a este puesto de trabajo?

Cañete Serrano S. La figura invisible. Metas Enferm jul/ago 2019; 22(6):79-80

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