“La situación es dura, pero no todo es negativo. Hemos mejorado el trabajo en equipo y hemos aprendido a sacar el máximo partido a los recursos de los que disponemos”

Miércoles, 29 de abril de 2020

“El contacto del personal de enfermería con el paciente es de mucha proximidad, por lo que el riesgo es importante. Tenemos muy presentes las cifras de profesionales contagiados, así que tenemos mucho cuidado a la hora de ponernos y quitarnos el EPI. La sensación es que trabajamos con ‘calma tensa’, con mucha preocupación, pero somos conscientes de que no nos podemos permitir errores a la hora de protegernos, sobre todo en las situaciones urgentes”, comienza Marta Felez, enfermera de UVI del Hospital Universitario Donostia.

“Por los datos que aportan los medios de comunicación de la situación global de esta pandemia, la impresión es que en Gipuzkoa, de momento (la entrevista para el texto se completó el día 8 de abril), no hay tanto colapso como puede haber en otras provincias”, afirma. Sin embargo, si los contagios continuaran aumentando, destaca, “sí que vería un riesgo real de saturación, pues en algunos servicios se trabaja al límite, en cuanto a recursos humanos, materiales e infraestructuras”.

La experiencia en la UVI

El trabajo diario con los pacientes con COVID-19 es “intenso, muy intenso”, subraya, ya que se trata de pacientes graves que requieren mucha vigilancia y muchos cuidados, que se les ofrecen con la protección de un EPI, “que te hace sudar a la media hora, con el que tienes poca visibilidad y menos tacto, pero al que nos vamos acostumbrando, puesto que es indispensable”.

Las tareas que se desempeñan son las mismas que las que pueda necesitar un paciente crítico con un cuadro clínico similar al que tienen los casos críticos con esta enfermedad, “pero la metodología cambia. Programamos las labores de higiene, cambios posturales, administración de medicación, control de temperatura, diuresos, reposición de perfusiones…, coordinándolas con el equipo par minimizar el número de entradas en el box, intentando, así, reducir el tiempo de exposición y el uso de material de protección”.

Las necesidades que más habitualmente presentan estos pacientes tienen que ver, de forma prioritaria, con la respiración, aspiración de secreciones, cuidado del tubo endotraqueal, el nivel de sedación, analgesia o relajación adecuado para cada modalidad de apoyo respiratorio o, entre otras, el cambio de decúbito prono, si se precisa. “En los casos más graves, su cuadro clínico se caracteriza por la insuficiencia respiratoria severa, que precisa intubación endotraqueal con FiO2/PEEP alta y, a menudo, decúbito prono”, completa Felez.

Esta enfermera explica que, como la mayor parte de los afectados está sedada, no sufren por el aislamiento y la falta de contacto con la familia; “cuando vayan estando despiertos y conscientes necesitarán mucho apoyo para poder sobrellevar esta situación”.

Por todo ello, Felez quiere ofrecer un mensaje para el resto de profesionales, ya que “la situación es dura, pero no todo es negativo. Hemos mejorado el trabajo en equipo y hemos aprendido a sacar el máximo partido a los recursos de los que disponemos”, concluye.

COVID-19, enfermera, Hospital Universitario Donostia, UVI

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