Las mujeres de ahora no saben lo que es parir…

Miércoles, 6 de febrero de 2019

Puede que no sea una experta en muchas cosas, pero como matrona, de mujeres y partos puedo hablar hasta aburrir a las piedras.

Hoy quiero lanzar una reflexión. Quiero gritar un ¡BASTA YA! en nombre de todas las mujeres a las que acompaño y ayudo en uno de los momentos más importantes de su vida. Me indigna ver y escuchar cómo muchas son menospreciadas por desear un parto más fácil y con menos dolor. Como si esto supusiera ser madres de segunda o cobardes. Juzgadas entre sonrisas, se da por hecho que su entrega con el parto y la maternidad es menor, por pedir o recibir lo que otras desearon antes que ellas.

“Los partos de antes”

Desde las inhalaciones intermitentes de cloroformo de la primera mitad del siglo XX, hubo muchos métodos a prueba, para el alivio del dolor del parto. Pero ninguno destinado a todas las mujeres que lo solicitasen, independientemente de su poder adquisitivo.

El camino se fue abriendo poco a poco, con la hospitalización del parto en la segunda mitad del siglo XX. Este cambio supuso una reducción importantísima de la mortalidad materna y fetal, y de las secuelas de los partos. El precio que pagamos a cambio fue una larga etapa de exceso de intervención médica en los nacimientos, algo que se ha ido corrigiendo y que, a día de hoy, continúa en proceso de mejora.

Durante décadas, a las mujeres que parían en centros hospitalarios de la Seguridad Social, no se les administraba medicación para el alivio del dolor, salvo calmantes de Dolantina® y haloperidol en casos concretos de muy mala tolerancia al dolor. Los anestesistas solo intervenían en partos instrumentales o con complicaciones.

En los años 60-70 se impulsaron los “métodos psicoprofilácticos del parto” que se basaban en la sofropedagogía obstétrica de Lamaze. Se buscaba mejorar el afrontamiento del dolor con información y preparación física (relajación, ensayo de distintas respiraciones, gimnasia…). Se conocían como “Cursos para el parto sin dolor”, lo cual generaba falsas expectativas para muchas mujeres. Fueron un progreso,  ya que todo lo que aportaban era positivo, pero esto no justificaba la ausencia de otras alternativas. A día de hoy se mantiene su esencia en la formación que reciben las parejas durante el embarazo en los centros de salud.

En la generación de nuestras madres se vendió otro tipo de “parto sin dolor”, para quien podía pagárselo en las clínicas privadas. Se trataba de dormir a la madre mediante un inductor anestésico intravenoso, en el momento del periodo expulsivo. Resultado: bebés extraídos con ventosa, mientras otro profesional empujaba firmemente el fondo del útero con la maniobra de Kristeller (desaconsejada desde hace años por la OMS). A mayores, amplia episiotomía. Y por si fuera poco, los bebes salían deprimidos por el efecto de los anestésicos inyectados a la madre y eran separados de esta para la recuperación de ambos. Sin dolor y amnesia de lo ocurrido. Pobres de aquellas familias que se dejaron seducir por este concepto de parto.

La epidural se empezó poniendo en los hospitales de manera muy selectiva, y con muchos condicionantes; trabas y miedos, por falta de información y experiencia.

El progreso en la democracia en España y la lucha por la liberación social de la mujer puso en el punto de mira el derecho de todas a solicitar la analgesia epidural en el parto.

En 1998, el Parlamento aprobó la propuesta del entonces Ministro de Sanidad y Consumo, José Manuel Romay Beccaría: la universalización de la analgesia epidural gratuita para el parto dentro del Sistema Nacional de Salud.

Este ministro ilustre betanceiro que recibió en 2017 la Medalla de Oro de Galicia tras otras muchas condecoraciones fue quien dio el impulso definitivo a un avance tan importante en los derechos y libertades de las mujeres de EspañaNos dio la oportunidad de que todas pudiéramos decidir sobre nuestro dolor. Nos empoderó.

La epidural no es necesariamente el método ideal de alivio del dolor para todas las mujeres, o para cualquier parto. Todos sabemos que este tipo de analgesia tiene sus riesgos como cualquier otra intervención médica. Pero, lo verdaderamente importante es que se constató que la mujer tiene derecho a solicitar analgesia, y a decidir sobre su propio parto. Y esta libertad abrió la puerta a opinar y elegir entre otras muchas opciones durante nuestro parto. Un camino largo con muchas batallas por ganar.

Hoy en día en los hospitales se ofrecen a las mujeres distintos métodos de alivio del dolor:

  • Analgesia epidural.
  • Inhalación de óxido nitroso.
  • Movilización con pelota de Suiza.
  • Bañera de agua caliente.
  • Almohadillas de calor local.
  • Inyección de agua destilada en rombo de Michaelis.

Aunque no todos los centros ofrecen los mismos procesos,  pero todo llegará y seguro que dispondremos incluso de más.

¿Qué es lo que me indigna como matrona, madre y mujer?

  1. Parir ha sido, es y siempre será un acto de amor y un regalo a la humanidad. No debe ser ensuciado con comparaciones absurdas como quién sufre más, quién tarda más horas u opiniones sobre si antes era más difícil que ahora o al revés.
  2. El valor de una mujer no se mide por la carga de sufrimiento que es capaz de tolerar. Una mujer que decide ser madre es generosa y valiente por el simple hecho de estar dispuesta a poner su vida, su futuro y su cuerpo a disposición de una persona a la que todavía ni siquiera conoce.
  3. La sociedad se siente moderna, liberal y progresista, al mismo tiempo que juzga constantemente a las mujeres por sus decisiones respecto a la maternidad. Si te pones o no la epidural, si pares naturalmente o por cesárea, si eliges dar el pecho o biberón, dejar a tu hijo dormir en tu cama o lo pasas a su propia habitación, si tus hijos comen papilla o en trozos la comida, si les das antibióticos, cuántos hijos tienes, si los llevas o no a la guardería… No hay progreso mientras la mujer siga siendo evaluada como madre, sin respeto a su intimidad y libertad de decisión.
  4. Respecto a la epidural, otra guerra más. Por supuesto que se puede parir sin epidural y que hay otros métodos para mitigar el dolor. Pero nunca he visto a nadie ofrecer flores de Bach, métodos de relajación y abstracción, masajes y demás alternativas a quien se va extraer una muela, hacer una artroscopia o cualquier otra prueba o intervención para las que se usa anestesia local o regional. ¿Por qué una vez conseguido un derecho por el que se luchó durante años, hoy se ensalza a la mujer valiente que renuncia a usar medios farmacológicos para aliviar su dolor? ¿Por qué se pregunta a una mujer nada más dar a luz si se puso la epidural? O peor aún, se le pregunta durante el embarazo si la pedirá, como quien pregunta: ¿Tienes miedo a volar?
  5. Se confunde el parto natural con el parto respetado. Estoy totalmente a favor de que las mujeres elijan, informadas y libremente, lo que desean en su parto y que se eviten intervenciones médicas innecesarias.  Como matrona he visto partos durísimos de muchas horas, angustia y dolor a pesar de ponerse la epidural, que terminan en una cesárea. ¿Son esas las mujeres que no saben qué es parir? Un médico le dijo a mi madre cuando yo estaba naciendo: “Señora, ¿no sabe que parir duele?”. A lo que mi madre contestó: “Sí señor, pero el que no sabe lo que es parir y no lo sabrá nunca es usted”. Así que yo comparto la sabiduría y lucidez de mi madre en ese momento añadiendo:

El único que no sabe lo que es parir es quien no entiende la belleza y dureza de un momento que cambia nuestra vida para siempre.

Cristina Valiñas- Padres Millennials 

Para consultar la publicación original, puede seguir este enlace.

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