Los enfermeros también lloran

Lunes, 5 de noviembre de 2018

Soy enfermero, soy gente que cuida gente, habiendo vivido innúmeras experiencias que marcan mucho la forma de ser y de vivir el trabajo. Por ello, me entristece escuchar palabras de algunas personas sobre los sentimientos de los enfermeros y enfermeras, sobre su deshumanización y sobre la “frialdad” con la que actuamos en determinados momentos.

 

Sin embargo, sí me agrada decir, para posible sorpresa o espanto de algunos, que los profesionales de la enfermería también lloramos. Sí, los enfermeros, como yo, también lloran, a pesar de los consejos que recibimos durante nuestra formación sobre la gestión de las emociones y sobre el deber de no dejarse llevar por determinadas situaciones y, mucho menos, de cruzar el límite del apego hacia su paciente. Es una simpleza pensar que somos unos seres especiales que poseemos un interruptor capaz de cortar la corriente emocional, incapacitándonos así de ser afectados por las circunstancias del cuidar.

Claro que lloramos, aunque no delante de los pacientes; y aunque cuando lo hacemos podamos pensar que se puede perder la capacidad profesional del cuidar, la verdad es que no es cierto, pues es necesario crear empatía y trabajar con todo lo que se siente durante el proceso del cuidado,
porque eso activa nuestros impulsos naturales, la mayoría de los sentidos y los conocimientos y las aptitudes profesionales.

Muchos enfermeros cargan durante mucho tiempo las secuelas de las lágrimas contenidas, del dolor punzante que comparten con sus pacientes, y ocultan las horas de lloro, que pasan una vez que salen de su lugar de trabajo y las lágrimas ya pueden aflorar con tranquilidad de no ser vistos.

Lloran, gestionando de la mejor forma posible las pérdidas y los fracasos que los acompañan diariamente con la angustia de no poder hacer más y mejor en aquel momento o con aquella persona. Lloran en silencio, no queriendo fomentar el sufrimiento de quienes cuidan, queriendo ser un pilar de fuerza, seguridad, confianza y, por encima de todo, de esperanza en el futuro.

Cuando vean a un enfermero o enfermera con la mirada y el semblante serio, cuestiónense si no estará sufriendo en silencio, en lugar de pensar que su actitud refleja falta de humanidad.

La enfermería es una profesión comprometida con el cuidado incondicional, desde luego de la mejor calidad posible, y, por el tiempo pasado con los pacientes y por la dedicación que les es ofrecida, puede que, contrariamente a lo que a veces pueda parecer, determine que sus profesionales sean profundamente sensibles y empáticos con los sentimientos; aunque también haya veces que no encuentren las palabras adecuadas para expresarlos. Esto no quiere decir que se estén alejando de sus pacientes, y mucho menos que no se preocupen por ellos.

Sí, los enfermeros también lloramos. Porque no somos fríos ni estamos deshumanizados, sino porque somos receptivos, afectivos y nos ponemos muchas veces en el lugar de los que cuidamos, lo que también nos ayuda a dirigir mejor nuestra labor asistencial.

Basto Machado J. Los enfermeros también lloran. Metas Enferm oct 2018; 21(8):80

Carga emocional, Cuidados al paciente, enfermería, enfermeros

¿Quieres comentar la noticia?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*