¿Os lo lleváis a casa?

Jueves, 12 de diciembre de 2019

Hace unos días llevé a una octogenaria de lo más “salao”, entre otras cosas porque en UCI, muy de vez en cuando, se agradece que los pacientes no estén intubados y puedan hablar (emoticono del guiño, es una bromita). La abuelita (la llamo así porque de verdad tenía nietos) mientras la aseábamos, nos hizo un resumen fantástico de su vida. No fue espontáneo, llevo una entrevistadora dentro de mí, te lo aviso por si alguna vez me cruzo contigo, soy capaz, sin que te enteres, de sonsacarte cualquier dato, no suelo preguntar por claves, pero me las darías.

Llevaba 55 años casada, él era ocho años mayor que ella, pero muy buen mozo. Tenía varios hijos, una que había trabajado en una empresa y ahora estaba en paro, otra que era trabajadora social, y un chico. También me contó que su nieto no usaba pantalones tobilleros, que él iba de traje (no todos los datos que extraigo son jalea real), dos nietas que estudiaban trabajo social y una que, y ahora viene lo importante, que estudiaba, ¿adivináis qué? Chantatachán: ¡Enfermería!, ¡sí!

A las 12 h pueden pasar las familias y como me esperaba, pude poner cara a todos (menos al que no usa tobilleros), porque fue la ganadora en visitas. Una mujer tan “resalá” no se merecía menos; de verdad que era puro amor la señora.

Y entonces (lo que me enrollo, madre santa), vino el padre de la que estudia Enfermería y, casualmente, nos pusimos a hablar. El hombre me contó que lo de su hija no era vocacional, y estaba un poco preocupado porque había escuchado que la rama sanitaria era siempre vocacional. Le tranquilicé admitiéndole que entonces ya estábamos su hija y yo, porque esta servidora hasta que no obtuvo su nota de selectividad no supo qué elegir.

Pero no se quedó tranquilo, había algo más, lo notaba y como buena entrevistadora en dos preguntas más lo averigüé. El padre se consideraba un hedonista puro y me dijo que había educado a su hija para que fuera muy feliz y le preocupaba que “se lo llevara a casa»”.

-Aquí verás cosas tremendas, ¿no te lo llevas a casa? -me preguntó.

¡Uf! Se me vinieron muchas caras de pacientes que se han venido conmigo al quitarme el pijama, pero…

-No suelo. Cuando sales de aquí tienes tu otra vida, muchas cosas que hacer y normalmente me olvido.

-Pero a mí me preocupa el inconsciente, el que mi hija, sin buscarlo, yo que sé, haciendo la cena, de repente se acuerde de algún paciente y sufra, aunque solo sea un minuto.

-Te entiendo, pero todos pensamos en nuestro trabajo de vez en cuando, es imposible separar del todo -le contesté-, pero te puedo contar que a veces aquí, dentro de la unidad, llora hasta el apuntador por alguna tragedia. Sin embargo luego, a la hora, nos vamos a comer y estamos riéndonos. Porque nos quitamos el pijama y nos evadimos, por muy cruel que te suene.

-Pero entonces, cuando menos te lo esperas, en casa, ¿no te vuelves a acordar del tema?

-Sí, puede, pero no en plan mal. A ver, es que no sé cómo explicarlo. Te prometo que yo soy alguien muy sensible, pero creo que el ser humano tiende a intentar ayudar cuando ocurre una tragedia. Lo vemos continuamente en las noticias cuando hay catástrofes o acuérdate del niño que cayó al pozo. Creo que nuestra inquietud se calma cuando podemos echar un cable, y eso hacemos aquí, intentamos proteger a la persona de la tragedia. Y te aseguro que se hace de todo, no se escatima. A veces hasta nos pasamos, esto es una línea bastante subjetiva, pero te diría que cortos no nos quedamos, por lo menos aquí.

¿Qué opináis?

Y os pregunto porque le he dado varias vueltas al tema en estos días y no sé por qué alguien como yo, que llora escuchando Malo de Bebe, no suelo llevarme los dramas a casa. Y que conste que en la UCI, en dos años he llorado más que en el resto de mi vida profesional, pero dentro de la UCI. Luego salgo y sí, me puedo acordar, y me puede dar pena, pero no me deprime, no para necesitar tratarlo, como temía ese padre, que imaginaba a su hija tomando antidepresivos.

¿Os lleváis a casa a vuestros pacientes? ¿Y si lo hacéis, os deprime?

Obvio que cuando un paciente te toca te acuerdas, pero en mi caso, es raro que me afecte en mi vida personal, y creo que es por lo que antes he explicado, mi conciencia está tranquila, porque estamos trabajando para él y si no se puede hacer nada, al menos hablas con la familia y les ofreces consuelo (esto es un decir, yo soy horrorosa, porque les veo llorar y se me instala el desagradable nudo en la garganta y o lloro o no puedo ni respirar).

Creo que también se debe al ritmo que llevamos. Es un trabajo, y hay vida después de él. Las pocas horas libres de las que disponemos las tenemos tan ocupadas que la mente está en el aquí y en el ahora y se olvida de lo de antes.

Y si alguien se lo pregunta, a mí, por lo menos a mí, no me dieron ninguna asignatura en la universidad que tratara sobre esto.

Estoy un poco perdida, como veis, pero yo solo puedo hablar de mi experiencia y es esta. No me suelo llevar los dramas a casa y si se vienen no me deprimen. Por lo menos por ahora.

No trabajo con niños, ni en oncología, creo que no podría, pero conozco a gente y está encantada… Tampoco soy médica, y una de las razones por la que no elegí Medicina es esa, que quizás las decisiones que ellos toman sí que te pesan como para no poder quitártelas con el pijama.

En la enfermería, mis decisiones tratan sobre el cuidado, y el cuidado está directamente relacionado con la ayuda, con paliar, con la protección.

Ahí lo dejo. No me extiendo más.

Ahora os toca a vosotros. Os quiero escuchar compañeros. ¿Os lo lleváis a casa? ¿Soy un tempanito?

PD: Ya sé que todos os habéis quedado en la imagen de la enfermera sentada con el pijama en su sillón y estáis pensando qué cochinada. Yo también.

PD (bis): Lo que sí os tenéis que llevar a casa es alguno de mis libros que son perfectos para alegrar las cabezas.

Irene Ferb – Soy enfermera y me enfermo cada vez que lo pienso

Para consultar la publicación original puede acceder al siguiente enlace.

enfermera, UCI

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