«Para mí la Enfermería es uno de los trabajos más honrados, nobles y necesarios que existen»

Miércoles, 9 de diciembre de 2015

por diariodicen.es

IMG_7856-Editar (3)Pilar Eyre es una de esas mujeres todoterreno en el más amplio sentido de la palabra. Nacida en Barcelona, estudió Filosofía y Letras y Ciencias de la Información, formación que le ha servido para ejercer de columnista, entrevistadora y reportera en diversos periódicos y revistas y para participar en varias emisoras de radio y cadenas de televisión. Espontánea, trabajadora, inteligente, madre de un hijo, “rara” (como ella misma se define…), escogió adentrarse en 1985 en el mundo literario y ya ha publicado numerosos libros que la están llevando, sin duda, al camino final que más desea: el Premio Planeta, en el que resultó finalista en 2014 con la obra autobiográfica Mi color favorito es verte. Ahora ha vuelto con Nomeolvides, novela continuación de la anterior en la que trata de recuperar la historia de amor de su vida. Sorpresas, sentirse identificado, risas continuadas, emociones… un libro de obligada lectura y que, a buen seguro, va a ser, como indica su título, difícil de olvidar.

Pregunta-. Nomeolvides es el título de su nueva novela, la continuación de Mi color favorito es verte la cual estuvo basada en una historia de amor vivida en primera persona. ¿Qué nos vamos a encontrar en esta segunda parte? ¿Consiguió reencontrarse, tras la primera novela, con Sébastien, aquel corresponsal francés que protagoniza junto a usted la historia? 

Respuesta-. Nomeolvides arranca la noche en que quedé finalista del Premio Planeta con Mi color favorito es verte… Explico lo que pasó después: mi gran decepción al ser “solo” finalista y cómo esta noticia llegó a Sébastien y tuvo un efecto devastador sobre su vida… y sobre la mía también. Sí, hay un reencuentro y una proposición totalmente inesperada…

P-. Hasta ahora su carrera literaria (cuenta con una veintena de títulos) se había basado en ensayos y biografías de personajes históricos y con los dos últimos libros ahora se ha convertido en la protagonista de sus propias novelas… ¿Sintió vértigo en algún momento al narrar una historia así?

R-. La verdad es que en el momento de escribirla no, porque escribía desde las emociones, sin analizar que “eso” se iba a convertir en un libro al alcance de todo el mundo… Pero cuando me vi a mí misma diciendo que era una historia real y que yo era la protagonista, cuando veía a personas desconocidas leyendo el libro, entrando en mi intimidad… Sin embargo, te diré que me daba más vergüenza aún ver a mi vecina, a la señora que me vende el pescado, a mi consuegra, y pensar… “madre mía, todo lo que saben estas personas de mí… aquel momento en que… y aquel otro cuando…”. A veces notaba que me ponía roja y la gente no entendía por qué.

P-. Recientemente en una entrevista dijo que sufría insomnio. ¿Aprovecha las noches para escribir? ¿De qué manera descansa de la jornada?

R-. Sí, tengo insomnio desde pequeña, mi padre y mi abuela también lo sufrían… Yo recuerdo a mi abuela tomando un somnífero que se llamaba Oasil® Relax. Yo intenté “comprar” sueño muchos años con valeriana, pastillas que venden sin receta, melatonina… No dormía nada, estaba irritable, siempre cansada. Un día asumí que era insomne y me recetaron Orfidal®. Lo único bueno que tengo es que no he pasado de una pastilla diaria… Claro que desde hace más de veinte años. Cuando me pongo con una novela puedo estar quince horas al día delante del ordenador, pero cada dos horas me levanto, pongo una canción de rock y bailo para desentumecerme.

P-. En algún momento de la vida todos hemos necesitado de la labor de profesionales sanitarios, bien para nosotros mismos o para personas cercanas. ¿Qué papel tiene para usted la figura de la enfermera en el proceso de curación? ¿Tiene algún recuerdo especial de alguna de ellas?

R-. ¿Cómo? Soy enferma crónica y desgraciadamente he tenido que pasar tiempo en hospitales, también por mis padres y mi marido, y la labor de las enfermeras es tan esencial, es algo tan impagable, su dedicación, su dulzura, el cariño con que tratan a los enfermos que están solos… Yo he pasado Navidades con mi padre ingresado y he visto el cuidado que ponían las enfermeras en el trato de los enfermos que no tenían familia, me emociono solo al recodarlo. En varias ocasiones mis hermanas y yo hemos escrito cartas a los periódicos, firmadas por las tres, dando las gracias a las enfermeras en cuyas manos nos habíamos puesto… No he visto ni un solo ejemplo, ¡ni uno!, de descuido, falta de atención o de profesionalidad, al contrario, siempre la eficacia, pero también el cariño y la generosidad al servicio de los pacientes… Para mí, junto a los maestros, es el trabajo más honrado, noble, abnegado y necesario que existe.

P-. Además de escribir, también ha colaborado con varios programas de televisión de crónica social. ¿Echa de menos esa etapa? ¿Tiene algún proyecto al respecto?

R-. Me lo pasé muy bien, pero es una etapa superada en mi quehacer profesional. Escribo un libro al año y soy periodista en activo en El Mundo, y sí, voy a las televisiones que tienen la amabilidad de invitarme para hablar de mis libros, pero nada más.

 

PÍLDORAS

¿Con qué palabras definiría la labor enfermera?

Generosidad, amor, empatía, seriedad, entrega… Las enfermeras me inspiran auténtica devoción.

¿Qué no falta en su botiquín?

Jajaja ¡Alucinarías! Tengo de todo, desde lo básico hasta antibióticos preparados para atajar resfriados que pueden desembocar en neumonías, laxantes, píldoras para el dolor de cabeza, dolores musculares, antiácidos, antialérgicos, cortisona, inhaladores de todo tipo encabezados por el Spiriva®, pomadas para roces, irritaciones, picores… En fin, ¡soy un mal ejemplo!

¿Ejercicio: en un gimnasio o al aire libre?

Ambos, soy una “obsesa” del ejercicio físico, camino con mi perro una hora diaria a buena marcha e intento ir al gimnasio todos los días.

¿De qué alimento no podría prescindir?

Es horrible porque querría ser vegetariana como mi hermana porque me gustan muchos los animales… pero no podría prescindir del jamón.

¿A quién y qué “no puede olvidar” Pilar Eyre?

A una enfermera del hospital de Lugo. Cuidaba a mi padre con tanto mimo y simpatía que mi papá me dijo con una sonrisa extasiada una semana antes de morirse, “cuando salga le voy a pedir su teléfono”. Gracias a ella y a todas vosotras por habernos dado tanta vida. Por cierto, mi padre tenía 95 años.

 

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