“La PIPAC supone un cambio en la forma de administrar quimioterapia, reafirma la necesidad de especialización”

Jueves, 19 de marzo de 2026

por Silvia López Criado

El Hospital Universitario de Fuenlabrada (Comunidad de Madrid) ha incorporado, recientemente, un nuevo procedimiento para pacientes oncológicos en cuidados paliativos conocido como PIPAC. Este permite administrar la quimioterapia directamente a la cavidad peritoneal de una forma menos invasiva para el paciente y con una mayor penetración en el abdomen.

Para conocer de primera mano en qué consiste este procedimiento y qué papel tienen los profesionales enfermeros en su administración, charlamos con Luis Barber Castaño, enfermero de quirófano con más de 30 años de experiencia. Barber explica, además, la labor llevada a cabo en la Unidad de Carcinomatosis Peritoneal, referente desde 2006.

Luis Barber Castaño, enfermero del H. U. de Fuenlabrada. Copy H. U. Fuenlabrada

La PIPAC y el equipo de Enfermería

Pregunta.- ¿Qué ha supuesto para el equipo de Enfermería la incorporación de la técnica PIPAC en el hospital?

Respuesta.- La PIPAC, es decir, la quimioterapia intraperitoneal con aerosoles presurizados, es un método de administración de quimioterapia mediante técnica laparoscópica. El aerosol consigue que los fármacos se distribuyan de forma homogénea por toda la cavidad abdominal y la presión favorece la penetración de los fármacos en los tejidos

La PIPAC es un procedimiento paliativo para el control local de la enfermedad peritoneal que puede mejorar la calidad de vida de los pacientes con carcinomatosis peritoneal que se encuentran en las siguientes situaciones:

  • La enfermedad está avanzada, para mejorar los síntomas (como la ascitis o el dolor abdominal).
  • Hemos agotado el tratamiento sistémico o lo toleran mal por la toxicidad.
  • Neoadyuvancia: se intenta reducir la carga tumoral y convertir a un paciente inoperable en candidato para una cirugía de citorreducción completa.

Este avance no es solo una “nueva máquina”, sino un cambio profundo en la forma de administrar quimioterapia, lo que reafirma la necesidad de la especialización.

Al ser un tratamiento paliativo que mejora la calidad de vida de pacientes que antes tenían pocas opciones, el equipo de enfermería percibe un impacto directo y positivo en su labor asistencial.

P.- Desde su experiencia, ¿qué diferencia a la PIPAC de otros tratamientos oncológicos paliativos?

R.- La mayoría de los tratamientos paliativos son sistémicos (se administran por vía intravenosa), requieren una dosis alta del fármaco y suelen tener efectos secundarios, como náuseas, vómitos, caída del cabello, fatiga, etc.

La PIPAC es un procedimiento paliativo para el control local de la enfermedad peritoneal. El procedimiento, mínimamente invasivo, permite el tratamiento directo sobre el peritoneo, el fármaco se convierte en un aerosol dentro del abdomen consiguiendo una mayor penetración en los tejidos con una menor cantidad de fármaco (solo el 10%-20% de la dosis habitual). Al actuar de forma local y con dosis tan bajas, la toxicidad en el resto del cuerpo es mínima.

El paciente suele recibir el alta a las 24 horas y se puede repetir el procedimiento varias veces (cada seis semanas) para controlar la enfermedad a largo plazo. Se puede, además, utilizar simultáneamente con el tratamiento sistémico (quimioterapia).

A diferencia de los tratamientos paliativos tradicionales, la PIPAC busca controlar la enfermedad de una manera mucho más localizada y eficiente, mejorando la calidad de vida de los pacientes.

P.- ¿Cuál es el papel de la enfermera antes, durante y después de una intervención de estas características?

R.- El equipo de enfermería de quirófano asume la gestión del proceso. No se limitan a la instrumentación, sino que coordinan:

  • Que el quirófano esté en las condiciones adecuadas.
  • Que se disponga de todo el material necesario para la realización del procedimiento (Checklist específico).
  • Coordinan con la farmacia para la recepción de los fármacos cistostáticos.
  • El montaje del nebulizador (manejo del dispositivo Capnopen®), asegurando un circuito cerrado que garantiza que ninguna partícula de aerosol escape al ambiente quirúrgico.
  • Gestión de residuos (contenedores específicos para cistostáticos).
  • Disponer de EPIS por si se produce contaminación ambiental.
  • Cumplir el protocolo de seguridad ambiental.

Formación del equipo enfermero

P.- ¿Cómo ha sido el proceso de formación y adaptación del equipo de Enfermería para implementar esta técnica?

R.- Lo primero fue informar a todo el personal implicado en el proceso (quirófano, reanimación, hospitalización, farmacia y medicina preventiva).

Lo segundo, formar al Equipo de Enfermería de la Unidad de Carcinomatosis Peritoneal para manejar la máquina de PIPAC y el CapnoPen®.

El equipo quirúrgico (cirujano, anestesista, enfermeros) y los técnicos de prevención de riesgos laborales realizan una visita al Hospital Viamed Santa Elena (Dra. Delia Cortés Guiral) para ver una cirugía y aclarar dudas.

Posteriormente, los técnicos de prevención de riesgos laborales establecen un protocolo de actuación para la PIPAC y el procedimiento a seguir si hay un incidente. Estos incidentes pueden ser de dos tipos: reacción adversa del paciente al cistostático o contaminación ambiental. Es una técnica segura, pero hay que tener claro cómo actuar si se produce un incidente.

P.- Y, en general, ¿qué importancia tiene la formación continuada para enfermeras a la hora de afrontar la complejidad del paciente oncológico avanzado?

R.- Desde el principio apostamos por la creación de un equipo de Enfermería especializado en carcinomatosis peritoneal y HIPEC, que es la que se ha formado en PIPAC.

Al realizar más de 90 cirugías al año, consideramos que el equipo de Enfermería debían formarlo seis enfermeras. Este equipo se ha ido renovando durante los años y las enfermeras que se han incorporado posteriormente son formadas y tutorizadas por el resto del equipo. Para nosotros es importante acreditarnos en el manejo de las técnicas que realizamos.

Actualmente, hacemos HIPEC con técnica cerrada usando dos máquinas: PRS de Combat Medical® y la Performe 3 de RAND®.

La Unidad de Carcinomatosis Peritoneal

P.- La Unidad de Carcinomatosis Peritoneal es referente desde 2006. ¿Qué aporta el trabajo multidisciplinar en el abordaje de la carcinomatosis peritoneal?

R.- El éxito de la unidad (con más de 1.200 cirugías realizadas) no reside solo en la técnica quirúrgica, sino en su modelo de abordaje multidisciplinar. En este contexto, el trabajo en equipo aporta beneficios que afectan directamente a la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes.

Al ser una unidad de referencia recibimos pacientes de otras comunidades autónomas. Disponemos de una enfermera gestora de casos que se encarga de coordinar y gestionar todos los tramites (consultas, pruebas diagnósticas, preanestesia).

En el comité de carcinomatosis peritoneal, integrado por cirujanos, oncólogos médicos, radiólogos y especialistas en medicina nuclear, se decide quién es candidato a qué técnica. El oncólogo médico y el cirujano coordinan los tratamientos quimioterápicos con la cirugía. A menudo, la quimioterapia sistémica se usa para reducir la carga tumoral antes de la cirugía, o se decide el uso de PIPAC (quimioterapia en aerosol) como terapia de conversión para pacientes inicialmente inoperables.

El equipo de enfermería de quirófano es especialista en el manejo de la quimioterapia intraperitoneal (manejo de cistostáticos a alta temperatura o en aerosol), garantizando la seguridad del paciente y del personal.

Después de la cirugía, el paciente va a reanimación donde permanece 24 horas antes de pasar a planta.

El trabajo multidisciplinar permite que cada paciente reciba una “estrategia a medida”, donde la tecnología (como PIPAC recientemente incorporado) se suma al criterio clínico experto para ganar años de vida con calidad.

P.- ¿Qué retos emocionales supone trabajar con pacientes en cuidados paliativos?

R.- El quirófano es un lugar hostil para el paciente. Las cirugías suelen ser largas (6-8 horas) y técnicamente complejas, por lo que la humanización de los cuidados intraoperatorios es un reto importante para abordar.

Para ello, se establece una relación cercana con el paciente y su familia. Se presentan a los miembros del equipo quirúrgico y su entorno; se comparte información multidisciplinar, como el abordaje de las distintas esferas que conforman el tratamiento del paciente; se conocen las necesidades del paciente y la familia, y, en definitiva, se muestra la unidad como centro de referencia.

El mayor reto es superar la impotencia cuando no puedes operar a un paciente (muchas veces somos la última opción).

Futuro de la enfermería oncológica

P.- ¿Cómo imagina la enfermería oncológica dentro de diez años? ¿Qué impacto tendrán la tecnología y los tratamientos más personalizados en el rol de la enfermera?

R.- La enfermería oncológica experimentará una transformación radical. El modelo tradicional, a menudo reactivo y basado en protocolos estandarizados, evolucionará hacia un enfoque predictivo, altamente tecnológico y centrado en la genética específica de cada individuo.

Los tratamientos oncológicos dejarán de basarse mayoritariamente en la localización del tumor para enfocarse casi por completo en su perfil molecular y genético.

Con la consolidación de las terapias celulares (como las CAR-T), las vacunas de ARNm contra el cáncer y la inmunoterapia dirigida, la administración del tratamiento será mucho más compleja que el clásico ciclo de quimioterapia intravenosa.

Sin embargo, a medida que la medicina se vuelva más técnica, la esencia del cuidado humano y la empatía de la enfermera serán más importantes que nunca.

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