¿Por qué estamos creando una sociedad obesa?

Miércoles, 20 de agosto de 2014

Soy enfermera de Atención Primaria, últimamente estoy pasando mucho tiempo en pediatría, que es lo que más me gusta. También soy dietista nutricionista y, aunque ahora mismo no ejerzo como tal, tengo que reconocer que los temas nutricionales me encantan y me preocupan.

Juan es un niño obeso, tiene 7 años y un índice de masa corporal (IMC) de 31 (49 kg de peso y 1,25 m de altura). Como Juan hay muchos más, cada día nos encontramos con casos nuevos en los que hay que hacer el diagnóstico de “obesidad”. ¿Por qué está pasando esto?

La madre de Juan es delgada, igual que el padre; por tanto, a primera vista la genética influye poco en este caso. El otro día iba por la calle y me encontré con ellos. El niño llevaba, a las 13 h del mediodía, un croissant de chocolate en una mano y una bolsa con otro croissant en la otra. Cuando vinieron a la visita de control evidentemente su peso seguía aumentando y le comenté a la madre lo que había visto la semana anterior. Su respuesta me dejó estupefacta: “El niño me lo pidió al pasar por delante de la panadería y yo no dudé en comprárselo”.

“Perdí” un valioso tiempo explicándole a la madre, y al mismo Juan, la importancia de una alimentación equilibrada y saludable, pobre en grasas saturadas. Digo “perdí” ya que, mientras hablaba, me daba cuenta de que no serviría de nada. Este es solo un caso de los muchos que día a día nos estamos encontrando en pediatría. ¿De quién es la culpa?, ¿de los padres?, ¿de los abuelos?, ¿de la televisión?

Pienso que la mayor parte de culpa la tiene el ritmo de vida que llevamos, por ejemplo, en una familia de clase media normalmente trabajan padre y madre, de modo que en muchos casos el niño se queda en el colegio a comer, punto positivo ya que en la mayoría de comedores escolares siguen una dieta equilibrada e incluso dan a los padres el menú semanal para que estos, por la noche, acaben de completar la dieta nutricional equilibrada. Sin embargo, algunos pregenitores hacen caso omiso de esta dieta: ellos ya tienen planteada la cena de la semana y si el niño no ha comido pescado, carne, verduras o fruta no importa, no pueden perder su valioso tiempo cambiando de menú; o ni siquiera han planteado de antemano el menú de la semana, lo mejor es preparar lo que tienen a mano, lo más rápido de hacer. No exagero, de verdad que no lo hago.

Y no digamos ya por las mañanas. Es mucho más fácil comprar alguna cosa en la pastelería de delante del colegio que perder unos minutos haciendo un bocadillo para la hora del patio. ¿Nos hemos parado a pensar que si compramos varias barras de pan y hacemos de una tirada unos cuantos bocadillos y los congelamos, al descongelarlos tienen aproximadamente el mismo valor nutricional y están igual de buenos?

Para merendar hacemos lo mismo. Cuando vamos a buscar a los niños paramos un momento y otro pastelito, porque es más cómodo y porque su amigo Pepito o Jaimito también comen aquel pastelito que lleva aquellos cromos o pegatinas. Al llegar a casa que no maree mucho y se ponga con los deberes y, cuando acabe, a jugar a la consola o simplemente en el ordenador o la televisión, pero que se mueva lo menos posible.

El fin de semana, descanso para los padres: toca cine y luego a cenar por ahí. El domingo, tranquilidad en casa que es el día de descanso familiar.

Pensemos en la misma situación pero trasladada 30 o 35 años atrás. Familia de clase media, el padre trabaja y la madre, día sí y día no, va de refuerzo a la peluquería de una hermana. Por la mañana, bocadillo para la hora del patio y caminando hacia el colegio, ya que el coche se lo ha llevado el padre a trabajar. A medio día a comer a casa, lo mismo que el resto de la familia, sin saber tanto de nutrición como sabe la población actualmente, pero siempre saludable. Vuelta al cole caminando y, para merendar, pan con tomate de camino al fútbol. Después del deporte extraescolar, deberes, jugar e incluso ver la televisión, pero si querían cambiar de canal (Televisión Española o el UHF) se tenían que levantar (no existía el mando a distancia), unos cuantos dibujos, a cenar y a dormir (por la noche no hay tele, la mayoría de programas tienen uno o dos rombos, son para mayores). El niño acaba el día cansadísimo y se duerme en un momento. El sábado hay partido de fútbol y el domingo, como es el día de fiesta semanal, nos vamos todos en bicicleta o a la montaña, saltan, brincan, suben, trepan y, por la tarde, deberes y a preparar la semana.

Está claro que algo hacemos mal, cada día hay menos niños que hagan ejercicio físico. Según dicen a modo de excusa los padres, se han de preparar como el que más, han de estudiar inglés, es verdad que también defensa personal y no nos olvidemos del fútbol, tenis o baloncesto. Pero claro, entonces rinden poco en el colegio y les han de apuntar a repaso y todo no pueden hacerlo. Sin embargo, no nos planteamos que el no rendir en el colegio está relacionado con el exceso de televisión, ordenador, consolas, etc., que no dejan que el rato que están en casa hagan deberes y estudien.

Otra cosa que tampoco es normal es que vengan a la revisión pediátrica con la consola en la mano, porque casos de estos hay muchos también. Está muy bien que vayamos mejorando día a día, pero como un juego de mesa o de aquellos que te tirabas por el suelo a jugar y sudar no hay nada. Y está bien tener consolas, pero no olvidemos que todos los juegos son adictivos, quieren ganar la partida, ganar más vidas, llegar más lejos y no pueden dejarla a medias. Tener estos juegos un rato el fin de semana o en vacaciones es suficiente, no puede ser una cosa cotidiana.

Una consecuencia importante de la obesidad infantil es que cada vez hay más niños diagnosticados de diabetes tipo 2, de hipertensión, etc., enfermedades que no deberían aparecer, ni mucho menos, en esas edades.

Hay que empezar a ponerse serios con el tema e inculcar el ejercicio físico como base, hacer actividad física cotidiana (caminar, subir escaleras) y, lo más importante, llevar una alimentación saludable, equilibrada y pobre en grasas saturadas ¿Lo conseguiremos? En ello va la salud de nuestros hijos.

Fuente: Pérez Busquets MG et ál. ¿Por qué estamos creando una sociedad obesa?. Metas de Enferm dic 2011/ene 2012; 14(10): 76-77

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