Sumisión química: la labor enfermera ante una forma emergente de violencia de género

Lunes, 26 de noviembre de 2018

“En un caso de sumisión química, lo primero que hay que hacer es procurar la atención de profesionales sanitarios. Una vez en el hospital, a la víctima se le realiza una historia clínica completa y se le extraen muestras para el análisis toxicológico”, explica María Teresa Martín Acero, subdirectora de Enfermería del Hospital Clínico San Carlos, en Madrid, y presidenta de la Comisión contra la Violencia del centro. El trabajo que ha llevado a cabo este organismo, integrado por un equipo multidisciplinar, ha desembocado en la elaboración de la primera guía que detalla el algoritmo de actuación en urgencias ante casos de sospecha de sumisión química.

Pero, ¿qué es la sumisión química? Se trata de la administración de una sustancia que anula la voluntad de una persona para facilitar la comisión de delitos, bien sean agresiones sexuales o robos.

“Hace años se identificó una oportunidad de mejora en el proceso de detección de potenciales víctimas que acudían a los servicios de urgencias en condiciones susceptibles de haber sido intoxicadas de esta forma”, continúa esta profesional. Las intervenciones en estas circunstancias, afirma, estaban caracterizadas por la variabilidad, con lo que la comisión decidió establecer una serie de actuaciones comunes “que permitiera orientar en el manejo médico-legal de la situación a todos los trabajadores que intervienen en el proceso”.

La Guía de Detección Clínica de la Sumisión Química

“Es un protocolo que desarrolla paso a paso las acciones que cada persona ha de desempeñar para conseguir que la paciente reciba la mejor atención integral”, resume Martín Acero. La guía contempla la totalidad del proceso, desde que la posible víctima acude a las urgencias hasta que es derivada al Hospital La Paz, “siguiendo los protocolos, en caso de que, como suele ser, sea mujer”; por otro lado, si el afectado es un hombre, o se trata de una situación grave y que reviste emergencia, las intervenciones se realizan en el propio Hospital Clínico.

“Esta pauta de detección de la sumisión química –continúa esta profesional– incorpora bibliografía actual, leyes y marcos normativos… Es un procedimiento muy completo que explica con rigurosidad todo el proceso”. La guía engloba las intervenciones desde la sospecha de sumisión, los síntomas asociados, la forma de abordar la anamnesis dirigida, la exploración, la descripción de elecciones a las víctimas, las pruebas complementarias y toxicológicas, acciones enfermeras y de trabajo social y cadena de custodia de muestras biológicas, “hasta la emisión del parte de lesiones, así como instrucciones para llevar todo a cabo e indicadores de evaluación”.

El procedimiento ha sido recientemente reconocido como buena práctica del Sistema Nacional de Salud, y esta profesional ha querido destacar la gran alegría que ha supuesto esta distinción para los trabajadores de la Comisión contra la Violencia del Hospital Clínico. “Nos ha hecho mucha ilusión y ha reforzado la línea de trabajo que se mantiene en este hospital, es la tercera buena práctica que conseguimos”. “Esto nos sirve de impulso para seguir investigando este tipo de herramientas formativas”, que permiten fomentar el perfeccionamiento de las habilidades del personal sanitario y la visibilidad de las dificultades a las que se enfrentan cada día, así como concienciar a la población “sobre esta forma emergente de violencia de género, que cada día, desgraciadamente, va a más”. “La guía –enfatiza– ha sido posible gracias a todos los profesionales que integran la comisión y al apoyo institucional de la gerencia y la dirección de Enfermería, y del resto de direcciones”.

La atención a las víctimas

“Las personas que llegan a las urgencias por estos motivos suelen presentar necesidades diversas; por ello, se personaliza cada caso”, informa Martín Acero. Dichas necesidades dependen de varios factores, como la situación clínica en la que se encuentren, el nivel de consciencia con el que acudan, si el paciente es hombre o mujer o, entre otros, si la situación se asocia a agresión sexual. Así en su opinión manifiesta que es fundamental una valoración integral, por parte tanto del personal de enfermería como de medicina; “cada caso es individual, y dependiendo de esta evaluación se da respuesta a las necesidades que presenten los afectados, bien sean de índole sanitaria o social”.

Esta profesional señala que las víctimas habitualmente llegan al hospital con amnesia anterógrada, con la sensación de que les ha ocurrido un suceso extraño, “no recuerdan nada, a veces se han despertado en casa de una persona desconocida, o en una calle, semidesnudas o con la ropa desarreglada”, con lesiones inexplicables. Normalmente estos casos se dan en eventos multitudinarios, después de los que “a partir de cierto momento, los pacientes no recuerdan nada, no saben lo que les ha pasado”. Por lo general, en el caso de las mujeres, estas circunstancias están asociadas a la agresión sexual o al robo; en el de los menores, por su parte, al abuso sexual, puntualiza.

Con todo, afirma, se está mejorando tanto la identificación de estos casos como la propia atención, y se están disminuyendo las diferencias existentes en el manejo del proceso, puesto que “en España, antes de la implantación de la guía, no había ningún protocolo normalizado específico de abordaje de la sumisión química”. Asimismo, se ha logrado profundizar en la concienciación, tanto de la ciudadanía como de los sanitarios y los profesionales de trabajo social. “Además –continúa– se ha avanzado en la coordinación y las alianzas entre sectores e instituciones para que, entre todos, consigamos la mejora de la atención integral a las víctimas”.

Una de las principales vías de trabajo que se plantean desde la comisión pasa por aumentar el conocimiento que se tiene de estas prácticas y en hacer énfasis en la prevención. Por ello, “estamos sensibilizando y formando a diferentes colectivos desde hace años, incluso a alumnos de 4º de ESO, que acuden al hospital y se les educa para que conozcan este tipo de violencia emergente” en diversas perspectivas, desde cómo prevenirla hasta cómo actuar en caso de que la sufran “ellas, o ellos, o algún compañero; que sepan que deben acudir rápidamente a un hospital, en el que los profesionales, cada vez más preparados, podrán dar respuesta a su situación”.

El personal de enfermería, destaca esta profesional, es fundamental en todos estos procesos de formación, prevención y sensibilización a la ciudadanía, así como en la atención integral a la víctima, puesto que “dan la primera respuesta al problema de salud por el que acude, mediante las propias intervenciones y los diagnósticos enfermeros”, concluye.

La labor enfermera

Ante un caso de sospecha de sumisión química, insiste, lo primero que hay que hacer es procurar que la víctima reciba atención de los profesionales sanitarios, “dependiendo de dónde ocurra, de urgencias o de Atención Primaria”, para que se lleve a cabo una primera valoración y trasladarla, posteriormente, al hospital. Además, la sumisión química es un delito, y el protocolo aborda esta materia mediante consejos a los afectados “para que pongan una denuncia en la comisaría de policía y que se proceda a la consiguiente investigación que subyace en estos casos”.

El personal de enfermería tiene un papel destacado en todo el protocolo de intervención frente a la sumisión química. Sus labores abarcan aspectos como el registro del caso en la base de datos electrónica de la que disponen en el hospital, la extracción de muestras bajo cadena de custodia, la tramitación y la activación del proceso de traslado de dichas muestras a laboratorios especializados y, sobre todo, señala, la orientación de la persona afectada, así como de los posibles familiares, hacia recursos institucionales, como trabajo social, en caso de que los precisara.

También colabora “en la derivación al Hospital La Paz, en caso de agresión sexual”. Es, asimismo, crucial el trabajo enfermero en el ámbito de la identificación y de la valoración de la víctima. “Por otro lado, el colectivo de supervisión y dirección de enfermería, en la gestión de la alerta de sumisión química y la cadena de custodia, también tiene un papel fundamental”, explica.

“Las intervenciones enfermeras son básicas; en primer lugar, desde la activación del procedimiento” en los servicios de urgencias, dado que mediante el triaje de Mánchester “los trabajadores realizan unas preguntas ante la sospecha de un caso de este tipo”. La primera de estas cuestiones, informa, es: “¿puede ser que, de alguna manera, consciente o inconscientemente, haya consumido alguna sustancia en las últimas horas?”, siempre y cuando la persona afectada acuda lúcida al centro sanitario; de lo contrario, la entrevista se le realiza a los acompañantes. En caso afirmativo, “se le adjudica el motivo de consulta ‘comportamiento extraño’ a través del discriminado de Mánchester”. Posteriormente, en función del nivel de consciencia que presente el paciente y de su respuesta, la sospecha de sumisión química queda registrada “y se ponen en marcha las consiguientes actuaciones médico-legales”.

“Es necesario que los sanitarios sepan que el tipo de productos que provoca la sumisión química se suele mezclar con el alcohol”, recalca Martín Acero. Las sustancias más comunes son medicamentos o elementos como benzodiacepinas, cocaína o drogas de diseño. “El personal sanitario ha de entender que esto existe, y que tiene que estar muy alerta en todo momento para dar respuesta a esta forma emergente de violencia de género” concluye.

enfermería, Sumisión química, Violencia de Género

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