“Tengo clara una cuestión: a partir de ahora la figura de la enfermera se ha consolidado como la del profesional de los cuidados en nuestra sociedad”

Viernes, 1 de mayo de 2020

¿Cómo se tratan las patologías mentales durante esta etapa de confinamiento? ¿Cómo es el impacto psicológico que está teniendo en los profesionales la crisis del COVID-19? Francisco Javier Castro, enfermero especialista en salud mental de la Escuela de Enfermería Nuestra Señora de Candelaria, en la Universidad de La Laguna, en Tenerife, nos atiende para abordar estas cuestiones durante la pandemia.

Foto: Francisco Javier Castro/ Escuela de Enfermería Nuestra Señora de Candelaria

Pregunta: De forma general, ¿cuáles son las necesidades de los pacientes de salud mental específicamente durante esta pandemia por COVID-19?

Respuesta: Debemos tener presente que las personas que padecen algún tipo de patología mental presentan una serie de necesidades que son diferentes a las que pueden tener otros. De por sí, los dispositivos que, dentro de la red sanitaria asistencial, se han dispuesto, recursos materiales y humanos, buscan adaptarse de la manera más adecuada.

Empíricamente, cuando he tenido a algún paciente ingresado con alguna infección nosocomial, le ha sido arduamente complicado al equipo interdisciplinar, y en concreto al de enfermería, poder hacerlo consciente de la magnitud de la situación que sufre y la importancia del aislamiento. Con personas infectadas con COVID-19 está ocurriendo lo antes narrado

Por ello, ya no solo desde los profesionales de salud mental, que sé que en ellos está presente, sino de todos los otros que “no rozan a diario” y asisten a personas con problema mental, deben extremar la paciencia y procurar en todo caso buscar “la alianza terapéutica” para lograr así que el régimen terapéutico no se rompa en ningún momento.

P.: ¿Cómo se abordan las patologías mentales durante esta etapa de confinamiento? ¿Hay alguna forma concreta de tratarlas en épocas como la actual?

R.: Insisto, debe existir mucha, mucha paciencia. De por sí, la situación es muy complicada, ya no solo por lo “aparatosa” que ha sido desde los primeros momentos, sino por la repercusión que social y económicamente ha supuesto. El momento que estamos viviendo no tiene precedentes en la historia reciente de España y del resto de los países en el mundo. Pero no solo en el ámbito sanitario el COVID-19 ha hecho mella. También en todos aquellos que sobrellevan sus enfermedades en lo más doméstico, a la par que las nuevas psicopatologías que surgirán del confinamiento y de la privación de libertades, que son, ante todo, necesarios para poder combatir a la letal pandemia. Son muchas las iniciativas que han brotado en un gran número de entornos, como el laboral y en la comunidad, para atender a la población más necesitada, pero debemos tener claro que se tendrán que prolongar en el tiempo.

P.: ¿Se observan episodios de agudización de estas enfermedades en fases de crisis o emergencia?

R.: Claro. Imagina que para una persona sin psicopatología ya supone un estado de difícil gestión. Cuando el individuo carece de las herramientas necesarias para la autogestión de su ansiedad fruto del confinamiento, esto se puede convertir en un calvario. Por ello, es preciso que la rutina esté establecida en todo momento, ayudando a diferenciar los espacios a lo largo del día. Incluso establecer pequeñas metas o proyectos en este periodo puede dar una sensación de utilidad que resulta placentera y que permite sobrellevar el aislamiento social actual.

P.: ¿Cuál es el papel de las enfermeras en este ámbito?

R.: La enfermera juega un papel fundamental en cualquiera de los ámbitos en los que se encuentre, ya sea en atención especializada o en primaria. En lo que respecta a la primera, es importante “crear espacios equilibrados destinados al cuidado” que ayuden a la “estabilidad psicoespiritual”. La ausencia de visitas que obligan al exclusivo contacto telefónico con el ámbito familiar genera un aumento considerable del estrés ya presente por el ingreso hospitalario, situación que debe evitarse en todo momento. El seguimiento desde las unidades de salud mental comunitaria (USMC) de los usuarios en lo que respecta a su régimen terapéutico es la “clave de bóveda” que exilia los reingresos de los servicios de urgencias. Y esto es una situación óptima que ayuda a los profesionales a destinar su energía a combatir contra el COVID-19.

P.: Se está hablando, por ejemplo, de la necesidad de salir a la calle de las personas con autismo, ¿por qué es importante que estos pacientes puedan mantener sus rutinas?

R.: Cualquier niño precisa de una rutina en su vida para un adecuado crecimiento y desarrollo. En el caso del autismo, esta necesidad es mayor, sobre todo porque las actividades permiten obtener información del mundo que les rodea y responder con seguridad a las demandas del entorno, convirtiéndose en “puntos de anclaje a la realidad”. Sí hay una cosa que debo recalcar y que no me parece que deba realizarse: el brazalete o pañuelo de color azul. Creo que, como sociedad madura, la ciudadanía no debe poner en tela de juicio que algunas personas puedan estar en los espacios públicos por necesidad. Colocar un distintivo para “publicitar esta condición”, la de ser autista, recuerda a tiempos pretéritos que no deben volver a repetirse. Pero sí es cierto que no se debe generalizar nunca porque siempre este tipo de acciones llevan a error.

P.: En este sentido, ¿cómo se está tratando a pacientes de otras ramas de la salud mental, como psiquiatría, trastornos alimenticios, adicciones…?

R.: Seguimos trabajando como lo hemos hecho hasta ahora. La única diferencia es la limitación que existe para que las personas que están confinadas en unidades de hospitalización puedan relacionarse con sus familiares y amigos. Verdaderamente difícil. Ya es angosto el día a día, imagina en estas condiciones.

P.: ¿Cuál es la mejor forma de abordar el estrés y la ansiedad en los pacientes en estas circunstancias?

R.: Enfatizo: la enfermera debe “crear espacios equilibrados destinados al cuidado” que ayuden a la “estabilidad psicoespiritual”. Esto es fundamental. Y sobre todo hay que tener en cuenta la implicación de la persona en su autocuidado, para lo que es imprescindible la “conciencia de su problema”. Reconocer la existencia de éste, como bien sabemos los profesionales sanitarios que destinamos nuestra energía a mejorar la salud mental de la población, es un tanto porciento importante. Este estado, la autoconciencia, favorece que la persona pueda buscar la ayuda del equipo interdisciplinar en los dispositivos que tiene a su alcance. Y voy más allá: ayuda a que la enfermera pueda entrar en el “espacio intimo” del individuo; sí, aquel que solo comparte con las personas con las que tiene confianza. Y no me malinterprete. El espacio íntimo no es más que una unión del espacio doméstico-familiar con el espacio de las ideas, los sentimientos, las impresiones.

P.: Asimismo, ¿cuál es la mejor forma de tratarlo en los profesionales sanitarios?

R.: Nuestro día a día nos ha acostumbrado a vivir con el estrés. Muchos profesionales tienen herramientas para gestionar el estrés de otros, pero en numerosas ocasiones son incapaces de gestionar el propio. E incluso los hay que carecen de ambas. Paradoja, ¿no? Pero real. Para dar equilibrio es necesario que yo lo disfrute, y que tenga conocimiento de cómo hacerlo para poder enseñárselo, una vez que lo maneje, a otros.

P.: Son habituales las noticias sobre el aumento de contagios entre sanitarios. Desde su punto de vista, ¿cómo está siendo el impacto psicológico para el personal?

R.: He sido muy crítico con dos cuestiones en las redes sociales: una es la falta de empatía de algunos grupos políticos con la situación, articulando su discurso desde el desprestigio y la falta de apoyo a los grupos gobernantes; y una segunda, en la que he dejado patente mi parecer en cuanto a la falta de previsión del equipo de gobierno actual. Si tiramos de hemeroteca, esta misma situación ocurrió en 1918 cuando la pandemia de gripe aniquiló a la población mundial. La llamada “gripe española”, aunque los primeros casos fueron en militares de los Estado Unidos de Norteamérica, fue objeto de crítica menospreciando al criterio de los científicos del momento.

Esto ha sido lo que ha ocurrido en el momento que vivimos. Hemos vuelto a cometer el mismo error. Y se ha dejado sin la protección precisa a los profesionales sanitario, a los que cuidan a las personas al pie de sus camas. ¿Desidia? ¿Negligencia? ¿Falta de los recursos necesarios, los equipos de protección individual? Quiero pensar, y creo, que esa ha sido la situación real. Esta eclosión que ha invadido nuestro espacio nacional y el espacio internacional ha aumentado la demanda de una oferta incapaz de satisfacer la necesidad. Todo ello ha provocado un aumento del estrés de los profesionales sanitarios por miedo a acabar infectados por un virus que poco a poco hemos ido conociendo.

P.: ¿Quiere dar algún mensaje al resto de profesionales? ¿Algún consejo para afrontar el día a día y, posteriormente, la vuelta a casa?

R.: Nunca pensé que el año de las enfermeras, el 2020, lo fuéramos a celebrar así. En mi mente estaba otro tipo de eventos. Pero al final lo estamos festejando como siempre lo hemos hecho, “al pie de la cama, en nuestras consultas, y en los lugares donde ha sido necesario”. Sí tengo clara una cuestión: a partir de ahora la figura de la enfermera se ha consolidado como la del profesional de los cuidados en nuestra sociedad.

COVID-19, salud mental

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